Han pasado casi dos décadas desde que “28 semanas después” expandiera el aterrador universo de “28 días después”, y ahora, en 2025, Danny Boyle regresa al terreno que ayudó a redefinir con “Exterminio: La evolución” («28 Years Later», en su título original). Escrita por Alex Garland y protagonizada por Jodie Comer, Aaron Taylor-Johnson, Ralph Fiennes y el joven Alfie Williams, esta nueva entrega marca el inicio de una ambiciosa trilogía. Estrenada en Perú el 20 de junio, la película es tanto una continuación como una reimaginación formal y temática del apocalipsis infectado.
En Saltar Intro de El Comercio vimos la película y aquí te contamos qué nos pareció.
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Una experiencia visual innovadora
Una de las mayores apuestas de esta nueva entrega es su estilo visual. Danny Boyle, junto al director de fotografía Anthony Dod Mantle, decide romper las reglas tradicionales del cine de gran presupuesto utilizando 20 iPhone 15 Pro Max montados en anillos para capturar secuencias de acción. El resultado es un efecto “tiempo bala” al estilo “Matrix”, pero con una crudeza más cercana a un experimento punk que a una superproducción pulida.
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Estas decisiones técnicas, si bien generan momentos visualmente impactantes —como un tren solitario varado en medio de la nada o una torre de calaveras que hiela la sangre— también afectan la coherencia visual. A veces, la película luce como una obra maestra inmersiva; en otras, parece una cinta amateur grabada con un móvil. Esta irregularidad puede desconcertar a los espectadores más acostumbrados a estéticas homogéneas, pero le aporta un carácter arriesgado e impredecible que es, sin duda, sello de autor.
Un guion que comienza fuerte… y luego se dispersa
La película arranca con fuerza. Nos sitúa en el primer día del brote, en el momento exacto en que un sacerdote interpreta la infección como el inicio del juicio final. De ahí, saltamos 28 años en el futuro a un Reino Unido en cuarentena total, convertido en tierra de nadie, patrullada en sus fronteras por militares y habitada por supervivientes que han creado sus propias reglas.
Uno de los mayores aciertos de Garland es mostrar cómo el paso del tiempo ha transformado no solo a los humanos, sino también a los infectados. Ahora existen los “alphas”: infectados más rápidos, inteligentes, capaces de coordinar ataques y formar jerarquías. Este concepto da un nuevo aire a la mitología del virus y plantea una evolución biológica que lo acerca más a una distopía social que a una típica historia de zombis.
Lamentablemente, tras una primera media hora potente y atmosférica, el guion empieza a tambalearse. Se vuelve episódico, con encuentros que parecen desconectados entre sí y cuya única función es empujar a los protagonistas a la siguiente secuencia visual. Algunos personajes interesantes quedan desaprovechados, y la trama central se diluye entre decisiones narrativas que buscan más el impacto inmediato que la cohesión a largo plazo.
Los nuevos protagonistas: entre lo prometedor y lo desaprovechado
El joven Alfie Williams interpreta a Spike, un niño de 12 años que atraviesa un rito de paso con su padre: enfrentarse por primera vez a los infectados. Esta relación, central durante la primera parte, evoca los mejores momentos de “The Last of Us” o “The Walking Dead”, planteando un vínculo afectivo en medio del caos.
Jodie Comer, pese a su fuerza interpretativa, se siente infrautilizada, como si su personaje estuviera reservado para futuras entregas. Aaron Taylor-Johnson ofrece solidez en un papel lleno de matices, mientras que Ralph Fiennes interpreta con autoridad a un líder de comunidad cuya moral es más gris que blanca o negra. Jack O’Connell, en cambio, roba cámara en un giro final que funciona como posible escena postcréditos y promete mucho para la continuación.
Una evolución sociopolítica del apocalipsis
Uno de los elementos más interesantes de “Exterminio: La evolución” es cómo expande su universo a nivel político y social. Las nuevas comunidades humanas, tanto dentro como fuera de la zona de cuarentena, funcionan con sus propias reglas y estructuras jerárquicas. Al mismo tiempo, los infectados no son ya solo amenazas sin mente: también han formado algo parecido a “sociedades”, con sus propios patrones de comportamiento y liderazgo.
En este sentido, el guion plantea una metáfora sobre el aislamiento, la otredad y la gestión del miedo. No es difícil leer en su trasfondo una crítica velada al Brexit, al aislamiento británico y a los conflictos que surgen cuando se pierde la conexión con el mundo exterior.
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Boyle y su estilo punk: un caos bello pero imperfecto
Si algo sabe hacer Danny Boyle es imprimirle un sello autoral al género. Con su estética mugrienta, su ritmo frenético y su rechazo al cine convencional, consigue que “28 años después” tenga una identidad muy marcada. Las secuencias de acción, aunque no siempre fluidas, están cargadas de tensión y sorpresa. Algunas, como el ataque en un paso sumergido por la marea o la emboscada de los alphas, son pequeñas obras de terror postapocalíptico.
Sin embargo, esa misma irreverencia puede volverse en su contra. Hay momentos en que el montaje es tan frenético que cuesta seguir la acción, y otros en que el tono cambia bruscamente entre lo poético (con fragmentos de poemas y cine antiguo) y lo grotesco (con escenas de violencia explícita y desmembramientos que parecen sacados de una película de serie B).
Un primer paso que promete… pero no convence del todo
“Exterminio: La evolución” no es una película redonda. Su guion se dispersa, su ritmo es irregular, y su ambición narrativa supera su ejecución. Pero también es una obra con momentos visuales únicos, con ideas frescas sobre la evolución del virus y con una voluntad evidente de romper moldes.
Lo más importante es que siembra muchas semillas para las siguientes dos entregas de la trilogía. Ya se ha confirmado que “28 Years Later: The Bone Temple” llegará en enero de 2026, y si logra capitalizar las ideas planteadas en esta primera parte, podríamos estar ante una nueva era dorada del cine de infectados.
Conclusión
“Exterminio: La evolución” es una experiencia desigual pero fascinante. Danny Boyle regresa al género que ayudó a redefinir con una película que no teme tomar riesgos, tanto en lo visual como en lo narrativo. Es tan audaz como imperfecta, tan innovadora como frustrante, pero sobre todo, es una obra que no deja indiferente.
Puede que no alcance la perfección de “28 días después”, pero sí nos recuerda por qué ese universo sigue siendo relevante. Y mientras aguardamos las próximas entregas, lo que queda claro es que la infección está lejos de extinguirse.
La película ya está disponible en cines de Perú.



