Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Seis meses han transcurrido desde el último siniestro en el gasoducto de TGP, accidente – aún no aclarado – que ocasionó la catástrofe energética más grande en lo que va del siglo XXI en el Perú. Pasado ese lapso, sin embargo, no se ha tomado ninguna acción preventiva ni correctiva.
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“¿Tenemos una situación distinta en términos de infraestructura y seguridad? No. Si hay otra situación parecida [a la de marzo] el riesgo es el mismo. Estamos siempre expuestos a eso y a las consecuencias que ya conocemos”, advierte Murillo.
¿Qué se debería hacer en el corto o mediano plazo?
Cuando la rotura del ducto de TGP empezó a afectar a la capital, en marzo pasado, el gobierno transitorio de José Balcázar anunció que impulsaría la construcción de “una planta de regasificación en la costa, a fin de que nunca más tengamos estos problemas”.
Una vez que se ‘apagó el incendio’, sin embargo, no se hizo más nada, y “así hasta que todo vuelva a explotar, porque se trata de una bomba de tiempo de un nivel similar al de El Fenómeno El Niño”, indica Freddy Morales, presidente del IPIGPE.
A decir del especialista, este Gobierno tiene la posibilidad de concretar el planteamiento de Balcázar, pues se trata de una infraestructura que puede ser planificada y construida en un lapso de tres a cuatro años.
La obra permitiría reconvertir a su estado original un porcentaje del gas natural líquido (GNL) almacenado en Pampa Melchorita, a fin de que pueda ser distribuido en Lima y Callo en situaciones de emergencia.

Urge la construcción de una planta de regasificación en las cercanías de Pampa Melchorita para atender Lima en casos de emergencia.
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“Este debe ser uno de los proyectos de hidrocarburos prioritarios para el Perú en el mediano y largo plazo en el país”, anota Morales.
A decir de Murillo, se trata de un proyecto que puede ser costoso para el Estado pero que “siempre será menos caro que producir energía con diésel”.
Espinoza considera, sin embargo, que la planta de regasificación solo resolverá la mitad de los problemas asociados a una nueva paralización del ducto de TGP, porque dicha solución apunta específicamente al tema del gas cuando “las estadísticas demuestran que todos los accidentes registrados en los últimos 22 años han ocurrido en el ducto de líquidos”.
De allí, la necesidad de construir un nuevo tubo de LGN.
Por lo pronto, lo que el Minem y el Gobierno vienen proponiendo para mitigar la dependencia del país en torno a Camisea es la exploración y desarrollo de fuentes alternativas de gas natural, empezando por el área del Cándamo (Puno-Madre de Dios) donde en la década de los 90’ la petrolera Mobil descubrió 3,6 trillones de pies cúbicos (TCF) del preciado hidrocarburo – equivalentes a ocho veces lo producido por Camisea en el 2025 -, los cuales siguen allí, dormidos.
Más aún, el Minem apunta a poner en valor los 20,4 de TCF de recursos prospectivos identificados en la Cuenca Madre de Dios, lo cual representa “todo un reto”, manifestó Iris Cárdenas, viceministra de Hidrocarburos, en el Foro Gas Natural Perú 2026.

54 mil mineros informales se inscribieron en el Registro Integral de Formalización (REINFO).
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En esa línea, el ministerio busca establecer un consenso con el Servicio de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp) para poder realizar actividades exploratorias en áreas donde ya ha habido labores hidrocarburíferas, como la estructura del Candamo, circunscrita al parque nacional Bahuaja Sonene.
“En el tema de las ANP, tenemos una propuesta para la modificación de dicha ley (Ley 26834) con el propósito de habilitar estas áreas donde ya ha habido intervención y se pueda desarrollar el gas natural”, expresó Cárdenas.
Para apuntalar esta iniciativa, el Minem plantea transferir un porcentaje de lo producido en el Candamo al Sernanp, para que “pueda cuidar todas las áreas naturales protegidas”, particularmente, las expuestas a la tala y la minería ilegal.
Mucho antes que el Candamo veremos, sin embargo, la puesta en marcha del lote 58 (Cusco) de la china CNPC, el cual alberga 3,56 TCF en recursos contingentes (3C). Se trata de un proyecto que debería entrar en producción hacia noviembre y que se añadiría al flujo proveniente de Camisea a través del gasoducto del mismo nombre.
Y es que un escollo para la implementación de nueva infraestructura de transporte (Perú tiene menos tubos de hierro construidos que sus pares de la región) es la debilidad de la demanda interna, que desalienta la inversión en gasoductos.
Así, ocurre que el 20% de la producción diaria del lote 88 (orientado al consumo interno) se reinyecta al subsuelo, según estadísticas de Pluspetrol. Y otro tanto ocurre en los lotes de hidrocarburos de Piura, cuyos operadores queman el gas natural que no pueden colocar en el mercado.

Los lotes de Hidrocarburos de Talara albergan un gran potencial de gas natural.
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Ello, a pesar del interesante potencial gasífero que alberga dicha región y que bien podría servir para atender la demanda de regiones vecinas como Lambayeque, La Libertad y Ancash, apunta Luis Fernández, socio director de Gas Energy Perú.
“Lamentablemente, hay un problema por resolver en el Perú, que es la débil demanda de gas. Mientras esto no se resuelva, este recurso va a seguir satisfaciendo solamente a Lima y algunas ciudades de la costa, con el riesgo latente de que el ducto de TGP vuelva a fallar”, refiere Bianchi.
Esa demanda existe, sin embargo, en el sur del Perú, y está constituida por las dos centrales térmicas de Ilo y Mollendo (nodo energético del sur), las cuales aguardan desde hace largos años el arribo del gas para empezar operar con dicho hidrocarburo (hoy lo hacen con diésel).
A entender de Murillo, la mejor forma de plasmar esta esperanza es relanzando el SIT Gas (otro Gasoducto Surperuano), “proyecto viable, pero inmovilizado desde hace cinco años” que haría más seguro el sistema de ductos actual y masificaría el gas natural en el sur.
Se trata, refiere, de una iniciativa necesaria por cuanto el COES acaba de alertar que los precios de la energía se incrementarán en adelante debido a que “dependeremos en mayor medida del diésel, el cual incrementa el costo de la electricidad en diez veces”.
El SIT Gas no es, sin embargo, la única solución para llevar el gas de Camisea al sur. Pendiente de desarrollo también está el gasoducto costero o Extensión Sur, de TGP, proyecto que busca llegar también a las centrales de Ilo y Mollendo, además de a las industrias de Arequipa.

Piura puede suministrar gas natural a Lambayeque, La Libertad y Ancash. (Foto: Gasnorp)
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Igualmente factible es, según Gas Energy, la construcción de un gasoducto entre Piura y Chiclayo, el cual tendría por ‘ancla’ las centrales térmicas de Eten, aprovechando, para ello, el potencial gasífero de los lotes de hidrocarburos del noroeste (aproximadamente 5,5 TCF).
El desarrollo de este proyecto requiere, sin embargo, de un tipo de regulación diferente, que contemple una tarifa especial para el sector de generación eléctrica en el norte del país, similar al del nodo energético de Chilca.
Solo, así, señala Fernández, las centrales de Eten podrán competir con sus pares de Lima y con el precio regulado del gas de Camisea.

