¿Hasta qué punto el sector privado puede reemplazar al Estado en ciertos espacios, en donde la eficiencia y la capacidad de gestión están ausentes? Hay muchos mecanismos que ayudan a cerrar brechas muy importantes dentro y fuera de Lima. Pero, este equilibrio entre el deber del sector público y el sector privado no puede estar inclinado por demasiado tiempo de un lado o del otro.
Esta es una de las grandes dificultades que ha enfrentado el Perú en las últimas décadas. Si hay peruanos que consideran que el modelo económico no los representa, es porque el bienestar no los ha tocado. Y tienen razón, porque existe consenso respecto al fallido intento de convertir crecimiento en bienestar. Es momento de desterrar la idea de que la política corre en una línea paralela a la economía, para que no nos pase factura socialmente tarde o temprano. Esta es una de las reflexiones que nos deja el Dia1 Summit 2026, realizado esta última semana, y del cual podrán leer en esta edición.
¿Cómo hacer para que el crecimiento se convierta en desarrollo? En principio, tiene que haber crecimiento, y para eso, no podemos perder oportunidades en los próximos cinco años. Luego, habrá que hacer las cosas diferente. Fortalecer la presencia de las autoridades del gobierno central en las regiones es clave, pues es una manera de conocer las verdaderas problemáticas del país. Parte de ese acercamiento debe contar con un acompañamiento técnico para el mejoramiento de la ejecución presupuestal pública. La negociación política juega aquí un rol fundamental para la elaboración y aplicación de políticas, ingrediente básico para repensar la descentralización.
La cantidad de sinergias y mejoras que pueden aplicarse en el sector público, y entre el sector público y privado son amplias y posibles. Sin embargo –reitero– la relación entre el sector privado y el sector público no debe perder su equilibrio, pues ese contrapeso es lo que finalmente hará que las políticas públicas abran las puertas a los mejores ejecutores que, a través de las OxI o las APP, ayudarán a cerrar brechas. ¿Hasta qué punto se ayuda y hasta qué punto corresponde exigir con firmeza que las autoridades elegidas hagan bien su trabajo?
No importa cuántas mejoras se apliquen si no existe una verdadera intención de hacer las cosas por el bienestar general. Los liderazgos personales y egoístas no son constructivos; eso nos ha enseñado el último quinquenio.