—Cada cinco años decimos que estamos en las elecciones más cruciales de la historia. ¿Hasta cuándo?
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—En esta elección, Keiko apela al modelo que dejó Alberto Fujimori. ¿Le alcanzará?
A pesar del golpe del 5 de abril de 1992, que fue apoyado por las Fuerzas Armadas y la opinión pública, Alberto Fujimori tuvo lo que fue considerado como un buen primer gobierno. Se detuvo la hiperinflación y se controló el terrorismo. Se avanzó con varias reformas económicas que dieron frutos. Tenía una preocupación genuina por los pobres del sector rural. Lo confirma el que en 1995 fuera reelegido con el 64% de los votos contra un candidato tan eminente como Javier Pérez de Cuéllar. Fue principalmente en su segundo gobierno en el cual se procedió a un solapado desmantelamiento institucional orientado a la reelección, vulnerando incluso la misma Constitución de 1993. Pero, el Perú del 2000 resultó un país distinto y mejor en muchos sentidos que el de 1990. Alberto Fujimori cometió delitos que pagó con más de 15 años de cárcel. Keiko Fujimori apela a los méritos del gobierno de su padre, pero también Fuerza Popular se ha constituido en un partido nacional. En la primera vuelta, Fuerza Popular ha ganado en más de 200 distritos en los que no ganó en el 2021.
—¿Será la segunda vuelta una batalla de antis? ¿Podrá Keiko Fujimori superar esta vez el anti? En las elecciones anteriores le ha ganado el considerado “mal menor”.
Va a haber mucho de antis y de miedos, es verdad. Es de esperar que de debajo de esos miedos surja la posibilidad de un gobierno abierto, tecnocrático, que convoque una unidad sobre objetivos esenciales de corto y largo plazo, que permita superar los desafíos y aprovechar las oportunidades, que permita cerrar las grietas del abismo social que subsiste y de un Estado que hoy funciona mal.
—¿El Perú tiene cura?
Sí, si diagnosticamos bien la principal enfermedad que hoy nos aflige que es la desconfianza. El grado de desconfianza interpersonal en el Perú es peligroso. ¿Qué debemos hacer para regresar a índices de confianza similares a los que ya tuvimos? El próximo gobierno debería fijarse metas a alcanzar en confianza interpersonal. Eso es clave. Gobierno y oposición, costa norte y sierra sur, Lima y regiones. León XIV es hoy el peruano en quien más confían sus conciudadanos. Debería el nuevo gobierno invitarlo para que venga a ayudarnos a recuperar confianza.
—¿La reunión entre Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski es esperanzadora?
Me parece un primer paso que ojalá se convierta en tendencia.
—¿Es posible una reconciliación nacional?
Sí es posible. En 1880, en plena guerra con Chile, el gobierno de Nicolás de Piérola cerró El Comercio por sus críticas. En 1895, 15 años después, el Perú sufrió una guerra civil. Murió el 1% de la población de Lima, un montón. Nicolás de Piérola pasó a presidir un gobierno que calificó de reconciliación nacional. Y en 1899, los editoriales de El Comercio elogiaron el orden institucional, la recuperación económica y el establecimiento de la paz que su gobierno había logrado.
“No resulta nada fácil la tarea de los organismos electorales”
—¿Considera que la elección de la primera vuelta ha sido una de las peores que se recuerde?
Hubo irregularidades inexplicables. El proceso funcionó mejor en las regiones que en la capital, lo que no deja de ser sorprendente. Especialmente, por la ajustada diferencia que hubo para el pase a segunda vuelta de un candidato que tuvo en Lima una baja votación. Y hay investigaciones que vienen sugiriendo además posibles actos de corrupción. Ahora bien, la elección de todas maneras iba a ser una muy difícil porque hubo, ¿cuántos en total?, ¡más de 6.000 candidatos! Cédulas de votación con más de 40 cm de largo y ancho, miembros de mesa heroicos que se apersonaron a sus mesas a las 6 a.m. del domingo y que muchas veces recién se liberaron a la madrugada siguiente. Hay que reconocer que toda elección es un proceso complejo, incluso en un club de barrio o para una representación estudiantil. Como mostró la película “Cónclave”, intentos de manipulación hay hasta en la elección del Papa. Y eso que en tales casos son solo cien y tantos cardenales y un Espíritu Santo que uno supondría activo. En la primera vuelta, tuvimos más de 6.000 candidatos y el Espíritu Santo parece que prefirió no opinar.

Integrantes de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ingresan material electoral, en el colegio Libertador San Martín en Lima, el 12 de abril de 2026. (Renato Pajuelo / EFE)
/ Renato Pajuelo
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—¿Qué pueden hacer los organismos electorales para recuperar la confianza de los ciudadanos?
Transparentar y comunicar mejor, para empezar. Si para el sábado no ha llegado el material a los distritos tales o cuales, pues advertirlo y salir a subsanar los contratiempos a tiempo. Identificar a priori qué podría generar sospechas, que podría ir mal, y hacer un adecuado manejo de crisis. Contar con auditorías más respetables. La segunda vuelta con dos candidatos será mucho más simple que la primera con 35. Toda la coordinación se va a simplificar mucho. Creo que volveremos a tener una elección normal. Y ojalá que la diferencia al final no sea de décimas sino de varios puntos, para que la encuesta de boca de urna ya permita sugerir un ganador. Si no, vamos a tener largas vigilias con la población muy enfrentada. En tiempos tan polarizados, no resulta nada fácil la tarea de los organismos electorales. Y nos falta aún las elecciones regionales y municipales de octubre. ¡Ya se habla de 40 candidatos para la alcaldía de Lima! Daría la impresión de un remate de saldos.













