La avería registrada en el ducto de Camisea ha puesto a prueba la capacidad de respuesta del sistema energético peruano. Aunque el suministro eléctrico se ha mantenido estable gracias al uso de otras fuentes de generación, el episodio ha reabierto el debate sobre la vulnerabilidad del sistema de transporte de gas y la necesidad de reforzar la seguridad energética del país.
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Hay un criterio técnico de seguridad de suministro en los sistemas energéticos que se conoce como el criterio N-1. En términos sencillos, ese criterio significa que si un componente del sistema sale de servicio, el consumidor no debería ver interrumpido su suministro.
Es decir, si un elemento del sistema falla, debe existir otro componente que entre en operación y permita que el suministro continúe. Eso es lo que se conoce como redundancia en el sistema.
El problema es que el tramo inicial del gasoducto, en la zona de selva entre Camisea y la costa, tiene un solo tubo. Ese tramo no cumple con ese criterio N-1. Por eso, en algún momento se planteó la posibilidad de tener lo que se conoce como el Loop Selva, que básicamente sería un segundo gasoducto en esa zona.
El resto del sistema sí tiene cierta redundancia, porque existe la posibilidad de utilizar también el gasoducto que conecta con Perú LNG (planta de exportación de gas natural licuado). Pero ese primer tramo no tiene esa duplicidad.
Correcto. El tema del Loop Selva es algo que se conocía desde hace tiempo, pero también se volvió un tema medio tóxico, porque estaba asociado al primer tramo del Gasoducto Sur Peruano.
Ese proyecto incluía precisamente la posibilidad de tener esa duplicidad en el sistema de transporte. Incluso parte de los tubos que inicialmente instaló el proyecto estaban en esa zona.
Lamentablemente, la situación de Odebrecht, los arbitrajes y las controversias legales hicieron que ese proyecto quedara paralizado, y con ello también la posibilidad de resolver esa vulnerabilidad.
Creo que afortunadamente no vamos a llegar a ese escenario. La razón es que ya han comenzado a llegar los equipos y los técnicos al campo, que era la restricción más importante por el tema de las lluvias y la movilización de maquinaria.
Para hacer la reparación hay que llevar maquinaria para excavar, colocar los tubos, soldarlos, volver a cubrirlos y ponerlos nuevamente en operación. El problema no es tanto la intervención en sí, sino el acceso a la zona, el clima y el transporte de los equipos necesarios.
Si el clima acompaña y se mantiene el apoyo logístico, por ejemplo de la Fuerza Aérea para el traslado de personal y equipos, es posible que la reparación se haga en un plazo menor al que inicialmente se tenía.

TGP gas
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Los costos de generar electricidad en el país están subiendo. Una cosa es generar con gas natural, que tiene un precio regulado y relativamente bajo, y otra cosa es generar con diésel.
El costo marginal de generación ha pasado de niveles cercanos a US$ 35–40 por MWh a valores alrededor de US$ 200 por MWh. Sin embargo, hay una regla básica en energía: no hay energía más cara que la que no se tiene.
El sistema está diseñado para asegurar el suministro eléctrico, aunque eso implique utilizar combustibles más caros en situaciones de emergencia.
Creo que el efecto inflacionario por el lado de la electricidad será limitado. No me preocupa tanto ese impacto.
Lo que sí va a ocurrir es que el efecto será diferenciado entre los consumidores. Los consumidores residenciales estamos en un sistema regulado supervisado por Osinergmin que nos protege de eventos traumáticos como este.
Quienes más van a sentir el impacto son los consumidores no regulados, es decir, grandes y medianas empresas que firmaron contratos donde aceptan asumir el riesgo si sube el costo marginal de la electricidad.
Esos contratos son contratos libres, voluntariamente aceptados por las partes.
Cuando hay escasez de gas natural entra en aplicación un plan del Ministerio de Energía y Minas que establece un criterio de racionamiento.
Ese criterio establece un orden de prioridad en el abastecimiento. En caso de escasez, se comienza a desconectar primero la exportación y luego parte de la generación eléctrica, mientras que los consumidores industriales pueden ver restringido su suministro. Los consumidores residenciales tienen prioridad en el abastecimiento

Gonzalo Tamayo
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Camisea produce gas natural y también produce GLP, y es el productor más importante de GLP en el Perú. Sin embargo, la producción nacional no cubre toda la demanda.
Aproximadamente uno de cada tres balones de GLP que consumimos hoy se importa. Si hay menor producción nacional, naturalmente se eleva el precio o se requiere importar más GLP.
No tanto, porque hoy tenemos un contexto internacional en el que los combustibles están subiendo por los temas geopolíticos. En una circunstancia fuera de ese riesgo geopolítico, el GLP importado sí ayuda a paliar la escasez de oferta nacional.
Probablemente ahora también lo haga, pero por razones internacionales la tendencia de los precios es más alta. Ahora, en el corto plazo sí puede haber titulares, sensación de escasez o incluso especulación. Probablemente veamos precios muy altos los primeros tres o cuatro días y, si afortunadamente Camisea entra en operación, eso se va a desinflar relativamente rápido.
Hay medidas de emergencia que no son deseables porque todo el mundo consume energía y todo el mundo quiere consumir energía para producir. Decirle a alguien que restrinja su consumo de energía implica cambios en su nivel de producción. Eso es lo que está pasando en algunos casos: hay eléctricas que no tienen gas y simplemente han dejado de operar.
En la cadena de gas lo que ha habido es una situación de corte de suministro a varios consumidores. En algunos casos se puede recurrir a lo que se llama dualidad energética. Por ejemplo, hay autos que usan GNV pero que pueden operar con gasolina. Si no hay GNV, ese auto puede seguir funcionando, pero con gasolina, lo que implica un costo mayor.
Algo similar puede ocurrir con algunos industriales que tienen esa dualidad. Otros, especialmente los que nacieron directamente con gas natural, pueden no tener esa posibilidad. Entonces todo depende de la flexibilidad del proceso productivo.
También hay medidas simples desde el punto de vista del consumo: tratar de moderar el consumo de energía que no sea estrictamente necesario. Por ejemplo, apagar luces o reducir consumos innecesarios mientras dure la contingencia.
Sí. Cuando un sistema energético se corta comienzan a aparecer efectos encadenados en distintas cadenas productivas. Puede haber empresas que no puedan prestar servicios a otras porque no tienen gas.
Eso puede generar efectos de desabastecimiento en algunas cadenas industriales, especialmente en aquellas empresas que no tienen dualidad energética.
Si una industria no tiene la posibilidad de usar otro combustible, adaptarse puede tomar tiempo y generar mayores costos.
Creo que como país tenemos que ser conscientes de que necesitamos más inversión en exploración de hidrocarburos, tanto de gas como de petróleo. Hoy tenemos varios contratos de hidrocarburos que están próximos a vencer y necesitamos un marco legal que permita que esas inversiones se mantengan o se amplíen.
Además, tenemos recursos de gas que todavía no se han desarrollado, como por ejemplo en la zona de Candamo, y este tipo de episodios pone en evidencia la necesidad de abrir esos yacimientos a la inversión para asegurar el suministro futuro.
El país necesita fortalecer su seguridad energética. A veces hay una preocupación excesiva por el costo de esa seguridad, pero es como tener un seguro: puede parecer caro, pero resulta mucho más costoso cuando ocurre el problema y no se tiene esa protección.
También hay que superar el falso dilema entre apostar solo por energías renovables o solo por generación térmica. El sistema energético necesita ambas tecnologías, porque son complementarias.













