Ángela es sorda; Héctor, oyente. Viven felices, pese a sus diferencias. Hasta que nace la hija de ambos y los problemas comienzan a aflorar. El entendimiento se paraliza, la comprensión se quiebra. “Sorda” es un drama que tiene a la discapacidad auditiva muy presente, pero se sostiene en la dinámica simple, universal e incómoda de una pareja en conflicto.
“Sorda” primero fue un cortometraje, estrenado en el 2021 y también protagonizado por Miriam Garlo. Cuatro años después de eso, tomó la forma del largo que funciona como la cinta inaugural del 29° Festival de Cine de Lima PUCP. A propósito de ello, conversamos con su directora, la española Eva Libertad.
–Más allá de la sordera, esta es una película sobre las relaciones de pareja y la dificultad para escucharse los unos a los otros, ¿no?
Sí era algo que me apetecía mucho explorar, adentrarme en ese mundo de parejas, de relaciones en las que hay mucho amor y voluntad de entenderse, pero que pese a ello no es sencillo. En el personaje Héctor, el esposo, yo puse muchas cosas con las que me identifico. Cosas que yo he vivido al acompañar a Miriam Garlo, la actriz protagonista que es mi hermana en la vida real. En Héctor hay torpezas que yo misma he cometido con Miriam. Porque en una relación de pareja, cuando empiezan los problemas, no vemos mucho más allá de la confrontación. Entonces lo que le pasa a la protagonista Ángela es lo que nos pasa a la mayoría de personas: que cuando las cosas se ponen difíciles, no tenemos la sabiduría ni la distancia emocional para accionar. Metemos la pauta, somos torpes, nos damos de bruces. Así es como lo vive Ángela también.
–Y es importante que no la victimices. Porque he visto muchas películas que recurren a ello con los personajes con discapacidad, los tratan de una forma condescendiente. Aquí Ángela se equivoca, muestra impaciencia, frustración…
Claro. Yo nunca quise construir un personaje sordo ejemplar. Para empezar, nunca quise escribir o construir una mujer sorda que fuese representante de todas las personas sordas. Eso es imposible, no tiene sentido, nunca estuvo nunca en mi cabeza ni en la cabeza de Miriam. Por otro lado, a mí me gusta mucho que los personajes femeninos sean imperfectos, como antiheroínas que meten la pata, que son impacientes, que generan más conflicto alrededor. Porque me veo yo misma allí, lo disfruto mucho. En el caso de Ángela sí fue una decisión consciente. De hecho, cuando estaba escribiendo el guion y estuve en algunos laboratorios y mentorías, me decían que corría el riesgo de que Ángela cayese mal. Y yo decía “muy bien, adelante”, me gusta cuando eso pasa. ¡Si muchas veces yo no me caigo bien a mí misma! Pero luego me reconcilio. Ángela está viviendo la primera de sus crisis como madre, pero es impaciente, en ocasiones rígida, en ocasiones demandante. Otra cosa que me decían es que el personaje de Héctor era demasiado perfecto, pero yo quería eso: un personaje masculino con inteligencia emocional, que cuidara, etc. Y me di cuenta de que había un doble rasero a la hora de medir a los personajes: si un personaje femenino no es perfecto, ya es malo; pero si un personaje masculino tiene algunas cosas buenas como las que mencioné, ya es perfecto.
–Antes de este largometraje, hiciste en el 2021 el corto también titulado “Sorda”. Aparte de eso, ¿ya habías trabajado otros proyectos vinculados a la sordera?
No, sobre la sordera no. Solo había experimentado la relación con Miriam, mi hermana, que ha sido muy determinante en mi vida. Yo a ella la he dirigido mucho en teatro, había mucho material allí. Ahora, hay una diferencia: el cortometraje del 2021 sí está inspirado en un momento de la vida real de Miriam, cuando ella empezó a plantearse ser madre y me compartió todos los miedos e inseguridades que sentía. Pero finalmente ella decidió no ser madre. Para este largometraje, en cambio, sí entrevisté a madres sordas, y he puesto cosas de mi vida que no tienen que ver con la sordera, sino con mis parejas, que se reflejan en la relación de Angela y Héctor.
–¿Cómo fue el trabajo con los actores, actrices y el equipo oyente de la película?
Lo primero que hice fue elaborar un dossier sobre sordera, para entregarlo a toda la gente que ha trabajado en la película, desde actores hasta distribuidores. Allí se hablaba sobre sordera desde diferentes ámbitos, tenía más de 50 páginas, así que todo el mundo me odió cuando lo mandé [risas]. Yo no sé cómo será allá en el Perú, pero aquí en España no se nos educa ni se nos sensibiliza sobre el tema, y si no tienes una persona sorda cerca, no sabes cómo comunicarte ni cómo tratarla. Por eso hice lo del dossier. También se impartieron dos clases largas de lengua de signos, para que los involucrados tuviesen algunas nociones para comunicarse. Y en el rodaje siempre tuvimos a dos intérpretes que ayudaban con la comunicación. Creo que se consiguió cierta sensibilización en el set, y se trabajó en la accesibilidad, pues no era un set 100% accesible, en absoluto. Se hizo el esfuerzo, hubo cuidados, y tanto el equipo técnico sordo como los actores y actrices se sintieron muy bien durante el rodaje. Creo que si se hacen pequeños esfuerzos, se consigue una mejora notable.

