Morir, por lo regular, no suele conducir a una nueva vida para una persona; sin embargo, eso es exactamente lo que le sucedió a Patrick Charnley.
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En una ocasión, tras su cirugía a corazón abierto, se convenció de que una enfermera estadounidense intentaba asesinarlo.
Pero estas alucinaciones también podían brindarle calma. Una de ellas lo llevó a un sanatorio en los Alpes, donde contempló las montañas nevadas mientras las enfermeras charlaban en la habitación contigua. La experiencia le proporcionó una dichosa sensación de seguridad.
A medida que recuperaba la vista poco a poco, los médicos se dieron cuenta de que sus problemas de visión estaban relacionados con una lesión cerebral. Su visión sigue parcialmente deteriorada, comparable a “mirar a través de un telescopio”.
Las pruebas cognitivas iniciales lo situaron en el 2% más bajo en cuanto a memoria y velocidad de procesamiento. Aunque ha mejorado enormemente, a veces todavía le cuesta retener la información inmediata.
Pero el impacto total de sus lesiones solo se hizo evidente al regresar a casa.
La fatiga severa le obliga a administrar su energía. “Nunca, jamás, me despierto sintiéndome renovado. Me despierto agotado todos los días, y la situación empeora a medida que avanza el día”, explica.
También ha experimentado cambios mentales a los que adaptarse. Patrick descubrió que “nada le importaba” tras su recuperación inicial. No se trataba de depresión en sí, sino de una apatía patológica que Patrick describe como una sensación de “flotar en el tiempo” sin suelo firme.
La terapia y la medicación le han ayudado a recuperar la motivación, y un psicólogo lo ha animado hacer duelo por la vida que perdió. Aun así, Patrick dice que echa de menos la espontaneidad de la vida y encajar con la gente de su edad “participando en la sociedad” como se espera, además de jugar activamente con sus hijos.
También siente remordimiento por su esposa, a quien cree que ha “subcontratado” como su memoria. “La verdad es que ella es mi cuidadora”, admite.
“Vivo como si fuera muy, muy viejo”.
A pesar de los grandes cambios, Patrick afirma que, en muchos sentidos, prefiere esta vida. Cambió de carrera para convertirse en escritor y afirma que ahora tiene más tiempo para gozar la vida.
“Vivo la vida con calma ahora, no por elección propia, sino porque tengo que hacerlo. Pero realmente lo aprecio. Veo la belleza de las cosas mucho más que antes… Siento que vivo una existencia mucho más plena al ser más lento”, dice.
“Mi perspectiva ha cambiado radicalmente. Me siento agradecido de estar vivo”.

Patrick de vacaciones con sus hijos en Lake District, Inglaterra
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Su relación con su familia también ha mejorado.
Puede reírse de las peculiaridades de su condición con ellos. “Creo que estamos más unidos que nunca, de verdad… tenemos un vínculo mucho más estrecho gracias a lo que ha pasado”, añade.
“Lo más importante para mí siempre ha sido mi familia, pero ahora puedo entregarme mucho más a ellos. Antes vivía casi en la superficie”, señala.
La situación única de Patrick le ha permitido liberarse de la rutina diaria del trabajo.
“Mucha gente se siente así… Estoy demasiado ocupado para vivir mi vida. No cambiaría lo que pasó”.
“Aun con las limitaciones, me gusta mi vida ahora. Me gusta estar en casa cuando los niños vuelven del colegio. Me gusta no tener prisa corriendo de una cosa a otra”.














