jueves, agosto 13

El nuevo gobierno recibirá una agenda económica cargada de urgencias. Una de ellas, menos visible pero decisiva, es recuperar competitividad para atraer inversión en exploración minera e hidrocarburos. Sin exploración no se renuevan reservas; sin reservas, el país pierde capacidad de sostener producción, empleo, canon, regalías, ingresos fiscales y seguridad energética.

La minería muestra una señal positiva, pero insuficiente. En 2024-2025, el Perú creció 11% en inversión en exploración. Sin embargo, Argentina creció 60%, Brasil 32%, Chile 30%, Canadá 22% y Estados Unidos 21%. La conclusión es clara: el Perú aumentó su inversión, pero perdió participación relativa frente a competidores que crecieron más rápido. Y perder cuota de mercado es perder competitividad.

El país debería recuperar una participación mundial cercana al 6%, nivel que ya alcanzó en otros periodos. Hoy tiene apenas 4,6%. Esa diferencia muestra que el potencial existe, pero la recuperación todavía no alcanza. El desafío no es solo atraer más inversión, sino ganar participación de mercado.

¿Qué frena al Perú? El problema no es la geología, son las políticas públicas. El país tiene una dotación excepcional de cobre, oro, plata, zinc y otros minerales. Esa fortaleza lo mantiene en el radar global. Pero el Índice Fraser muestra que el atractivo de políticas para la inversión minera está por debajo de Canadá, Australia, Chile y Brasil. Tenemos buenos recursos, pero un entorno que frena su conversión en inversión efectiva. Los cuellos de botella están en seguridad patrimonial, estabilidad política, predictibilidad regulatoria, incertidumbre sobre concesiones y condiciones sociales en las zonas de influencia.

La misma problemática aparece en hidrocarburos. La exploración petrolera y gasífera viene de años de estancamiento y, aunque muestra señales de recuperación, aún no alcanza el nivel necesario para renovar reservas. Si no se reactiva, el país verá caer sus reservas de gas y petróleo, y dependerá más de importaciones futuras de combustibles. En este caso, exploración también significa seguridad energética.

Los precios altos ayudan, pero no resuelven las debilidades de nuestras políticas públicas. En minería, el oro y el cobre han tenido incrementos extraordinarios; en energía, el país conserva potencial. Pero aprovechar ese potencial requiere de reglas previsibles, instituciones confiables, permisos oportunos, menos tramitología, seguridad, diálogo territorial temprano, fortalecimiento de Perupetro, Senace y ANA, y predictibilidad jurídica.

La prioridad para el nuevo gobierno es clara: atraer inversiones en exploración minera e hidrocarburos para desarrollar nuestro máximo potencial. Esta no es una agenda sectorial; es una agenda de competitividad nacional. El Perú cuenta con minerales, gas, petróleo y talento. Lo que falta es decisión política para convertir este potencial en un mejor futuro para las siguientes generaciones.

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