El crecimiento económico del Perú en 2025 habría superado el 3%, una sorpresa positiva frente a las expectativas de inicios de año. En ese momento, nuestras proyecciones ubicaban la expansión económica por debajo de ese umbral, y aunque varios analistas eran algo más optimistas, pocos anticipaban un crecimiento claramente superior al 3%. Este resultado es particularmente relevante porque marca una mejora sustantiva respecto al magro desempeño promedio de los cinco años previos, cuando la economía creció apenas 1,1% anual. Más aún, el reciente repunte ha estado liderado por la inversión, un componente clave para sostener el crecimiento en el mediano plazo.
Para 2026, las perspectivas económicas apuntan a que el producto interno bruto crecería nuevamente a una tasa cercana al 3%. Desde el punto de vista estadístico, las tendencias actuales respaldan una trayectoria en torno a esa tasa. Desde el ángulo estructural, debido a la sólida demanda de metales para la transición energética, los términos de intercambio siguen siendo ampliamente favorables, lo que debería estimular la inversión minera y la actividad económica en sectores vinculados. Las elecciones de abril podrían introducir algo de incertidumbre, pero en la actualidad, no parece ser el factor predominante. Mirando hacia el mediano plazo, las proyecciones del FMI sitúan el crecimiento promedio en alrededor de 2,5% en los siguientes cuatro años, es decir, un ritmo similar al de la economía mundial.
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El problema es que crecer al mismo ritmo que el promedio global implica un elevado riesgo de quedar atrapados en la trampa del ingreso medio. Este fenómeno suele manifestarse cuando los países alcanzan niveles de ingreso per cápita cercanos al 11% del de Estados Unidos, una situación en la que el Perú se encuentra actualmente. El riesgo se agrava si se considera el deterioro institucional observado en los últimos años, reflejado en un aumento del crimen, un gasto público ineficiente y mayores probabilidades de enfrentar desequilibrios fiscales en el futuro. Si esta tendencia persiste, escenario que consideramos altamente plausible, el crecimiento promedio podría incluso caer por debajo del 2,5%. A ese ritmo, la reducción de la informalidad será extremadamente lenta, y el Perú tardaría casi 40 años en convertirse en un país de ingreso alto y más de 50 años en erradicar la pobreza.
El país necesita aspirar a crecer a tasas superiores al 4%. Con un crecimiento de 4,5%, el Perú podría alcanzar el estatus de ingreso alto en alrededor de 15 años y erradicar la pobreza en menos de tres décadas. En un contexto externo favorable, esta meta es alcanzable si se reducen los riesgos fiscales y políticos, garantizando el respeto a las reglas y la prudencia fiscal, y deteniendo el deterioro institucional impulsado desde el ámbito político. Si aspiramos a ir más allá —crecer al 5% o 6%, o sostener un crecimiento elevado incluso en condiciones externas adversas— se requieren dos pilares adicionales. Primero, asegurar la viabilidad de los sectores con claras ventajas comparativas, como minería, agricultura y turismo, eliminando los obstáculos para su desarrollo. Segundo, mejorar de manera decidida el entorno de negocios para permitir que las empresas crezcan, inviertan y generen empleo formal. ¿Es esto un sueño imposible?














