Donald Trump quiere apoderarse de Groenlandia –territorio danés autónomo– y la Casa Blanca ha confirmado que todas las opciones están sobre la mesa, incluso la del uso de la fuerza, lo que podría tener consecuencias catastróficas, como el fin de la OTAN.
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MIRA TAMBIÉN: Casa Blanca: la presencia de tropas europeas en Groenlandia no cambia el objetivo de Trump
Dos aviones daneses con tropas aterrizaron el miércoles 14 en Groenlandia y Dinamarca consiguió que varios países europeos desplieguen una misión militar de exploración.
Francia, Suecia, Alemania, Noruega y Países Bajos están desplegando militares para dicha operación de reconocimiento, que se inscribe en el marco del ejercicio danés ‘Arctic Endurance’.
Pero, ¿por qué Trump está tan interesado en la isla?

Ubicación estratégica y recursos
La anexión de Groenlandia no es un capricho: se enmarca dentro de la visión actual de Estados Unidos de recuperar su presencia en su zona de influencia, es decir, en el continente, desde Alaska hasta la Patagonia.
“Groenlandia es una pieza clave en la lógica hegemónica de Trump porque le permite ampliar su capacidad de navegación, acceder a recursos estratégicos y afianzar su competencia con China y Rusia. No resulta extraño que Estados Unidos busque reforzar su presencia allí; lo que sí resulta delirante es la idea de apoderarse formalmente del territorio”, comenta a El Comercio Ramiro Escobar, internacionalista de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).
La isla tiene una ubicación estratégica con respecto al Paso del Noroeste, una ruta marítima que conecta el Atlántico con el Pacífico a través del Ártico canadiense, ofreciendo un camino más corto entre Europa, América y Asia. El deshielo del Ártico está abriendo rutas comerciales y militares que antes eran intransitables. Sin embargo, hoy por hoy, el dominio en la zona lo detenta Rusia.
Trump ha mencionado como uno de los motivos para anexar la isla razones de seguridad, pero hay más. Groenlandia podría esconder recursos naturales valorados en hasta 200.000 millones de euros.
Con más de dos millones de kilómetros cuadrados —y con tres cuartas partes de su superficie cubiertas de nieve y hielo—, Groenlandia es una mina de oro aún por explotar. En sentido literal, el oro es uno de los recursos de mayor interés, aunque también el petróleo, el uranio, el cobre y, sobre todo, las tierras raras.
Estos últimos son un grupo de 17 minerales clave para el desarrollo de la industria tecnológica, con los cuales se desarrollan computadoras, baterías o autos eléctricos.
Desde el escandio hasta el lutecio, pasando por el itrio, el lantano, el europio o el neodimio: materias primas estratégicas que hoy dominan, en gran parte, países como China. Para Trump, si EE.UU. no toma la isla, lo harán Rusia o China.
“Las tierras raras son fundamentales para la industria digital. Controlar ese acceso permitiría a Estados Unidos consolidar su liderazgo tecnológico y dificultar que China mantenga el ritmo en esta competencia”, apunta el especialista de la PUCP.
El impacto climático no entra dentro del análisis de Trump. “Groenlandia está profundamente afectada por el cambio climático. En el cálculo de Trump, menos hielo implica mayor circulación y más oportunidades estratégicas, sin considerar el impacto ambiental. Esto confirma su negacionismo climático y marca una diferencia profunda con Europa”, comenta Escobar.
Cabe señalar que ver a la isla ártica como una estrategia de seguridad nacional no es exclusivo del presidente de turno. En 1946, el expresidente Harry Truman planteó la idea de pagar a Dinamarca US$100 millones en oro para comprar Groenlandia.
Las opciones de Trump
En un análisis hecho por la BBC se señalan tres posibles escenarios para la anexión de la isla. Por un lado está la opción de comprar Groenlandia. No obstante, y como han repetido tanto Nuuk como Copenhague, el territorio no está en venta. La operación sería complicada, ya que requeriría la aprobación del Senado y la Unión Europea tendría que dar su visto bueno. Además, una transacción de este tipo demandaría millones de dólares, lo que podría ser mal recibido por los seguidores del movimiento MAGA (Make America Great Again).
Una intervención militar relámpago podría llevarse a cabo con relativa facilidad, aunque las consecuencias serían monumentales. En Estados Unidos, varios exfuncionarios y analistas de defensa sostienen que una operación militar es extremadamente improbable, dadas sus profundas implicancias para las alianzas entre Estados Unidos y Europa. Asimismo, la Casa Blanca encontraría la oposición de los legisladores, quienes podrían invocar la Ley de Poderes de Guerra —diseñada para limitar la capacidad del presidente de declarar la guerra sin la aprobación del Congreso— para impedirlo.
