Campeón de los poderes fácticos del planeta, la FIFA puede decidir que la isla de Curacao es un país (tomaría décadas dilucidarlo a la ONU), que Salma Hayek es el símbolo de México (la polémica está abierta entre los mexicanos) y que las entradas subirán entre 3 y 4 veces respecto del mundial de Qatar para más fútbol que nunca, pues en lugar de 32, serán 48 selecciones, y en lugar de 64, serán 104 partidos.
La FIFA es Infantino y viceversa. Presidente con más poderes que los que otorga una constitución presidencialista, Giovanni está bien sentado en el trono de Zurich desde el 2016. Su pregrado fue dirigir la UEFA desde el 2009, organizando la ‘Champions’ entre otros campeonatos de impacto planetario. Pasó por un tubo a encargarse de los mundiales. Tiene talento diplomático, cultivado en la neutralidad de su Suiza natal, en su latinidad de hijo de italianos y en su matrimonio con la libanesa Leena Al Ashqar. ¿Qué presidente de la FIFA puede conferenciar en inglés, alemán, italiano, español o francés, y entrar en un camerino a conversar en árabe con la selección de un país musulmán?
Por eso, sorprende que este crack de la diplomacia pelotera, en su conferencia del 10 de junio, el día inaugural del mundial en el Estadio Azteca, replicara a la prensa que se le vino encima recriminándolo por todas las trabas migratorias de la administración Trump: “chill, relax”, o sea, algo así, como ‘calma, calma, no hagan drama’.
Gianni Infantino es el actual presidente de la FIFA.
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Al darse cuenta de la minimización que hacía del caso del árbitro somalí Omar Artan, a quien se le deportó ni bien llegado a EE.UU. y a pesar de contar con visa; morigeró su rollo: “Cuando digo ‘chill’, no quiere decir que nos relajamos y no hacemos nada, confíen en que estamos haciendo todo detrás de bambalinas”.
En efecto, Infantino puede hacer todo menos relajarse. La FIFA luego informó que al humillado somalí -hoy héroe nacional en su país- le pagarían su sueldo completo. El día 15, ‘Gianni’, el diminutivo con el que le conoce su entorno, entró al camerino iraní tras el partido contra Nueva Zelanda que empató 2 a 2. Lo que se oyó y quedó por escrito en la prensa fue una retahíla de quejas logísticas y migratorias en boca del DT y el capitán del equipo. Ese día se viralizó la noticia de que la selección iraní no podía pasar el día en EE.UU. y tenía que partir en las siguientes horas a Tijuana en México. Si se mantienen esas condiciones insólitas, el domingo 21 que juegan contra Bélgica en Boston, los iraníes tendrán que salir volando fuera de EE.UU., probablemente a Canadá. Así no puede cundir la calma, Gianni.

Fotografía de archivo del presidente de Estados Unidos, Donald J Trump (i), junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el trofeo del Mundial de Clubes. Foto: EFE/EPA/CHRIS KLEPONIS
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Quiero ser tu anfitrión
“No somos los reyes del mundo por encima de gobiernos y fuerzas políticas, somos una organización deportiva”, dijo Infantino a la prensa que le daba la lata con la dura lex de Donald Trump. Pero, en verdad, su megapoder no solo es fáctico sino imperial.
El pasado 5 de diciembre, durante el sorteo de los grupos en Washington, Infantino entregó a Trump el Premio FIFA de la Paz. Era la primera vez que tal cosa se entregaba y fue muy criticado por el contraste con la conflictividad mundial que Trump avivaba mientras prometía lo contrario.
Quedan tres semanas de mundial y habrá otros hechos, graves o anecdóticos, que hagan a Gianni preguntarse a sí mismo qué tan mala idea fue aceptar la triple candidatura de México, EE.UU. y Canadá. Eso sucedió en 2018, en el primer gobierno de Trump y fue recibido como un buen gesto por la mayoría de asociados que votaron por el trío. Infantino puede remitirse a esa coyuntura que parece remota y al voto de la mayoría para justificar la elección.
Lo que Gianni no puede desconocer es su paternidad responsable sobre la decisión de incrementar la comercialización del mundial. Si la cantidad de selecciones ha aumentado de 32 a 48, la cantidad de partidos lo ha hecho de 64 a 104, cada uno con sus dos ‘cooling breaks’ (pausas para refrescarse), una por cada tiempo, que abren un espacio adicional para ráfagas comerciales. Si las entradas se han incrementado notoriamente, respecto de Qatar y de Rusia, calculen y juzguen ustedes.
La presidenta de México Claudia Sheinbaum sostiene la Copa Mundial de fútbol
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Claudia Scheinbaum, el segundo dolor de cabeza de Gianni luego de Trump, ha protagonizado señales de protesta. Su desaire al no quedarse al partido inaugural México vs Sudáfrica tuvo que ver -lo dijo en una de sus ‘mañaneras’- con los precios.
Su entrada la regaló a la ganadora de un concurso de pataditas organizado previamente. Algunos periodistas, para comezón de Giovanni, le han llamado a este ‘el mundial de Infantino’. The New Yorker le dedicó el perfil “The Word Cup According to Gianni Infantino”, parafraseando la novela de John Irving, “The World According to Garp”. Gianni, visto con ese prisma literario, tiene más poder que una liga de naciones, pero no que Donald Trump, premio ‘chill’ de la paz, que algún día podría ir también a nuestro candelero suizo.




