jueves, febrero 19

Con la reciente remoción de José Jerí, son ocho los presidentes que han transitado por Palacio de Gobierno desde julio del 2016. De ellos, solo Francisco Sagasti completó el encargo. Evidentemente, estamos ante un grave problema de estabilidad y, en consecuencia, de predictibilidad. Una mirada pesimista podría decir que nada cambia. En el Parlamento, de hecho, su composición se mantiene intacta.

Además, es altamente probable que el Ejecutivo ralentice aún más sus acciones, al menos, por las siguientes dos semanas, postergando decisiones gruesas y urgentes. Evidentemente, las funciones vitales se mantendrán en estado de hibernación, aunque los salarios públicos no dejarán de honrarse.

En cuanto al Parlamento, es indudable que el liderazgo ha sufrido un quiebre. APP, Fuerza Popular y Somos Perú, agrupaciones sobre las que se sostenía Jerí, no necesariamente serán el soporte de quien lo suceda. Una señal inequívoca de ese quiebre es la incapacidad para proponer un candidato de consenso. Al final fueron cuatro las candidaturas puestas en la parrilla, ninguna de ellas identificable con las fuerzas mencionadas al inicio de este párrafo.

Si bien en algún momento se pensó en Roberto Chiabra como reemplazante de Jerí, ello no se concretó. Por la noche, Chiabra se refirió a ello mediante una publicación en su cuenta de X. Entre otras cosas, escribió: “No quieren un presidente que no pueden controlar” (X, 17/2/2026).

Ciertamente, el mencionado liderazgo congresal va a retener la Mesa Directiva, a pesar de haber sido elegido junto al censurado Jerí el 26 de julio pasado. No obstante, esto no asegura ni que vayan a tener una coordinación muy cercana con quien se eligió ayer ni que proyecten sus influencias sobre determinados sectores del Ejecutivo.

En materia electoral, en cambio, el impacto de la remoción de Jerí parece menor. Sus enredos acapararon titulares en las últimas semanas, distrayendo la atención que suelen tener los candidatos en una coyuntura electoral.

Por otra parte, y al margen de la posición que tomen, el comportamiento de las distintas bancadas en el Parlamento poco sumará o restará a las pretensiones electorales de sus respectivos candidatos. El desprestigio que arrastran hace que se espere poco de la representación congresal.

¿Qué viene? Al cierre de esta columna, aún no se había iniciado la votación para definir al sucesor de Jerí. Pero cuando se lean estas líneas, el misterio se habrá despejado. La duda, entonces, se centrará en si el nuevo encargado de la presidencia es consciente de la responsabilidad entregada.

Se reclaman desde diversas tiendas partidarias estabilidad e institucionalidad, una aspiración legítima y necesaria. Pero estas preocupaciones deberían reposar en un comportamiento que no deje dudas. Ya es tiempo de que la frase “el presidente representa a la nación” deje de ser tan manoseada por nuestras fuerzas políticas.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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