Finalmente, está la vía de apoyo a los movimientos independentistas de la isla. De acuerdo con encuestas, los isleños desean la independencia de Dinamarca; no obstante, no desean formar parte de EE.UU. En un escenario en el que Groenlandia obtenga su independencia, Trump podría convertirse en socio, en una situación similar a la que ocurre con las naciones del Pacífico de Palaos, Micronesia y las Islas Marshall, todos países independientes que otorgan a Estados Unidos acceso a derechos de defensa. Sin embargo, un acuerdo de esta naturaleza no asegura el derecho de propiedad sobre las vastas reservas de minerales.
Impacto sobre Rusia y China
Pese a todo, Trump parece firme en sus intenciones. En caso de una anexión, ¿qué consecuencias tendría para Rusia y China?
Para Escobar, “la disputa por Groenlandia no es por un territorio helado y poco habitado, sino por los recursos y la posición estratégica que ofrece para circular entre Europa y América”. “Es una disputa geopolítica entre Estados Unidos, Rusia y China, donde Washington busca desplazar a las otras dos potencias en una región clave”, señala.
El refuerzo de la presencia militar estadounidense en Groenlandia —que ya cuenta con una base— añade presión a un Ártico donde Rusia mantiene una posición dominante, con la mayor flota de rompehielos del mundo y una red de bases militares a lo largo de su costa norte.
La portavoz de Exteriores del Kremlin, María Zajárova, ha calificado de “inaceptables” las acusaciones de Trump con las que justifica su obsesión por Groenlandia en una supuesta amenaza de Rusia y China sobre ese territorio.
La representante rusa considera que el escenario actual y el despliegue de militares de varios países “ilustra la inconsistencia del autodenominado ‘orden basado en normas’ impuesto por Occidente”, y ha advertido que cualquier intento de “ignorar los intereses de Rusia en el Ártico no quedará sin respuesta”.
Europa se despliega
Las declaraciones del líder estadounidense han provocado el movimiento de tropas en el viejo continente hacia Groenlandia, aunque no explícitamente como una advertencia hacia Estados Unidos.
Por el contrario, países como Alemania siguen apostando por fortalecer el vínculo con la OTAN. Así, el Ministerio de Defensa alemán señaló que la expedición militar busca evaluar las posibilidades de garantizar la seguridad frente a las amenazas rusas y chinas en el Ártico.
El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, declaró que “Rusia y China utilizan cada vez más el Ártico con fines militares y ponen con ello en peligro la libertad de las vías de transporte, comunicación y comercio”.
“La OTAN no lo permitirá y seguirá defendiendo el orden internacional basado en normas. Para mí es decisivo que nos coordinemos muy bien en la exploración conjunta en Groenlandia bajo el liderazgo danés dentro de la OTAN, especialmente con nuestros socios estadounidenses”, subrayó.
De acuerdo con el internacionalista consultado por El Comercio, en la más reciente Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos se percibe un giro claro: Europa deja de ser un socio prioritario y pasa a ser vista como un actor en declive.
“Trump lleva tiempo presionando a la OTAN y con el anuncio sobre Groenlandia profundiza el quiebre con Europa. No se trata solo de una disputa territorial, sino de una erosión de la alianza transatlántica que podría derivar en un debilitamiento estructural de la OTAN”, explica el docente de la PUCP.
“Trump sabe que Europa está debilitada: no logró frenar la guerra en Ucrania ni tener una posición unificada en otros conflictos clave. Esa pérdida de peso internacional explica por qué se atreve a plantear una idea como la de Groenlandia”, agrega.
Canadá en una posición incómoda
El creciente interés de Estados Unidos por Groenlandia no solo reconfigura el equilibrio en el Ártico europeo, sino que también tiene implicancias directas para Canadá.
De conseguir EE.UU. el control de la isla, Canadá quedaría prácticamente rodeada.
El dilema se agrava teniendo en cuenta que Trump ha señalado en algún momento la posibilidad de anexar Canadá, país al que ha llamado “provincia rebelde” o el “estado número 51”.
“La toma de Groenlandia demostraría que Estados Unidos no busca estabilidad regional. Aunque una anexión de Canadá sea improbable, sí podría aumentar la presión política y estratégica sobre Ottawa en un contexto de vocación imperial sin límites”, concluye el analista de la PUCP.




