Haakon VIII ha llegado al trono de Noruega tras el fallecimiento de su padre, Harald V, en un momento complejo debido a los escándalos que ha enfrentado la familia real durante los últimos años, en los que la nueva reina consorte, Mette-Marit, y su entorno tienen un protagonismo indiscutido.
Haakon VIII ha llegado al trono de Noruega tras el fallecimiento de su padre, Harald V, en un momento complejo debido a los escándalos que ha enfrentado la familia real durante los últimos años, en los que la nueva reina consorte, Mette-Marit, y su entorno tienen un protagonismo indiscutido.
El flamante monarca noruego nació en 1973, durante el reinado de Olaf V, siendo el segundo hijo del por entonces príncipe heredero Harald y la princesa Sonja.
A pesar de haber nacido a continuación de su hermana Marta Luisa, Haakon la precedió en la línea de sucesión directa debido a que en ese momento la ya suprimida Ley Sálica se encontraba todavía en vigencia en Noruega.
El entonces príncipe heredero Harald de Noruega posa en marzo de 1977 en Oslo. (Foto de NTB / AFP).
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Por varios años, Haakon fue un príncipe poco tradicional, al transmitir una imagen de inconformidad con su rol y con el protocolo de la realeza, y él mismo fue siempre honesto con estas perspectivas, señalando que sus firmes convicciones democráticas lo hacían sentirse incómodo con la investidura hereditaria que estaba destinado a asumir.
Parte de esa visión fue heredada de las propias ideas de sus padres, que fueron partidarios de que recibiera el primer nivel de instrucción dentro de la educación pública.
En su autobiografía —publicada en el 2023— el todavía príncipe reconoció que en su juventud “no quería hablar” de su papel como miembro de la realeza y que la idea de sentarse en el trono “le generaba ansiedad”.
Esa búsqueda de distanciamiento con la corona lo llevó a estudiar lejos de su país luego de completar su servicio protocolar en la Marina Real Noruega. Haakon se marchó a Estados Unidos para estudiar en la Universidad de California, en Berkeley, de donde se graduó en ciencias políticas en 1999.
Tras esta experiencia, el príncipe volvería al país nórdico para recibir formación diplomática en la Universidad de Oslo, aunque nuevamente dejaría la nación escandinava para completar una maestría en estudios del desarrollo en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres (Reino Unido).
El nuevo rey de Noruega, Haakon VIII, durante una reunión extraordinaria del gabinete en el Palacio Real, tras la muerte del rey Harald V, en Oslo, Noruega, el 28 de agosto de 2026. Foto: LISE ÅSERUD / NTB / AFP
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La preocupación alrededor de la presunta rebeldía de Haakon alcanzó su cúspide a fines de los años 90, cuando se hizo pública su relación con Mette-Marit Tjessem Hoiby, una madre soltera a la que había conocido en un festival de rock.
Los sectores más conservadores de la sociedad y la prensa cuestionaron el entorno y pasado de Mette-Marit, apuntando hacia la relación que tuvo con el padre de su hijo, un hombre con antecedentes por comercio de drogas y otros delitos relacionados a los narcóticos.
A esto se sumaron más cuestionamientos que iban desde la seguridad de la casa real, el traslado del hijo de Mette-Marit a la residencia real y la discusión tradicionalista alrededor de la convivencia de hecho del príncipe con su pareja.
Haakon junto a su hija Ingrid Alexandra y su padre, el difunto rey Harald en 2019. (Foto: EFE/EPA/Lise Aserud).
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Pese a ello, Haakon se mostró decidido y anunció su compromiso, recibiendo el respaldo público de sus padres, que recordaron a la ciudadanía que ellos mismos fueron una pareja compuesta por un príncipe y una plebeya.
Además del apoyo de la pareja real, el convencimiento con el que Mette-Marit describió la naturaleza de su relación con Haakon terminó por convencer a la opinión pública de la nación escandinava.
“Mi rebelión juvenil fue mucho más fuerte de lo que muchos otros experimentaron. Llevé una vida bastante descontrolada. Me gustaría aprovechar esta oportunidad para decir que lamento profundamente todo aquello”, contó la pareja del heredero al trono en una emotiva rueda de prensa.
Haakon y Mette-Marit contrajeron matrimonio en el 2001 y de su unión nacieron la princesa heredera Ingrid Alexandra y el príncipe Sverre Magnus.
