En medio del calor del verano y de las actividades que se desarrollan en las academias deportivas, muchos padres y cuidadores cometen el error de creer que, debido al esfuerzo físico y las altas temperaturas, los niños necesitan bebidas energizantes o jugos comerciales para “recuperar energía”. Sin embargo, el Seguro Social de Salud (Essalud) advierte que el consumo de esos productos puede ocasionarles sobrepeso, diabetes y enfermedades cardiovasculares.
Así lo señala la doctora Magali Mendiola, endocrinóloga pediatra del Hospital Nacional Guillermo Almenara Irigoyen, quien destaca que el agua pura y la fruta fresca son los únicos aliados necesarios para la hidratación infantil.
Según la especialista, los niños poseen la energía suficiente de forma natural para realizar actividades físicas diarias. “Si un niño realiza deporte durante una o dos horas no corresponde el uso de bebidas energizantes, pues estas bebidas aportan un exceso de sales y azúcares que el organismo infantil no requiere para actividades de juego o deportes básicos, convirtiéndose en un riesgo para su salud metabólica en el tiempo”, dice.
Explica que los líquidos azucarados como gaseosas, jugos en caja y energizantes no generan sensación de saciedad o llenura, entonces los niños van a comer sus demás alimentos con normalidad, generando mayor cantidad de calorías.
“El consumo de esas bebidas de 600 mililitros representan un exceso sobre el límite de azúcar diario recomendado para un niño y no aportan nutrientes para su crecimiento. Más bien son calorías vacías, solo contribuyen al aumento de la masa grasa. Esta situación se agrava durante la temporada de verano, cuando el incremento en el consumo de helados y chupetes se suma a la carga de azúcar de las bebidas, comprometiendo la salud futura del niño”, afirma la doctora.
Anota que el exceso de azúcar se transforma en grasa en el cuerpo, elevando no solo los niveles de glucosa, sino también los de grasas en la sangre, lo que lleva al sobrepeso y, a largo plazo, a enfermedades cardiovasculares y diabetes.
La especialista recomienda brindar a los niños espacios de actividades físicas e impulsarlos a beber agua como una prioridad, así como el consumo de refrescos caseros e infusiones naturales sin agregar azúcar.
Finalmente, subraya que las aguas frutadas son otra buena alternativa. Para ello -explica- se pueden colocar trozos de fruta fresca dentro del agua, a fin de dar sabor natural y que los niños la puedan beber y disfrutar.
“También recomendamos el consumo de la fruta entera de estación en lugar de productos procesados, para reponer la energía si fuera necesario”, acota.
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