Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Todo lo que podía salir mal, salió mal. Es una buena forma de resumir lo que pasaron los más de 830 mil peruanos que el domingo debieron cumplir con su deber cívico como miembros de mesa durante las Elecciones Generales 2026.
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Durante todo ese tiempo cientos de ciudadanos se iban sumando a una fila cada vez más grande en los exteriores de la universidad. Recién sobre las 10:30 a.m. se abrieron las puertas del local, pese a que algunas mesas no habían terminado de instalarse. “Eso hizo que se formen varias colas afueras de las aulas”, recuerda.
La mesa de Blácido recién pudo estar lista al mediodía, seis horas después de su llegada al centro.
A solo cinco kilómetros de ahí, en el IE Liceo Naval Capitán de Navío German Astete, ubicado en La Perla, Callao, Carla Bernal también sufría de una jornada llena de descoordinaciones.
La joven de 31 años había salido sorteada como segunda suplente y al llegar solo encontró a la presidenta de mesa. “Mi papá era quinto suplente en la misma mesa, pero por disposición de la ONPE no pueden haber dos familiares en una misma mesa. Entonces no me explico cómo los dos pudimos salir sorteados en la misma desde un inicio”, cuestiona Bernal.
Afortunadamente para ella, el material electoral ya se encontraba en su centro de votación por lo que alrededor de las 7:40 a.m. su mesa ya estaba habilitada.
El resto de la jornada transcurrió de forma tranquila, recuerda, hasta que una representante de ONPE pasó a anunciar la decisión adoptada por el JNE de ampliar la hora de votación hasta las 6:00 p.m.

Los incidentes registrados durante la jornada electoral llevaron a que se extienda hasta las 6:00 p.m. por disposición del JNE.
/ Paul Vallejos / EFE
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– El escrutinio: un proceso largo y repetitivo –
En ambos casos recogidos por El Comercio la ampliación del horario fue contraproducente, pues alrededor de las 5:00 p.m. el flujo de electores era mínimo, pero terminó alargando aún más la etapa de escrutinio.
“En mi mesa terminamos de contar poco más de la medianoche. Pero cuando nos retiramos aún veíamos que varias mesas faltaban por terminar. Afortunadamente nos organizamos bien entre los tres miembros y pudimos avanzar a buen ritmo”, comenta Blácido.
Según el joven, el conteo de votos presidenciales fue sencillo porque consistía en sumar los votos por cada candidato y luego pasarlos a la plataforma digital. “Pero para senados, diputados y parlamentarios andinos fue tremendo. Si lo hacíamos como quería la ONPE nos habríamos ido hasta las 3 o 4 de la mañana pero encontramos una forma más eficiente de hacerlo”, señala.
El proceso, detalla Blácido, consiste básicamente en hacer un repaso por el libro de cédulas contando los votos del partido, luego repasar contando los votos preferenciales y después hacer todo el conteo. “Y además, claro, luego de cada conteo tenías que pasar toda la información al sistema, voto por voto, la cantidad sumada y luego hacer doble verificación de que todo lo que hayas pasado estaba bien”, precisa.

Miembros de mesa siguieron realizando el proceso de escrutinio hasta horas de la madrugada debido a lo que califican como procesos tediosos y repetitivos, además de fallas logísticas.
/ César Grados / El Comercio
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Esta experiencia dejó en el joven la sensación de que “el proceso puede ser mucho más eficiente y me deja un poco de disconformidad en cómo se han manejado las cosas desde arriba, sobre todo comenzando por el tema del retraso del material electoral. Y también en cuanto a la cantidad de personal asignado, lo ideal hubiese sido tener un personal de ONPE por aula, sobre todo para que no demore tanto el proceso de instalación de la mesa”.
La experiencia de Carla Bernal no fue mucho mejor.
“Fue bastante pesado, debías ir columna por columna, en cinco elecciones a la vez. Lo más tedioso fue el voto preferencial: debías marcar el número en una casilla, luego poner ese mismo voto junto al número en otra lista, después de contar todo a mano debías pasar esa data al sistema para después imprimirlo y firmarlo”, explica la joven.
“En medio de todo eso tenías problemas con el sistema y encima las impresoras se quedaron sin tinta. Por todos esos retrasos me terminé quedando hasta la una de la mañana y cuando me fui aún había mesas contando”, agrega.
Durante una transmisión de América Televisión se podía ver que pasadas las siete de la mañana de hoy, lunes 13, miembros de mesa y personeros del colegio Jesús de Nazareth, en Villa el Salvador, continuaban saliendo del centro de votación.
“Nos trajeron tardísimo todos los materiales. Luego vimos que las impresoras no servían, se acabó la tinta, la máquina no tenía sistema. Todo tuvimos que hacerlo manualmente porque no había sistema”, reclamaba ante cámaras una mujer que había pasado toda la madrugada en el centro electoral participando del escrutinio.
Pese a haber estado 24 horas dentro del local, la mujer aseguró que personal de ONPE “no querían que ni siquiera conversemos por teléfono, pidamos una cena, no querían absolutamente nada”.
– Personal poco capacitado –
Una ciudadana que pidió mantener el anonimato narró a El Comercio que el personal de ONPE a cargo de su mesa de votación, en un local del Centro de Lima, evidenciaba no estar capacitada para acceder al sistema Solución Tecnológica de Apoyo al Escrutinio (STAE) implementado para este proceso.
“En mi caso el material estaba pero el personal de ONPE no parecía capacitado. Los miembros de mesa tuvimos que ayudarle a iniciar sesión porque no sabía ingresar al sistema desde la laptop. Los miembros de mesa nos ofrecimos a ayudarle así que nos dejó sus credenciales, usuario y clave, para ingresar y se fue a la otra aula que tenía asignada. Me dejó preocupada que todos podíamos acceder al sistema y a una clave que solo debía tener ella”, narró a este Diario.
La ciudadana brindó evidencia gráfica a El Comercio en la que se puede apreciar tanto la contraseña del personal de ONPE como una pantalla destinada al “uso del coordinador de mesa” que, entre otras funciones, le permitía por ejemplo realizar el control de asistencia de los miembros de mesa.
Al otro lado de la ciudad, en la Universidad Ricardo Palma, el material electoral llegó recién a las 9:00 a.m., según detalló a El Comercio Alexandra Condori, de 26 años que debió asumir la presidencia de su mesa de votación luego de que los dos miembros asignados se retiraran del local ante las demoras para el inicio del proceso.
“Yo estaba en la fila y comenzaron a llamar voluntarios. Yo había llegado a las ocho para votar, tuve que hacer una cola afuera de la universidad hasta que llegó el material, luego otra cola adentro y finalmente a las 10:30 nos ofrecimos tres chicas de voluntarias para instalar la mesa”, narra.
Condori señala que estaba previsto que en su aula se realice el voto electrónico; sin embargo, ninguna de las voluntarias recibió instrucción por parte de la ONPE al respecto por lo que decidió seguir el proceso de forma manual.
“En nuestra mesa no hubo laptop ni impresora, todo fue manual. Al momento del escrutinio tuvimos inconvenientes porque todo el material que habían llevado era para voto electrónico, de un formato más pequeño, y tampoco contábamos con los sobres lacrados para las actas. Tuvimos que usar los sobres lacrados para observaciones para sellar las actas. Terminamos sobre la medianoche y aún quedaban varias mesas procesando datos. Escuchamos que en otras aulas habían problemas porque el sistema fallaba o se había colgado”, asegura.