Haakon y Mette-Marit se casaron en agosto de 2001.
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El periodo posterior fue de mayor calma para la Casa Real de Noruega y durante sus labores oficiales Haakon demostró un interés marcado por problemáticas sociales, ecológicas y de sostenibilidad, aunque con un mayor resguardo por la tradición institucional de la Corona.
Según la cadena pública NRK, el rey Harald V tenía una relación bastante cercana con su hijo y lo consideraba un consejero valioso “en quien confiaba plenamente para continuar su legado”. Esa visión era compartida por parte importante de la población, que parecía ver en el príncipe la continuación y el traslado a la época actual de los valores del veterano rey.
La estabilidad de la corona noruega sufrió un duro golpe en el 2019 cuando informes periodísticos revelaron que la princesa Mette-Marit tenía vínculos con el criminal sexual Jeffrey Epstein, quien había sido hallado muerto poco antes. Según los informes, la esposa de Haakon habría mantenido varias reuniones privadas con el empresario entre los años 2011 y 2013.
La postura oficial fue inicialmente de minimizar los incidentes, y se cuestionó mucho el hecho de que la respuesta de la Casa Real y la futura reina consorte fuera bastante tardía.
Este deslinde recién llegaría en el 2019 a través de un comunicado en el que Mette-Marit pidió “profundas disculpas” por lo que consideró “su falta de juicio”. Esto no impidió que dicha reacción fuera considerada insuficiente de cara a la opinión pública.
“Nunca habría tenido contacto con el señor Epstein si hubiera sido consciente de la gravedad de sus crímenes”, indicó Mette-Marit en aquel momento, asegurando que cortó todo contacto con el sentenciado en el 2013.
A la nueva reina consorte de Noruega se le diagnostivó una forma rara de fibrosis pulmonar que le provoca dificultades respiratorias. (Foto: Lise Åserud / NTB / AFP)
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Aunque Haakon intentó matizar la situación justificando la falta de pronunciamiento de su pareja en la fibrosis pulmonar que padece, las críticas hacia ella no terminaron de despejarse. Independientemente de lo anterior, dicha afectación de salud llevó a que Mette-Marit se sometiera a un trasplante de pulmón en junio de este año.
También durante el 2019 generó controversia la relación sentimental de la princesa Marta Luisa con el chamán estadounidense Durek Verrett.
Este último ya era un elemento de discordia para varios sectores de la sociedad noruega por sus comentarios anticientíficos y potencialmente perjudiciales en materia de salud, pero la polémica iría más allá cuando la pareja emprendió una gira de conferencias espirituales denominada “La princesa y el chamán”.
La reacción ciudadana y desde la política fue de crítica frontal, señalando que Marta Luisa estaba empleando su estatus para promocionar una actividad privada con fin comercial. La progresiva presión llevó a que la princesa renunciara a sus patrocinios reales y otros compromisos en el 2022, pero ella y su pareja volverían a estar en el ojo de la tormenta dos años después por el uso mediático de su boda.
La princesa Marta Luisa de Noruega y su pareja, el autoproclamado chamán Durek Verrett. (LISE ÅSERUD / NTB / AFP).
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Tales incidentes provocaron un importante daño reputacional a la corona, que se vería agravado en agosto del 2024 cuando Marius Borg Hoiby, el primer hijo de Mette-Marit, fue detenido por la policía de Oslo en la casa de su novia tras provocarle lesiones y causar destrozos.
Borg Hoiby pidió perdón públicamente por medio de un comunicado, en el que señaló que tenía problemas de salud mental y adicción a las drogas y el alcohol. Sin embargo, el incidente llevó a la aparición de más denuncias de exparejas del hijastro de Haakon, quienes también afirmaban haber sufrido maltratos y amenazas por parte de Marius.
Los señalamientos a Borg Hoiby fueron más allá, pues se descubrió que tenía amistades cuestionables. Se reportó que Marius había organizado fiestas en las que estuvieron presentes personas ligadas al comercio de drogas y participaba en grupos de WhatsApp donde había figuras sospechosas, incluyendo a dos acusados por terrorismo.
Marius Borg Høiby junto a su madre. Foto: Lise Åserud / NTB / AFP
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El hijo de Mette-Marit actualmente está involucrado en un proceso judicial por la violencia contra sus antiguas novias, enfrentando diversos cargos como lesiones corporales, daños materiales y violación de órdenes de alejamiento, entre otros.