–¿Hay otras particularidades en la película que, como espectadores, quizá podríamos no percibir a simple vista?
Bueno, por un lado, para mí lo más difícil fue rodar con bebés. ¡Tuvimos siete bebés para hacer a Ona [la hija de la pareja]! Todos con sus respectivas madres y padres allí en el set. Toda la planificación que teníamos hecha, con los bebés saltaba por los aires. Eran muy complicadas esas escenas, pero cuando las ves luego te das cuenta que están muy vivas. Y en relación al estilo de la película, pues toda la fotografía está enraizada en la sordera. Por ejemplo, la relación de aspecto del encuadre está pensada para que entre la lengua de signos, para que entren los subtítulos. Yo ya venía de rodar el cortometraje, así que tenía esa experiencia; pero la directora de fotografía nunca había hecho algo así. Y cuando fue consciente de que tenía que entrar la lengua de signos en cada plano, entendió que eso te condiciona muchísimo. Por eso casi no hay primeros planos, y no podía haber planos de escucha, pese a que a mí me gustan los planos de escucha. Pero para mí una premisa de la película era que fuese accesible para todo el mundo. Por otra parte, también hice un dossier de arte sordo, sobre todo de pintores y pintoras sordas, para ver cómo captan la realidad. Y nos dimos cuenta de que los colores que presentaban siempre son muy puros. Por eso la imagen no tiene filtros. Además, la cámara está casi siempre puesta a la altura de los ojos, porque Ángela y las personas captan toda la realidad por la mirada: sus oídos son sus ojos. Hay muchas decisiones así.
–¿Viste otras películas sobre sordera a manera de inspiración?
Me han servido todas las películas sobre sordera que he visto, pero no tengo ninguna que sea una referencia clara. Desde “Sound of Metal” hasta la ucraniana “The Tribe”. Y también películas más antiguas, pero que fueron precedentes importantes, como “Children of a Lesser God” o “El milagro de Ana Sullivan”. Lo que más vi fueron películas sobre relaciones de pareja: revisé escenas de películas que recordaba, y también pregunté. Varios me marcaron la secuencia de la pelea de “Anatomía de una caída”, por ejemplo. También hay una discusión muy grande entre Sissy Spacek y Tom Wilkinson en “En la habitación” de Todd Field. Y vi varias películas de Joachim Lafosse, que tienen muchas parejas allí.
–¿Hay algún aprendizaje particular que te haya dejado esta película? ¿Alguna lección que haya aparecido después de filmarla?
[Piensa] Es súper complejo eso… Creo que mi relación con la sordera es más compleja ahora que antes de hacer la película. Porque la película me ha hecho tener contacto con muchas personas sordas, y antes de eso mi contacto era solo con gente conocida. En los coloquios, en los estrenos, he conocido muchas personas sordas y muchas otras maneras de estar en el mundo siendo sordo. Es algo que nos suele pasar: nos movemos dentro de nuestro ambiente, y cuando salimos de allí empezamos a ver mucha más diversidad. Eso lo he vivido con mucha más intensidad y nitidez. Algunas personas sordas me dicen “me identifico con esta película”; otras me dicen “no entiendo a Ángela en este momento”. Y con Miriam, el vínculo se ha expandido. Desde el principio intentamos proteger el vínculo de hermanas, diferenciarlo del de directora y actriz. Nos preparamos mucho para eso. Y si bien es imposible del todo, tener esa voluntad y esa conciencia nos ayudó bastante.
–¿Crees que, históricamente, el cine ha estado muy de espaldas a las personas sordas?
El cine va de la mano del momento social y creo que, en general, nuestras sociedades viven de espaldas a la sordera y a todas las discapacidades y diversidades. Yo en este caso puedo hablar de sordera porque mi hermana es sorda, pero no sé nada de otras discapacidades. De hecho, cuando empecé la película, le di muchas vueltas a cómo contarla, y a cómo legitimarme a mí misma, como persona oyente, para hacer una película protagonizada por una persona sorda. Y al final el lugar creativo que me funcionaba como directora y guionista fue el vínculo entre el mundo oyente y el mundo sordo. Porque es lo que yo puedo contar, lo que yo he vivido. Las complicaciones, las fricciones, las oscuridades que hay en ese vínculo, pero también la luz y el amor dentro de ese punto de encuentro y de desencuentro. En algún momento también me planteé hacer una película completamente sorda, pero entendí que es algo que yo no puedo contar. Desearía que alguien lo haga pronto, pero para que eso suceda creo que la industria tiene que diversificarse aún mucho más.
SEPA MÁS
- “Sorda” se proyectará el viernes 15 de agosto, a las 7 p.m., en Cineplanet Alcázar.
- La edición 19 del Festival de Cine de Lima PUCP se celebrará del 7 al 16 de agosto. Toda la información sobre los horarios y la venta de entradas se encuentra en https://festivaldelima.com













