Un pueblo joven. Dos chicos que acaban de perder a su madre. Un extorsionador con un tatuaje que irrumpe como una amenaza en la vida de una familia. Son las primeras imágenes del cortometraje universitario “Lo que aprenden los perros”, que con su banda sonora embriaga en una sensación de peligro de un barrio marginal del país. La idea nace de aspirantes a cineastas, quienes hoy compiten en el Festival Nacional de Cine Universitario (UNIFEST).
En la edición de este año, más de 250 estudiantes de 25 instituciones educativas provenientes de 20 ciudades del Perú compiten en diferentes equipos por el autodenominado “Oscar universitario”. Los cortometrajes seleccionados se enfrentan en tres bloques temáticos —drama, acción y aventura, y thriller y terror— para ganar el Trofeo oficial UNIFEST al Mejor Cortometraje Nacional.
Festival de cine universitario
- La ceremonia de premiación del UNIFEST será el 7 de abril en el Teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional del Perú.
- Los cortometrajes finalistas de UNIFEST ya están disponibles en YouTube, donde el público pudo votar hasta el 24 de marzo, complementando la evaluación del jurado.
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Los cortometrajes son evaluados por Norma Martínez, Susana Torres, Hugo Coya, Dorian Fernández-Moris y Rosario García-Montero, importantes representantes del audiovisual peruano. Ellos califican en diferentes categorías, como dirección, guion, fotografía o sonido.
“Hay universos súper particulares que no pensé encontrar en estos cortos. Interesantes, genuinos, atrevidos, que trascienden lo coyuntural”, dice la actriz Norma Martínez, presidenta del jurado de UNIFEST 2026. En la programación hay títulos que, de por sí, ya sugieren un mundo propio, como “Yuyariway” (Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, Ayacucho), “Enfermo que come no muere” (Cineclub Manguaré, Iquitos) o “Jeremías 17:5” (Universidad Nacional del Altiplano, Puno).
Para Martínez, el contexto del cortometraje pesa, pero no manda quién gana. “Para el jurado, no es un factor determinante evaluar la situación actual del Perú, pero vimos concursando muchos cortometrajes que hablan de la realidad social nacional. Casi ninguno está desvinculado de la actualidad política del Perú o de las discusiones de género; los temas son variados”, dice.
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Costa, sierra y selva están representadas en el festival, que ya va por su tercera edición, aunque con matices a nivel de representación universitaria. Hay regiones donde la universidad lidera la producción y otras donde intervienen colectivos locales ante la ausencia de formación académica especializada en artes, principalmente en la selva peruana. En ediciones anteriores, regiones como Ayacucho y Apurímac han ocupado los primeros lugares.
“Ayacucho y Puno son una cantera de chicos muy talentosos”, dice el fundador de la productora peruana Séptimo Sello, desde donde se conduce el UNIFEST, Eduardo Mendoza. Aunque parezca que lo regional responde a más talento, la mayoría tienen vallas en cuestiones de producción audiovisual. Algunos, sin mayores recursos, se las ingenian para tener accesos a cámaras y otros equipos mediante “rentals” (alquiler) y redes de colaboración, pues los estudiantes saben que es lo único que les permitirá filmar con mejor calidad de imagen y sonido. Es la realidad: contar historias en cine es difícil.
Tras su victoria en UNIFEST el año pasado, Valeria Salcedo, ganadora a Mejor Dirección en 2025, pudo hacer el viaje de sus sueños al Bogotá Audiovisual Market, uno de los espacios más importantes de la región para el cine. “En la segunda edición del festival, ya había más directoras que directores”, señala Mendoza. Alrededor del 55% de los cargos clave están ocupados por mujeres, incluyendo áreas “tradicionalmente masculinizadas, como la dirección de fotografía”, apunta.
Entre los beneficios para estos jóvenes cineastas, está la “mini universidad intensiva”. Los equipos seleccionados reciben clases maestras durante tres meses, con figuras como el director Salvador del Solar, el guionista Héctor Gálvez, la directora Micaela Cajahuaringa, entre otros profesionales, pues, que tienen experiencia en una centena de películas en Perú y el extranjero. Cuando en épocas pasadas no había ni universidades que enseñaran el oficio del cine, hoy la intención del festival es acortar la distancia entre formación académica y práctica profesional.
A esto se suman los premios: los ganadores de cada género reciben la creación de un DCP (formato estándar para exhibición en salas) a cargo de la productora Guarango, mientras que el equipo ganador nacional accede a pasantías en 20 productoras del país. El mejor director o directora viajará al festival Bogoshorts en Colombia. Tal vez la respuesta no esté en los premios, sino en esa suma de historias producidas por los más jóvenes en distintos rincones del Perú que quieren mirarse entre sí a través del cine.













