Han pasado algunos días desde que Mano Menezes retornó al Perú para empezar a trabajar como técnico de la selección peruana. Lejos de los flashes y los discursos formales, el técnico brasileño ha empezado a hacer lo que mejor entiende: mirar fútbol. Mirarlo de cerca. Sentirlo. Tomar nota sin apuro. En silencio. Acompañado por su círculo más cercano y por quienes hoy sostienen el proyecto deportivo de la Federación Peruana de Fútbol.
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“Tiene mucha llegada al jugador y creo que no hay jugador que te pueda hablar mal de él, es muy parecido a Paulo Autuori, con un poco más de seriedad que Paulo, Menezes es serio, respetado en Brasil y un tipo muy inteligente”, añadió.
La primera parada fue en el Estadio Miguel Grau, donde Sport Boys igualó sin goles ante Deportivo Moquegua. En la tribuna estuvieron Menezes, su asistente Sidnei Lobo, el también asistente Thiago Kosloski, Jean Ferrari, director de selecciones de la FPF, y Rodrigo Norvani, jefe de equipo. No hubo gestos grandilocuentes. Sí miradas largas, apuntes breves y comentarios al oído. De esos que no salen en cámara, pero dicen mucho.
El domingo la gira continuó en el Estadio Monumental, para el triunfo de Universitario de Deportes por 1-0 ante FC Cajamarca. Antes del pitazo inicial, Menezes bajó por el ascensor rumbo al camerino crema. Saludó uno por uno. Un gesto simple, directo, que habla más de cercanía que de protocolo. El técnico quiso conocer a los jugadores, mirarlos a los ojos, entender el clima interno. Pequeños detalles que, para un entrenador de su recorrido, nunca son menores.
En esta primera observación en vivo ya hay nombres que quedaron subrayados. Anderson Santamaría, Diego Romero y Brandon Palacios aparecieron en el radar. En el caso de Palacios, más allá de cualquier discusión futbolística, llamó la atención su sacrificio táctico, el recorrido incansable por la banda, el desgaste físico sostenido durante todo el partido. De esos esfuerzos que no siempre se celebran, pero que los entrenadores valoran en serio. Menezes no habló. No prometió nada. Solo observó. Y, por ahora, eso ya es bastante.













