lunes, abril 6

En el 2022, a raíz de la guerra entre Rusia y Ucrania, el precio de la urea —el principal fertilizante utilizado en el Perú— llegó a triplicarse debido a la escasez global. Cuatro años después, la incertidumbre vuelve a instalarse en la agroindustria ante el temor de que el conflicto en el Medio Oriente marque el inicio de un escenario similar en el mercado de fertilizantes.

Y es que, en lo que va de este 2026, la urea se ha apreciado más del 77%, alcanzando precios de US$687,50 la tonelada. Esto representa una variación interanual superior al 100% [ver infografía], según información recopilada por la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP).

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Otros fertilizantes también registran alzas significativas. El nitrato de potasio pasó de US$850 la tonelada en enero a US$1.300 al cierre de marzo —una variación de 40%—; el sulfato de potasio se encareció cerca de 30%, con precios entre US$750 y US$900 la tonelada; y el nitrato de amonio bordea los US$650 la tonelada, un aumento de hasta el 50%, según la Asociación para el Desarrollo Agropecuario Sostenible (ADAS), que reúne a 31 empresas agroexportadoras de La Libertad.

Las razones del alza y nuestras importaciones

Los aumentos responden a una combinación de presiones globales intensificadas en los últimos meses, en un contexto marcado por el conflicto en Medio Oriente.

Luis Quiroz, director de la Maestría de Administración de Agronegocios de Esan, identifica cinco factores: el contexto geopolítico, que ha alterado la producción y el comercio; las tensiones en el Estrecho de Ormuz, por donde transita un tercio de la urea exportada en el mundo; el alza del gas natural, insumo clave en la producción de fertilizantes nitrogenados; el encarecimiento de los fletes marítimos; y el comportamiento del mercado, con restricciones a las exportaciones —como en el caso de China— y efectos especulativos.

El conflicto en Medio Oriente no solo eleva el precio del petróleo, sino que también amenaza con encarecer a los fertilizantes, golpeando a países dependientes como el Perú. (Fuentes: Andina)

El conflicto en Medio Oriente no solo eleva el precio del petróleo, sino que también amenaza con encarecer a los fertilizantes, golpeando a países dependientes como el Perú. (Fuentes: Andina)

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La situación es compleja para el Perú por su alta dependencia de la importación de fertilizantes sintéticos. De acuerdo con Mario Salazar Vergaray, presidente del Comité de Agroindustrias, Alimentos y Bebidas de ADEX, el 90% de los productos nitrogenados son importados, principalmente de China y Rusia, y poco más del 40% corresponde a urea.

“Cualquier interrupción en la cadena logística o de abastecimiento global, así como el encarecimiento del gas, impacta directamente en los costos de los fertilizantes, de los cuales importamos alrededor del 90%”, menciona a Día 1.

En esa línea, la logística portuaria también refleja la magnitud del flujo de estos insumos. Desde el inicio de operaciones, el Puerto de Chancay ha movilizado alrededor de 146.000 toneladas de fertilizantes y productos relacionados —como nitrato de amonio, sulfato de amonio y fosfatos—, y proyecta superar unas 140.000 toneladas adicionales este año.

AFIN sostiene que todos los terminales que presten servicios portuarios básicos deben operar bajo las mismas reglas y supervisión para garantizar competencia en igualdad de condiciones. Foto: Andina/ Referencial.

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Si bien el encarecimiento alcanza a todos los productores, son dos grupos los más afectados, según Milton von Hesse, director ejecutivo de von Hesse Consultores y ex ministro de Agricultura. El primero es la agricultura familiar intermedia, integrada al circuito comercial y abastecedora del mercado interno. Se desarrolla en la costa y selva alta; y de sus productores, quienes más demandan urea son los que cultivan papa blanca, arroz y maíz amarillo duro.

Un impacto mayor enfrentan los agroexportadores, que no solo utilizan urea, sino también fertilizantes más sofisticados para garantizar productividad y calidad. Se concentran en regiones como Ica, Piura, La Libertad y Lima, y ocupan menos del 5% de los terrenos agrícolas del país.

“El usar fertilizantes de última generación incide en la productividad, en la cantidad de toneladas que haces por hectárea, también en la calidad del producto, y eso permite cumplir con la demanda frecuente de los mercados internacionales”, menciona Von Hesse.

Uso de fertilizantes en los cultivos

Los requerimientos de fertilizantes varían según el tipo de suelo y de cultivo. En La Libertad, por ejemplo, su uso es mayor en los valles de agroexportación de Virú y Chao, irrigados por el Proyecto Especial Chavimochic. Estas zonas conservan características de tierras eriazas, con suelos naturalmente pobres en nutrientes, lo que incrementa la necesidad de fertilización.

Perú es el primer productor de arándanos y el segundo de paltas a nivel mundial. Ambos productos, junto con las uvas, el café y el cacao, se encuentran entre los principales de la canasta agroexportadora, lo que eleva la sensibilidad del sector frente al encarecimiento de insumos como los fertilizantes.

El arándano es uno de los pilares del boom agroexportador peruano. (Foto: Andina)

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En La Libertad, los cultivos más sensibles a este escenario son los de alta densidad, es decir, aquellos que requieren una mayor cantidad de plantas por hectárea, como los arándanos. Estos, actualmente en fase de brote —previa a la floración y fructificación—, demandan mayores niveles de fertilización, explica Yuri Armas, presidente de la ADAS.

“Estamos en el momento más sensible para los arándanos, lo mismo para las uvas y las frutas; es decir, los cultivos que son afectados [con el alza de precios] son aquellos que tienen potenciales de rendimientos altos y que necesitan mayor aporte de nitrógeno, potasio y calcio”, menciona.

Las fases fenológicas —es decir, el desarrollo biológico de una planta— también determinan el tipo de fertilizante y las cantidades a aplicar. Durante el crecimiento se utilizan productos ricos en nitrógeno, mientras que en la precosecha se prioriza el potasio, clave para la calidad del fruto. “Nunca dejamos de usar fertilizantes”, resalta Armas.

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