El anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer un bloqueo naval en el estrecho de Ormuz marca un nuevo punto de tensión con Irán. La medida, orientada a asfixiar los ingresos petroleros de Teherán, abre una interrogante clave en el escenario internacional: si se trata de una jugada de presión destinada a forzar una negociación o del inicio de una escalada que podría endurecer aún más la postura iraní y desestabilizar una de las rutas energéticas más sensibles, por donde pasa el 20% del petróleo mundial.
El anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer un bloqueo naval en el estrecho de Ormuz marca un nuevo punto de tensión con Irán. La medida, orientada a asfixiar los ingresos petroleros de Teherán, abre una interrogante clave en el escenario internacional: si se trata de una jugada de presión destinada a forzar una negociación o del inicio de una escalada que podría endurecer aún más la postura iraní y desestabilizar una de las rutas energéticas más sensibles, por donde pasa el 20% del petróleo mundial.
El bloqueo naval en el estrecho de Ormuz entró en vigor el lunes. La medida se da tras el fracaso de las negociaciones del fin de semana en Pakistán, donde no se llegó a un acuerdo para el fin de la guerra iniciada el 28 de febrero. En este punto, cabe precisar que se trata de un bloqueo del control que ya ejerce Irán.
MIRA: Las líneas rojas que hundieron la negociación entre EE.UU. e Irán y llevaron al bloqueo del estrecho de Ormuz
La orden de Trump apunta directamente a aislar comercialmente a Teherán, al impedir el tránsito de todos los buques que entren o salgan de sus puertos.
El presidente de Estados Unidos Donald Trump levanta el puño a su llegada al Aeropuerto Internacional de Miami, el 11 de abril de 2026.(Foto de Jim Watson / AFP).
/ JIM WATSON
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Trump amenazó el lunes con “eliminar de inmediato” cualquier buque iraní que se salte el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Por su parte, Irán advirtió que los buques militares que se acerquen al estrecho Ormuz violarán el alto el fuego.
Según el Comando Central de Estados Unidos, el operativo se aplicará de manera “imparcial” a embarcaciones de cualquier país vinculadas a puertos iraníes, estableciendo en la práctica un cordón naval que permitirá interceptar, inspeccionar e incluso capturar naves que violen el bloqueo. No obstante, Washington aseguró que no se cerrará completamente el estrecho de Ormuz, ya que los buques que no tengan relación con Irán podrán continuar su tránsito con normalidad.
Trump también ha dado instrucciones a la Armada para que busque e intercepte a todos los buques en aguas internacionales que hayan pagado un peaje a Irán.
El objetivo central de la medida es cortar los ingresos petroleros iraníes, principal fuente de financiamiento del país, y forzar a Teherán a negociar en condiciones más desfavorables para los intereses de Washington. Trump ha defendido el bloqueo como una acción necesaria para evitar lo que califica como una “extorsión” por parte de Irán en la región.
Desde el punto de vista legal, el bloqueo se ampara en normas del derecho internacional que lo consideran una herramienta de guerra, siempre que sea declarado formalmente, aplicado sin discriminación y no afecte el acceso de países neutrales ni el suministro de ayuda humanitaria. Sin embargo, su implementación eleva significativamente la tensión en una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo.

El estrecho de Ormuz fue minado por Irán. (EFE).
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Irán formalizó el cierre del estrecho de Ormuz el 2 de marzo, aunque posteriormente mantuvo un esquema parcial de apertura bajo control militar: permitió el tránsito solo a embarcaciones que coordinen previamente con sus autoridades y, en algunos momentos, excluyó directamente a buques vinculados a EE.UU. e Israel.
En paralelo, Teherán impulsó un sistema de peaje obligatorio —incluso planteado en criptomonedas o tarifas millonarias— como condición para cruzar el paso, una medida ampliamente cuestionada por contradecir el derecho internacional.
En tanto, el Gobierno de Pakistán dijo el lunes que está buscando celebrar una segunda ronda de negociaciones entre Estados Unidos e Irán y asegurar una prórroga del alto el fuego más allá del 22 de abril.
El trasfondo del bloqueo del estrecho de Ormuz
Una pila de ejemplares del diario iraní Jame Jam con el titular «Acantilado Marítimo» se exhibe frente a un quiosco en Teherán, Irán, el 13 de abril de 2026. (EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH).
/ ABEDIN TAHERKENAREH
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
El analista internacional Francisco Belaunde Matossian considera que el bloqueo naval responde a una lógica múltiple que combina presión y cálculo político. “Es un poco de todo: disuasión, escalada y también un intento de forzar negociaciones en mejores condiciones para Washington”, afirma a El Comercio, al tiempo que advierte que la medida refleja las dificultades de la administración Trump para encontrar una salida al conflicto.
