viernes, septiembre 18

“Cuando sale todo mal y los torneos no se ganan, es cuando más se aprende”. Ignacio Buse no deja de sonreír mientras habla. Se toma del brazo, rebusca dentro de una de sus mangas, hay cierto embarazo en su mirada. Pareciera no creer aún todo lo que ha vivido este año. Arrancó como 102 del mundo y ya se metió en el top 30. En el camino, sumó dos torneos ATP, algunas caídas dolorosas y la convicción de que esto recién es el comienzo, que lo mejor todavía está por llegar.

“Cuando sale todo mal y los torneos no se ganan, es cuando más se aprende”. Ignacio Buse no deja de sonreír mientras habla. Se toma del brazo, rebusca dentro de una de sus mangas, hay cierto embarazo en su mirada. Pareciera no creer aún todo lo que ha vivido este año. Arrancó como 102 del mundo y ya se metió en el top 30. En el camino, sumó dos torneos ATP, algunas caídas dolorosas y la convicción de que esto recién es el comienzo, que lo mejor todavía está por llegar.

cc

En un mundo dominado por el individualismo y la arrogancia, donde todo parece tener la obligación de ser instagrameable, Nacho abruma por su sencillez.

Se le nota en sus frases adosadas de cierta ingenuidad, propias de quien a los 22 años, pese a llevar varios pasaportes en el hombro, recién está conociendo el mundo. Empieza a saber lo que es la vida.

También cuando habla de Cienciano, el gran papá de los peruanos, donde juega su primo Matías, el goleador por el que hincha sin límites, aunque confiese que su corazón late por el color crema.

O cuando menciona a su querido abuelo don Gastón Acurio Velarde, rara avis en la política peruana porque mantuvo su nombre incólume hasta el último día de su existencia. Cuántos de los especímenes que abundan en el viejo edificio de la Plaza Bolívar quisieran irse de este mundo con el prestigio invicto, sin una mancha sobre el rostro, como lo hiciera el recordado senador cusqueño.

Esta semana Nacho volvió al país tras su paso por el US Open y le tocó cumplir con los deberes propios de quien será cabeza del equipo que enfrentará a Paraguay por la Copa Davis. Respondió a la prensa sin perder la sonrisa y se dio tiempo para recibir de manos del editor de Deporte Total, Miguel Villegas, el trofeo que esta casa editora entrega a los mejores deportistas del país. “La presión es un privilegio… y una motivación”, dice, cuando se le recuerda el revuelo que ha causado su ascenso, las expectativas que ha despertado. Y no deja de sonreír.

“Tenemos un gran empuje en el tenis después de 10 o 15 años en un vacío. Llegó Juan Pablo Varillas, quien puso a los más jóvenes a creer en que se podía. Ahora, con las victorias de Nacho Buse, va a salir una nueva camada de tenistas”, ha escrito Pablo Arraya en su cuenta de X. El ‘Tigre’ no cesa de alentar al ‘Colo’, incluso en los tropezones como el sufrido ante el francés Bonzi, porque conoce en carne propia los vaivenes de este deporte.

Ignacio Buse recibe el premio Deporte Total de El Comercio junto al editor Miguel Villegas. (Crédito: GEC).

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Es probable que Buse no sea consciente de lo que han provocado sus triunfos, en cómo lo miran otros chicos que intentan hacerse un camino en el circuito, como Nicolás Baena. En lo que esperan las 4,200 personas que agotaron las entradas del recinto habilitado en el Jockey para enfrentar a los guaraníes.

Gane o pierda, toca disfrutar de su juego, de su valía. “Además es un tipazo”, dice Arraya.

Es que esto recién comienza.

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