lunes, marzo 23

Fitch Ratings señaló que un conflicto prolongado con Irán podría afectar a múltiples sectores corporativos en todo el mundo, principalmente a través de precios más altos de los hidrocarburos, disrupciones en la cadena de suministro y, de manera indirecta, por una demanda más débil debido a la caída de la confianza del consumidor y al aumento de las tasas de interés, así como por una recuperación retrasada desde los mínimos cíclicos. Sin embargo, los ingresos y márgenes de algunos sectores se verían beneficiados por la disrupción.

La calificadora internacional analizó un escenario adverso de conflicto que contempla el cierre del Estrecho de Ormuz durante tres meses, seguido de una reapertura gradual, precios del petróleo con un promedio de US$100 por barril en 2026 y cierta presión sobre los precios de las acciones y los diferenciales.

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En ese sentido, el petróleo y el gas es el sector más inmediatamente afectado. Los productores upstream e integrados de todas las regiones podrían beneficiarse de un período prolongado de precios más altos de los hidrocarburos. En el caso de los productores del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), las limitaciones de volumen derivadas de alternativas de tránsito limitadas tras un cierre efectivo del Estrecho de Ormuz compensarían este beneficio de precios.

Se espera que las refinerías de Asia-Pacífico (APAC) enfrenten presiones debido a su alta dependencia del petróleo de Medio Oriente, lo que se traduciría en mayores disrupciones de la cadena de suministro y destrucción de la demanda. Las refinerías europeas trasladarían los mayores costos a los clientes”, indicó Fitch Ratings.

El sector químico seguiría bajo presión debido a los elevados precios de las materias primas y a nuevas disrupciones en la cadena de suministro, agravadas por la destrucción de la demanda en varios mercados. “El sector se encuentra en una fase de desaceleración y está sobreabastecido, y el conflicto probablemente retrasará su recuperación. No obstante, los productores petroquímicos de América del Norte dependen principalmente de gas natural y líquidos de gas natural de origen doméstico, lo que les otorga una ventaja competitiva frente a sus pares europeos y asiáticos, que dependen mayoritariamente de la nafta derivada del petróleo”, explicaron.

Las implicancias serían mixtas entre los subsectores de bienes de consumo. En el caso de la agricultura y los procesadores de commodities, las disrupciones en la cadena de suministro podrían encarecer y alargar la logística del suministro de fertilizantes. Las expectativas de menores cosechas podrían generar nuevos incrementos en los precios de los commodities agrícolas, lo que resulta positivo para los productores. Los altos precios de los combustibles fósiles impulsan una mayor demanda de biocombustibles, lo que favorece a los procesadores de commodities, que pueden trasladar la capacidad de la producción de alimentos a los biocombustibles. Sin embargo, los segmentos más discrecionales, incluidos el alcohol y ciertos bienes de consumo, podrían registrar una menor demanda.

Las aerolíneas más presionadas serían aquellas con hubs en países directamente afectados por la disrupción de la aviación, como Catar y los Emiratos Árabes Unidos, o aquellas con coberturas de combustible limitadas o inexistentes, como las aerolíneas de América del Norte. Un período prolongado de precios elevados del combustible afectaría la rentabilidad de la mayoría de las aerolíneas a medida que venzan las coberturas existentes, especialmente si la demanda de pasajeros también se ve afectada por el aumento de la inflación.

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Fitch Ratings también alertó que el aumento de los costos del combustible podría afectar a los operadores de cruceros europeos debido a sus posiciones energéticas sin cobertura. Es probable que los flujos turísticos interrumpidos hacia Medio Oriente se redirijan a otros destinos en Europa, lo que atenuaría el impacto. El aumento del costo de vida, con una inflación en alza, afectaría al alojamiento de gama media, económica y de bajo presupuesto, con implicancias limitadas para el segmento de alta gama.

El sector automotor global experimentaría principalmente efectos indirectos, incluidas disrupciones en la cadena de suministro y una menor demanda, mientras que el impacto positivo de largo plazo sobre la demanda de vehículos eléctricos sigue siendo incierto.

En ese contexto, precisaron que es probable que los precios de la electricidad se mantengan volátiles debido al aumento de los precios en el Title Transfer Facility (TTF), ya que importantes flujos de GNL desde Medio Oriente (que representa alrededor del 20% del suministro global) no podrían transitar por el Estrecho de Ormuz. (Las centrales a gas suelen fijar el precio de la electricidad en varios países). Los precios más altos del gas podrían representar un potencial beneficio para los productores de energía renovable.

Un período más prolongado de hostilidades podría reducir el atractivo del CCG como destino de inversión en vivienda residencial, presionando los perfiles crediticios de algunos promotores inmobiliarios de la región. Esto podría mitigarse, en muchos casos, por posiciones de liquidez muy sólidas y fuertes márgenes entre los emisores calificados. La naturaleza de largo plazo de los contratos de los REITs del CCG con inquilinos de oficinas y comercios mitiga la amenaza para estos vehículos.

Calificamos a la mayoría de las entidades relacionadas con gobiernos del CCG bajo un enfoque “top-down”, lo que refleja la alta probabilidad de que los respectivos gobiernos, en particular los de los Estados con mayor calificación, respalden a sus principales empresas operativas”,finalizaron.

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