Si bien el estatus oficial del hijastro de Haakon es ajeno a la familia real, en la práctica fue criado como un miembro más de esta junto a sus hermanos, por lo que se apuntó a los privilegios que habría tenido y lo llevaron a encubrir su accionar cuestionable.
De momento, Marius se encuentra en prisión domiciliaria y la Corona de Noruega ha tomado distancia de su figura, señalando que se trata de un elemento que no forma parte del protocolo la familia real, mientras que su madre y su padrastro han indicado que “debe afrontar la causa legal como cualquier ciudadano”.
La crisis reputacional se agravaría a inicios de este año con la filtración masiva de más documentos del llamado Expediente Epstein, en los que se mostraba que la relación de Mette-Marit con el fallecido delincuente era mucho más cercana y sostenida de lo que había admitido la princesa, con varios viajes a la mansión del empresario en Palm Beach (Florida).
La información daba cuenta de que Jeffrey Epstein incluso había intentado aprovechar su relación con Mette-Marit para acercarse a mujeres jóvenes y nuevamente se criticó que la respuesta de la familia real fuera lenta. A lo largo de este 2026, los señalamientos de los políticos y la prensa por todos estos sucesos han sido frontales, apuntando a que los privilegios de la realeza estarían generando un clima de impunidad.
La princesa Mette-Marit, durante una entrevista con la televisión pública noruega tras la aparición de más documentación del Caso Epstein. (Foto: Captura de pantalla/NRK)
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“Si Marius Borg no es miembro formal de la Casa Real, no debe tener acceso a pasaportes diplomáticos, protección policial ni inmunidad de facto. Nadie en Noruega está por encima de la ley”, declaró Marie Sneve Martinussen, líder del Partido Rojo.
“Requerimos reglas claras e inequívocas sobre el papel de los miembros no oficiales de la familia real. La confianza del pueblo noruego en la monarquía se basa en la transparencia y rendición de cuentas”, comentó por su parte Peter Frolich, presidente de la Comisión de Control y Constitución del Parlamento noruego.
La cadena de sucesos polémicos ha generado un descenso notable en la popularidad de la monarquía, que había gozado de una excelente consideración en tiempos de Harald V.
Una encuesta de mayo del 2017 llevada a cabo por Norstat para NRK registró un apoyo del 81% a la realeza noruega, en lo que se considera su pico de popularidad en el tiempo reciente. Otro estudio de las mismas fuentes realizado cinco años más tarde mostraba un respaldo del 78% a la monarquía.
La princesa Ingrid Alexandra de Noruega (C) posa para una foto grupal en el castillo de Oslo, Noruega, el 17 de junio de 2022, con la familia real (de izquierda a derecha): Marit Tjessem, el rey Harald, la princesa heredera Mette-Marit, el príncipe heredero Haakon, el príncipe Sverre Magnus, la reina Sonja y Marius Borge Hoeiby. (Foto: EFE/EPA/Lise Aserud / POOL NORWAY OUT)
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Los años siguientes supondrían un descenso consistente de la aprobación a la realeza, pues un sondeo de Response Analys para el diario VG en el 2024 indicaba que un 62% de los noruegos estaba a favor de la monarquía y el 23% apoyaba un gobierno republicano. El desgaste provocado por los problemas de Mette-Marit y de Marta Luisa comenzaba a hacerse visible.
Con las revelaciones del caso Epstein de febrero de este año, el desplome histórico se hizo evidente y el estudio de Norstat y NRK realizado ese mes situaba el respaldo a la Casa Real en torno al 60%. El mismo estudio indicaba que el 45% de los noruegos estaba en contra de que Mette-Marit llegara a ejercer funciones de reina consorte.
A pesar de estos problemas, Haakon VIII supone una esperanza para la Casa Real por recuperar la apreciación de los noruegos, pues un estudio más reciente de InFact para Nettavisen señala que el 78% de la población confía en un “muy buen” desempeño del nuevo monarca.
Pese a ello, el mismo estudio que da cuenta de su popularidad sigue mostrando que la reina consorte sigue siendo vista negativamente, con solo el 31% de la ciudadanía considerándola preparada para su nuevo rol.
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