Estados Unidos anunció hace unos días a los cuatro astronautas que integran la misión Artemis III, poco más de un mes después de realizarse con éxito la misión Artemis II que orbitó la Luna, después de unos 50 años de las misiones Apolo. Este nuevo reto será de ensayo para preparar el regreso del ser humano al suelo lunar, previsto para el 2028. Pero Estados Unidos no es el único interesado en llegar al satélite natural de la Tierra. China es el rival directo en esta nueva carrera espacial.
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Al igual que Estados Unidos trabaja con la Agencia Espacial Europea (ESA), China también trabaja con alianzas, señala el especialista, con países como Rusia, Italia, Suiza, y “también tiene participación incluso con instituciones internas de Estados Unidos”.
Desde los primeros pasos
La carrera espacial del siglo pasado tuvo como protagonistas a Estados Unidos y la Unión Soviética (URSS), pero también intervinieron otros países.
Se suele mirar el año 1957 como fecha de inicio, cuando la URSS lanzó el primer satélite artificial en órbita, el Sputnik 1. Un año después lo hizo Estados Unidos con el Explorer 1.
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Francia hizo lo mismo en 1965 con el lanzamiento de Astérix y unos años después la NASA sorprende con la misión lunar Apolo 11. Para 1970 Japón logra el lanzamiento de su satélite Ōsumi y ese mismo año entra China en la lista, con su satélite Dong Fang Hong 1, siendo la quinta potencia en carrera.
“Ese momento fue bastante importante para ellos porque se dieron cuenta de que tenían las capacidades básicas para poder fabricar satélites, para desarrollar cohetes orbitales, para operar una misión espacial de manera totalmente independiente», indicó Vilchez.
Una de las claves ha sido, señala el especialista, el desarrollo de lanzadores y la familia de cohetes de Larga Marcha (Long March) llamados Chang Zheng.

Un astronauta, o taikonauta, fuera de la estación espacial Tiangong. (Foto: AFP)
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Gracias a estos cohetes es que enviaron satélites de comunicaciones, meteorológicos, de observación terrestre, y también misiones tripuladas. En los últimos 30 años ha logrado desarrollar su programa espacial como las principales potencias.
“China es el único país que tiene una estación espacial propia [Tiangong], también enviaron una constelación de satélites de posicionamiento global, que en este caso es el BeiDou, ya empezaron también a enviar sondas lunares como las Chang’e, sondas que van a otros planetas dentro del sistema solar mediante las misiones Tianwen“, detalló el docente.
Algunos hitos que han tenido en este siglo son los siguientes:
En el 2003 logra su primera misión tripulada Shenzhou 5, llevando al primer taikonauta, Yang Liwei. En el 2011 instala su primer laboratorio Thiangong-1 que será completado en el 2021 como su estación espacial Tiangong. En el 2019 se realiza la misión Chang’e 4, que logra alunizar un módulo lunar en el lado oscuro de la Luna. En el 2020 se lanza la misión Tianwen-1, con un orbitador a Marte.
Las próximas misiones de China
Beijing tiene una agenda diferente a Estados Unidos, pero con finalidades similares.
Un año clave para China es el 2030, para cuando se propone llegar a la Luna, construir una base lunar y, quizá, luego llegar a Marte.
Mientras que Estados Unidos tiene a la nave Orión y el lanzador SLS, China desarrolla la nave espacial Mengzhou (“Nave de ensueño”) y el cohete Larga Marcha 10, hecho para impulsar naves hasta la Luna. De hecho, para este 2026 se tienen programadas pruebas de este sistema. En febrero se probó con éxito la cápsula de escape del Mengzhou.
También este 2026 se espera el despliegue de la red de satélites Guowang que competirá con Starlink, la red de internet satelital.
Por otro lado, señala un informe de la agencia AFP que para 2035 se espera iniciar la construcción de la Estación Internacional de Investigación Lunar, cerca del polo sur de la Luna, donde se cree que hay agua en forma de hielo. Cuenta con apoyo de Rusia.
Objetivo en común
Sin embargo, citando al astrofísico y analista espacial Jonathan McDowell, señalan en AFP que China no habla de competencia o “carrera lunar”. “Son ambiciosos con el futuro de sus programas y ven a la Luna como el paso más lógico por su propio interés, no por rivalidad”, indicó.
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Vilchez considera que el objetivo de llegar a la Luna, desde la comunidad científica en general, es “obtener recursos in situ en la Luna, como por ejemplo agua“. Por un lado, el agua permite que el ser humano pueda sobrevivir, pero también se puede obtener recursos para impulsar naves.
“Con el agua uno puede obtener hidrógeno y oxígeno y con estos elementos uno puede obtener justamente propelentes que van a permitir a vehículos de lanzamiento llegar, por ejemplo, a Marte”, explicó el investigador.
En ese sentido, consideró que la actual carrera espacial es más cautelosa respecto al siglo XX. “Es más cuidadosa, más cautelosa, aprendiendo de todas las catástrofes que hubo anteriormente”, indica. Por ello, algunas claves para el éxito serán el desarrollo de vehículos de lanzamiento, y otro de los puntos también será el apoyo económico.














