lunes, marzo 16

Cuando aparecieron a comienzos de este siglo, Gorillaz parecían un chiste bien producido. Una banda cuyos integrantes no eran músicos de carne y hueso, sino personajes animados —2-D, Murdoc, Noodle y Russel— dibujados con el toque cool y macabro de ciertos cómics británicos. Un televidente distraído que se cruzaba con los videos de “Clint Eastwood” o “Tomorrow Comes Today” podía pensar que había cambiado MTV por Cartoon Network sin darse cuenta. Lo que pocos imaginaron fue que aquel pequeño ‘side project’ de Damon Albarn, líder de los británicos Blur, no solo iba a sobrevivir al escepticismo inicial, sino que terminaría creciendo hasta volverse más grande —o más global— que su propia banda principal.

Cuando aparecieron a comienzos de este siglo, Gorillaz parecían un chiste bien producido. Una banda cuyos integrantes no eran músicos de carne y hueso, sino personajes animados —2-D, Murdoc, Noodle y Russel— dibujados con el toque cool y macabro de ciertos cómics británicos. Un televidente distraído que se cruzaba con los videos de “Clint Eastwood” o “Tomorrow Comes Today” podía pensar que había cambiado MTV por Cartoon Network sin darse cuenta. Lo que pocos imaginaron fue que aquel pequeño ‘side project’ de Damon Albarn, líder de los británicos Blur, no solo iba a sobrevivir al escepticismo inicial, sino que terminaría creciendo hasta volverse más grande —o más global— que su propia banda principal.

Esta historia empieza precisamente con dos tipos aburridos frente a un televisor. A fines de los noventa, Albarn —famoso por éxitos de Blur como “Girls & Boys” y “Country House”— compartía departamento en Londres con Jamie Hewlett, el ilustrador detrás del cómic “Tank Girl”. Lo que ambos han contado desde entonces es que ver a tantos grupos prefabricados de pop en MTV, con cuerpos perfectos y canciones diseñadas en laboratorio, fue el germen de todo. Pensaron que si la industria musical ya era una ficción, ¿por qué no crear directamente una banda ficticia? Albarn pondría la música; Hewlett, los personajes. Así nació Gorillaz.

Portada de “The Mountain” el noveno álbum de estudio de la banda, publicado bajo el sello Kong Records.

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El concepto tenía antecedentes. En los sesenta, The Archies ya habían llevado personajes animados a las listas de éxitos. Los propios Monkees —que no eran animados, pero sí una creación televisiva con actores haciendo de músicos— se convirtieron en un fenómeno real casi por accidente. La lista se podría extender a quienes jugaron con el anonimato, con Daft Punk siendo el ejemplo más obvio. Gorillaz coqueteó con esa idea en sus primeras presentaciones en vivo, actuando ocultos tras pantallas, pero el misterio duró poco: todos sabían que detrás estaba el cantante de Blur. A partir de entonces coexistieron dos versiones del grupo: la banda real que tocaba en los escenarios y la animada que vivía en otra dimensión, con su propio universo expandido en videoclips y plataformas interactivas que revelaban, por entregas, las biografías delirantes de sus cuatro personajes.

Bandas animadas de ayer y hoy

Antes de que Gorillaz volviera cool la idea de una banda virtual, la industria ya había probado suerte con The Archies en los sesenta, que impusieron el éxito “Sugar, Sugar”. Al mismo tiempo, Alvin and the Chipmunks convirtieron el chillido de roedor en un negocio multimillonario. En los ochenta, las canciones de la banda animada Jem and the Holograms se vendían en caset junto a las figuras de acción de la serie, en una combinación perfecta de música, ‘merchandising’ y fantasía pop.

El primer disco confirmó que no eran un chiste. Su mezcla de hip-hop, dub, electrónica y pop alternativo abría un territorio que el ‘mainstream’ apenas empezaba a explorar. Pero lo verdaderamente disruptivo no era el sonido, sino la estructura. Gorillaz no tiene una alineación fija y es habitual que convoque a cantantes, raperos y músicos de distintas escenas para dar forma a sus canciones. Así, Albarn convirtió el proyecto en un laboratorio global donde conviven voces tan disímiles como las de Lou Reed, De La Soul, Ibrahim Ferrer, Snoop Dogg, Stevie Nicks, Elton John, Kali Uchis, Trueno o Bad Bunny. La lista es interminable.

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Sin proponérselo del todo, Damon Albarn terminó creando un segundo proyecto que redefiniría su propia carrera. Antes de Gorillaz, era el líder de Blur, una de las bandas fundamentales del britpop y protagonista de la célebre rivalidad mediática con Oasis. Con el paso de los años, sin embargo, su legado es otro. Hoy Gorillaz supera los 40 millones de oyentes mensuales en Spotify, mientras Blur se mantiene por debajo de los diez. En el Perú, esa diferencia se traduce en personas: Blur reunió a unas diez mil cuando tocó en Lima en 2013; Gorillaz, en su primera visita al país, apunta a convocar a treinta mil en el Arena Park de la Costa Verde.

Albarn sobre el escenario durante la gira Plastic Beach. El grupo ya había girado por Latinoamérica en distintas ocasiones, pero Lima recién entra en su itinerario.(Foto: AFP / THOMAS SAMSON)

/ THOMAS SAMSON

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Más que un golpe de suerte, la llegada de Gorillaz a Lima ha sido el resultado de una gestión de varios años. Según voceros de la organización del show, el antecedente clave fue el concierto de Blur en Lima, que dejó a Albarn y a su equipo satisfechos con la experiencia. Coincidentemente, el ‘management’ y la agencia de ambos proyectos son los mismos, lo que ayudó a mantener el vínculo. Antes de la pandemia, aseguran, ya se percibía un potencial en el público peruano, e incluso se intentó incluir a Lima en la gira latinoamericana de 2022, sin éxito. Fue recién hace dos años, cuando se abrió la posibilidad de disputar una fecha dentro del actual tour del grupo, que los promotores decidieron apostar con fuerza por la plaza limeña. Esta vez la puja, por fortuna, dio resultado.

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