domingo, enero 18

A veces las historias comienzan sin que su autor lo note. Así ocurrió con “Cristóbal”, la primera novela de Gabriel Núñez del Prado. Desde su departamento en Londres —rodeado de libros antiguos, cuadernos de apuntes y la bruma del Támesis— empezó a escribir pequeños relatos en prosa poética, sin imaginar que, con los años, todos ellos terminarían entrelazados por un mismo hilo. “Fue un proceso poco consciente”, confiesa. “Los textos comenzaron a conectarse entre sí, a formar un cuerpo. Un día simplemente comprendí que había un hilo narrativo. Así apareció Cristóbal”.

Publicada originalmente en una edición limitada en 2024 —201 ejemplares encuadernados en tela, con grabados y papel de algodón—, la novela fue pensada como un objeto tangible, resistente al tiempo. No una obra digital ni efímera, sino un libro grueso. En él confluyen la memoria, el mito y la peruanidad desde una mirada universal.

Más allá de la trama, lo importante es lo que cada lector encuentre. Siempre digo que un escritor se da por satisfecho si alguien rescata una sola frase que le toque algo por dentro”, menciona Núñez del Prado.

Cristóbal es la historia de un joven peruano-inglés que muere en Londres, y cuya vida se reconstruye a través de 53 relatos breves que avanzan —y retroceden— en un espiral de tiempo y memoria. Dividida en tres partes: El ocaso, La noche y El amanecer, la novela presenta cartas consulares, recortes de periódicos, monolitos enterrados y visiones casi místicas; pero también una constante pregunta por la identidad, el amor, la pérdida y el destino.

Las historias del libro responden más a situaciones arquetípicas. No importan el siglo ni el país: las emociones fundamentales —miedo, amor, tristeza, alegría— son las mismas. Lo que intento es volver a esa materia común, a esa sustancia que compartimos todos”, explica el autor, subrayando la raíz universal de su obra.

Enrique Leguía — Mellizos de Carne y Sangre

Un reflejo artístico

La historia no terminó en las páginas. Meses después de su publicación, Cristóbal inspiró una exposición colectiva en Londres: “Glimpses of Cristóbal”, presentada en la Galería Inca Garcilaso de la Embajada del Perú. La idea nació de manera espontánea, cuando varios artistas amigos de Núñez del Prado —pintores, poetas, dramaturgos— leyeron el libro y coincidieron en su fuerza visual. “Me decían que podían ver las escenas, casi como cuadros —recuerda—. Entonces surgió la idea de que cada uno interpretara, desde su lenguaje, aquello que el libro les había despertado”.

La muestra reunió a nueve artistas de distintos estilos y trayectorias. Ricardo Cinalli retrató con trazo íntimo a personajes como Chouchouï y Jacinta; Juan José Jiménez trabajó los cielos limeños con la misma luz melancólica del libro; y Alessandra Risi plasmó la intensidad interior de Cristóbal en el lienzo. También participaron Elke McDonald, Ananú González Posada, Enrique Leguía, José Bazo, Santiago Álvarez, José Manuel Barahona —ilustrador original de la edición limitada— y José Manuel Barahona, quien recreó a los personajes centrales.

Tras su paso por Londres, Cristóbal llega finalmente al Perú en una nueva edición comentada por Alfredo Bryce Echenique y distribuida por librerías como La Rebelde, El Virrey, Bookvivant y Sur. La presentación oficial se realizará a fines de noviembre, en un encuentro que reunirá a artistas, lectores y amigos del autor. Esta versión de bolsillo, más accesible, conserva la esencia de la original: un homenaje a la literatura hecha con paciencia.

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