La destitución tras la censura del presidente interino de Perú, José Jerí, apenas cuatro meses después de asumir el cargo, pone de relieve la arraigada inestabilidad política y los desafíos de gobernabilidad que enfrenta el Perú, señaló Fitch Ratings. No obstante, indicaron que los efectos inmediatos de este juicio político probablemente serán limitados, dado que las elecciones generales se celebrarán en menos de dos meses, el 12 de abril, y es probable que la nueva administración interina mantenga la continuidad de políticas durante el resto del mandato, que concluye en julio.
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Pese a la incertidumbre política que pone de manifiesto la destitución reciente, la calificadora resaltó que la economía en su conjunto sigue mostrando un buen desempeño, con condiciones favorables en los términos de intercambio que respaldan al soberano. “La economía sorprendió al alza en 2025 con un crecimiento de 3,4% en un contexto de precios récord del cobre. La inflación fue de 1,7% en enero de 2026, con expectativas ancladas en 2,2% (entre las más bajas de los mercados emergentes), y la tasa de referencia del banco central se ha mantenido sin cambios en 4,25% durante los últimos seis meses. El gobierno logró cumplir en 2025 su objetivo fiscal de déficit de 2,2% del PIB por primera vez en tres años”.
En esa línea, esperan una ligera desaceleración del crecimiento hasta 3% en 2026, en parte debido a la incertidumbre electoral. “Mantener el déficit fiscal por debajo de 2% del PIB será un reto sin un compromiso de política más firme por parte de la nueva administración”, señalaron.
El informe también subrayó que el principal foco político de atención para el país se trasladará ahora a las próximas elecciones generales, en las que se elegirá a un nuevo presidente y un nuevo Congreso. Para Fitch Ratings, la gran duda será si la próxima administración podrá completar un mandato pleno de cinco años y si será capaz de gobernar de manera sostenible con el nuevo Congreso.
Los resultados difusos de las encuestas también dificultan extraer conclusiones firmes. Los principales candidatos presidenciales se sitúan muy por debajo del 50% de intención de voto, con el candidato mejor posicionado en 11% de apoyo. Márgenes muy estrechos entre varios candidatos apuntan a un alto grado de incertidumbre respecto de quién accederá a una probable segunda vuelta en junio.
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“La destitución de Jerí podría amplificar aún más el sentimiento antiestablishment e incrementar las probabilidades de que un outsider o un candidato populista gane tracción en la parte final de la campaña”, indicaron.
La persistente fragmentación política implica que la capacidad de la próxima administración para aprobar reformas estructurales clave y sacar adelante grandes proyectos, en particular en minería e infraestructura, con el fin de elevar el crecimiento económico, es una gran incógnita. La inestabilidad política y la conflictividad social en curso podrían tener un impacto económico negativo, mientras que una nueva administración podría modificar la política fiscal para aumentar el déficit y la deuda.
Por su parte, la inestabilidad social y la incertidumbre de políticas son factores que afectan la gobernabilidad de Perú. Según la agencia crediticia, una gobernanza débil, junto con un ingreso per cápita y unos indicadores sociales modestos en relación con la mediana de la categoría ‘BBB’, una alta dependencia de materias primas y una baja base de ingresos del gobierno, son elementos que limitan la calificación soberana de Perú en ‘BBB’/Estable.
Sin embargo, si las elecciones dan lugar a una administración con un respaldo más sostenible en el Congreso, reduciendo la inestabilidad política de los últimos años, aumentaría la probabilidad de implementar reformas que impulsen el crecimiento y mejorar la gobernabilidad del país, lo cual sería positivo para el perfil crediticio de Perú.














