El Campeonato Sudamericano de Vóley 2026, que se juega en el Polideportivo Lucha Fuentes de Villa El Salvador, no llega solo como una competencia internacional más. Su presencia en el país se convierte en un termómetro y catalizador del momento particular que vive el vóley femenino peruano: un deporte que ha recuperado vigencia mediática, que volvió a llenar tribunas en la liga y que hoy recibe, quizá como premio a esa reactivación, uno de los torneos más importantes de la región.
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Raquel Rodríguez, periodista especializada, coincide en que el beneficio trasciende lo inmediato. “Competir con equipos brasileños siempre nos ayudará a crecer… estos eventos son una vitrina para que en un futuro puedan llegar más jugadoras de nivel”. La frase es clave: Brasil no solo es potencia, también es un espejo. Chocar con clubes que tienen en nómina a figuras como Camila Brait, Bianca Cugno o Dani Lins no solo exige; revela dónde estamos y qué falta.
Rodríguez también recuerda una verdad que perdura pese a los vaivenes: “El vóley es irremplazable en el corazón de los peruanos”. Es cierto. Si la liga crece es porque encuentra un terreno fértil en una afición que nunca desapareció. Lo que el Sudamericano hace es reactivar esa conexión desde la competencia internacional, un escenario donde los afectos se renuevan y, a la vez, se ponen a prueba.
Hay, además, un ingrediente que impacta directo en la cancha: por primera vez veremos a los clubes peruanos sin límite de extranjeras en simultáneo. Eso, como apunta Ríos, puede transformar radicalmente el rendimiento de Alianza Lima y Universidad San Martín, elevando el nivel competitivo y mostrando versiones más potentes de lo que suele verse en la liga doméstica.
En este mismo eje, la mirada de especialistas como José Geldres aporta un matiz adicional: para él, “tener un torneo de relevancia internacional en definitiva es una excelente vitrina para el voleibol peruano y su objetivo de resurgir, ya que atrae prensa y potenciales auspicios”. Resalta que el vóley femenino, considerado el segundo deporte colectivo del país, vive un resurgimiento tangible: el subcampeonato en la Copa América de selecciones, la ampliación del universo de jugadoras y la inédita participación de un club peruano en el Mundial, como ocurrió con Alianza Lima. También subraya que el reglamento sin límite de extranjeras en cancha puede potenciar a los equipos nacionales, y recuerda que en el Sudamericano 2025 un club peruano ya dejó fuera a un brasileño, algo impensado hace algunos años.
La perspectiva desde la propia cancha también enriquece la lectura del torneo. Para Eduardo Romay, capitán de la selección masculina, el impacto no es solo deportivo: “A nivel de marketing y publicidad es importante que el peruano siga viendo vóley porque eso alimentará al deporte. Sobre todo porque van a ver a sus equipos favoritos contra equipos grandes de Sudamérica”. Señala que la liga nacional ha alcanzado un nivel que le permite competir sin complejos en el entorno sudamericano, y que este torneo es una oportunidad concreta para confirmar ese crecimiento ante el público local.
Pero si de proyección se trata, el Sudamericano también ofrece un cartel internacional digno de análisis. Por el lado de Brasil, el nivel pone a prueba cualquier ambición: en Osasco Voleibol Clube brillan figuras como Camila Brait y Bianca Cugno, ambas con experiencia en la élite continental; mientras que en SESI Vôlei Bauru destacan nombres como Dani Lins, campeona olímpica, y Diana Duarte, actual integrante de la selección brasileña. Este tipo de nombres no solo eleva la calidad de la competencia; crea un medidor real para cualquier equipo que aspire a crecer.
Y dentro de nuestro propio país, el campeonato será una vidriera para las figuras que ya han empezado a consolidarse en el imaginario colectivo. Jugadoras como Maeva Borlé y María Alejandra Marín en Alianza Lima, Paola Rivera en San Martín, y Nicole Abreu en Regatas Lima no solo viajarán a la cancha con la camiseta de sus clubes: lo harán como embajadoras de una liga que hoy marca tendencia en la región.
Este Sudamericano no es una meta más. Es, como lo han señalado voces especializadas, una plataforma para medir el progreso, confrontar la realidad del vóley peruano con los mejores de Sudamérica e inspirar a toda una generación de jugadoras que hoy ya no solo sueñan con la selección, sino con competir (y ganar) internacionalmente.
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