En esa línea, explica que el objetivo central del bloqueo es asfixiar económicamente a Irán, privándolo de sus ingresos petroleros, bajo la apuesta de que esa presión termine obligándolo a ceder. Sin embargo, subraya que Teherán ha construido su estrategia precisamente en torno a su capacidad de generar un impacto global. “Irán sabe que puede resistir en el corto plazo y provocar un caos energético y económico que afecte no solo a la región, sino también a Estados Unidos y al mundo”, sostiene.
Belaunde advierte que el país persa juega con los tiempos y con su posición geográfica, consciente de que cualquier alteración en el tránsito por el estrecho tiene consecuencias inmediatas, como el alza del precio del petróleo. En ese contexto, no descarta que Irán opte por acciones indirectas o limitadas, como ataques a infraestructuras o a terceros actores, evitando un enfrentamiento directo que provoque una respuesta militar masiva de Washington.
Desde el ángulo político, señala que Teherán se percibe en una posición de fuerza, lo que reduce sus incentivos a ceder en temas clave de la negociación, como su programa nuclear o su influencia regional. No obstante, considera probable que, ante el aumento de la presión, ambas partes terminen regresando a la mesa de diálogo, aunque sin garantías de avances rápidos.
Para el especialista en temas de defensa e inteligencia Andrés Gómez de la Torre, la decisión de Estados Unidos debe entenderse como una consecuencia directa del fracaso de las negociaciones entre Washington y Teherán. “Las diferencias entre ambas partes, reflejadas en sus respectivas propuestas, han terminado por empujar esta medida como un mecanismo de presión”, explica a El Comercio.
Desde el punto de vista militar, advierte que un bloqueo es una operación de carácter beligerante, propia de escenarios de conflicto armado, que busca impedir el tránsito de buques y aeronaves en zonas controladas por el adversario. Sin embargo, en este caso, subraya que la intención de la administración Trump sería aplicar la restricción a embarcaciones de todas las nacionalidades, lo que eleva su complejidad debido a la importancia geoestratégica del paso marítimo.
“El estrecho no solo conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán, sino que involucra a actores regionales clave como Emiratos Árabes Unidos y es una vía esencial para el comercio energético global”, señala.
Para Gómez de la Torre, el trasfondo de la medida es claro: una estrategia de coerción económica orientada a recortar los ingresos petroleros iraníes y forzar un cambio en su postura negociadora. No obstante, advierte que Teherán también ha utilizado históricamente el control del estrecho como carta de negociación, lo que configura un escenario en el que ambas potencias instrumentalizan esta ruta marítima para obtener ventajas.
China, el principal perjudicado
Un buque petrolero atraca en la terminal de crudo del puerto de Qingdao, en la provincia oriental china de Shandong, el 19 de marzo de 2026. (Foto de CN-STR / AFP).
/ –
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Un elemento clave en este escenario es el papel de China, principal comprador del petróleo iraní. Aproximadamente el 80% del crudo que exporta Teherán tiene como destino Beijing.
El petróleo iraní representa entre el 8% y el 15% de las importaciones de crudo de China, dependiendo del contexto de sanciones y disponibilidad en el mercado.
Su valor para Beijing radica en factores como precio más bajo, pues lo compra con descuentos debido a las sanciones internacionales contra Irán; la flexibilidad comercial y la seguridad estratégica, porque reduce la dependencia de proveedores más alineados con Occidente, como Arabia Saudita.
Según Belaunde, Estados Unidos apuesta a que China ejerza presión sobre Irán para que renuncie al cierre del estrecho.
“China es uno de los actores más afectados por el bloqueo, no solo por el petróleo, sino por el impacto en cadenas críticas como fertilizantes o insumos tecnológicos”, explica.
En ese contexto, sostiene que el desarrollo de la crisis dependerá en gran medida de la interacción entre estas potencias y de hasta qué punto el impacto económico global acelere una salida negociada o, por el contrario, profundice la confrontación.
Gómez de la Torre coincide en que “el problema del estrecho de Ormuz no es solo un asunto bilateral, sino un nodo de impacto global”. En ese sentido, destaca el papel de China como uno de los principales actores afectados, debido a su dependencia del crudo iraní, lo que introduce un factor adicional de tensión en un contexto en el que Washington y Beijing mantienen una relación estratégica compleja y está en agenda una visita de Trump al gigante asiático.
En este escenario, concluye, el bloqueo podría derivar tanto en un endurecimiento de las posiciones como en una reconfiguración de las negociaciones, pero con el riesgo latente de ampliar la crisis más allá de los dos actores directamente involucrados.




