Dime qué vas a presentar para oponerme. Esa parecería ser la actitud de la bancada de Juntos por el Perú en la Cámara de Diputados, pero negarse a todo sin mayores argumentos ya le está pasando factura, incluso más rápido de lo que ellos hubieran calculado.
Si bien su primera derrota estruendosa fue el fracaso en el intento de censurar al ministro del Interior, César Astudillo, el rechazo absoluto a otorgar las facultades extraordinarias para legislar, solicitadas por el Ejecutivo, también ha terminado siendo desechado por sus pares de la Cámara Baja.
Juntos por el Perú creyó que enviando al archivo el pedido del Ejecutivo iba a arrinconar a un gobierno que todavía no cumple 100 días de gestión. No calculó que quienes fueron sus aliados para ganar la Mesa Directiva de Diputados le iban a dar la espalda al no estar de acuerdo con ser catalogados como oposición irresponsable y sin argumentos.
Si bien el Ejecutivo no midió al enemigo que se enfrentaba cuando presentó 66 iniciativas como parte de las facultades, debería ahora aprovechar la coyuntura para con sus diputados enriquecer el texto sustitutorio que saldrá de la Comisión de Constitución. No es momento del “todo o nada”, sino de salvar unas facultades que estaban perdidas.
La censura al ministro César Astudillo es otra historia. Cuando parecía que la suerte del general EP en retiro estaba echada se produjo lo inesperado. Primero una escueta declaración del líder de Ahora Nación, Alfonso López Chau: “Hay que pensar en el Perú”, que dejaba entrever que su agrupación no apoyaría la salida del titular del Interior. Luego vino la carta abierta del diputado Harvey Colchado, exhortando a no apoyar la censura. El desencanto de los más entusiastas “barristas” del exrector y del policía en retiro fue inocultable. Jamás pensaron que precisamente los personajes que ellos ayudaron a encumbrar con tanto ahínco se bajaran del barco de la oposición radical.
Luego fue la bancada de Obras, que recibió el jalón de orejas de su fundador Ricardo Belmont, opuesto a la censura. La bancada del Partido del Buen Gobierno, que estuvo de acuerdo con la salida del ministro, cambió de opinión tras reunirse con él. La decisión se caía de madura. Bastó el retiro de tres firmas de la moción para que esta fuera inviable al no cumplir con los requisitos.
Juntos por el Perú se va quedando solo en su intento de oponerse a todo. Parece evidente que Obras, Buen Gobierno y Ahora Nación no quieren verse identificados con una oposición irracional que solo buscaría el fracaso de un gobierno para pescar a río revuelto.
Tampoco les debe hacer gracia identificarse con el razonamiento del excandidato presidencial Roberto Sánchez, cuyo mayor argumento para oponerse a las facultades fue calificarlas de “mamarracho”.
¿Será que ha llegado el momento de abrir nuevos puentes en un diálogo indispensable entre Ejecutivo y Legislativo?
Para que ello se concrete será necesario un renovado entendimiento, y aprovechar que los últimos hechos demuestran que no toda la oposición quiere estar en la vereda radical de Juntos por el Perú, porque esa foto no les gusta.



