En los orígenes de la humanidad, los hijos de Noé, en la llanura de Senaar, decidieron construir una torre tan alta para alcanzar el cielo. La historia bíblica la llamó Babel y se ha convertido en símbolo de toda pretensión humana por alcanzar notoriedad y poder. Según los evangelios tal ambición terminó en una confusión de lenguas y propósitos. Esta es la metáfora que usa el papa León XIV en su encíclica “Magnifica humanitas” para advertir sobre los riesgos de la inteligencia artificial, cuya pretensión de autosuficiencia, según sus palabras, “no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”.
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Como contraparte, el pontífice presenta la historia de Nehemías, un judío al servicio del rey persa Artajerjes, que llega a una Jerusalén en ruinas y convoca a sacerdotes, artesanos, hombres, mujeres y jóvenes, para reconstruir la ciudad. Así, en el décimo párrafo de su encíclica, el Papa sentencia: “Evitemos, por tanto, el síndrome de Babel: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único –incluso digital– capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos. Este es el riesgo de la deshumanización… Elijamos, en cambio, el camino de Nehemías, que pone de relieve el valor del trabajo compartido para hacer que la ciudad de Dios sea un lugar seguro… transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad”.
Esta encíclica sigue la línea iniciada hace 135 años por León XIII, con “Rerum novarum”, cuando se sentaron las bases de la doctrina social de la Iglesia, como destaca el padre jesuita y filósofo Rafael Fernández Hart, rector de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. “El Papa recoge toda la tradición de las encíclicas que han tratado el tema social –dice–, y nos recuerda que la doctrina social de la Iglesia siempre ha procurado dialogar con las realidades contemporáneas… y la novedad es la inteligencia artificial, la biotecnología, la nanotecnología, entonces trata de iluminar estas realidades a partir de la visión de la Iglesia y del Evangelio”.
“El Papa recoge toda la tradición de las encíclicas que han tratado el tema social, y nos recuerda que la doctrina social de la Iglesia siempre ha procurado dialogar con las realidades contemporáneas”
“A través de estas imágenes [Babel y el camino de Nehemías], el Papa nos muestra –continúa el padre Fernández– que la inteligencia artificial no es una realidad neutra y en ese sentido hay que preguntarse agudamente quién la controla, quién posee los datos, quién diseña los algoritmos, quién se beneficia económicamente, etcétera. Entonces, al contraponer estas imágenes nos pregunta si queremos otro Babel, control, dominio; o si queremos más bien construir una sociedad y mantener a salvo la dignidad humana”.
Para Véronique Lecaros, jefa del Departamento de Teología de la Universidad Católica y coautora del libro “León XIV, portrait d’un pape péruvien”, con esta encíclica, el Papa ingresa a los debates contemporáneos sobre los usos de la IA. Ella destaca la presencia de Christopher Olah, uno de los fundadores de Anthropic, en la presentación de la encíclica, el pasado 25 de mayo. “Esta empresa se negó, por razones éticas –comenta–, a que su tecnología fuera usada para la guerra y para vigilar a los ciudadanos. Eso demuestra que el Papa no está en contra de la técnica, sino en contra del mal uso de ella”.
De ahí la crítica que el pontífice hace de las corrientes conocidas como transhumanismo y poshumanismo que comparten el sueño de superar los límites de la condición humana, a través de la hibridación con las máquinas. “León XIV nos dice: ‘Cuidado, el ser humano tiene cualidades que no pueden tener las máquinas’, pues ahí están las emociones, los afectos, los sentimientos, algo que una máquina no puede desarrollar”, afirma la teóloga de la PUCP.
En opinión de Ricardo Falla Carrillo, profesor del Departamento de Filosofía y Teología de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, toda encíclica tiene una doble dimensión: “Son textos reflexivos y a la vez magisteriales, hechos para ser evaluados en un tiempo muy largo”, dice. En una primera lectura, él destaca la visión del Papa para proyectar el Concilio Vaticano II al nuevo milenio, “ahí entra el tema de la inteligencia artificial”, precisa.
«El ser humano tiene cualidades que no pueden tener las máquinas. Las emociones, los afectos, los sentimientos, son algo que una máquina no puede desarrollar».
En ese aspecto, resalta cartas anteriores como “Antiqua et nova”, en la que la Iglesia ya reflexionaba sobre la IA. “Desde hace unas décadas –explica Falla Carrillo–, varios investigadores están hablando de la singularidad tecnológica, ese momento en el que la inteligencia artificial general superará plenamente la inteligencia humana. Ese será un punto de inflexión. Para mí, lo que está haciendo León XIV es pensar a la Iglesia en este escenario y a partir de ahí crear un magisterio crítico. Como es matemático, tiene una visión científica y es consciente hacia donde está yendo la humanidad”.
Pero el mensaje papal no cae en la desesperanza, sino pide recuperar nuestra “magnífica humanidad” ante la IA, con valores como la solidaridad, la subsidiariedad, la responsabilidad, el diálogo y la justicia social para construir “la civilización del amor”. “Claro, no todos tienen el mismo poder de influir sobre la realidad –se lee en el párrafo 212 de la encíclica–: hay quienes gobiernan, quienes deciden inversiones, quienes dirigen instituciones, quienes investigan, quienes educan, quienes informan, quienes producen; y hay quienes parecen tener solo su propia vida cotidiana. Sin embargo, nadie está exento de responsabilidad. Cada uno dispone de un ámbito propio de acción, y ahí –no en otro lugar– está llamado a elegir si alimenta la lógica de la fuerza –aunque sea solo con indiferencia, cinismo, mentira y odio–, o si promueve la lógica de la paz –con verdad, sobriedad, cercanía y cuidado–”. Es decir, o seguimos en la torre de Babel o elegimos la reconstrucción del mundo.
Además…
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“Esta encíclica sigue la línea iniciada hace 135 años por León XIII, con Rerum novarum, cuando se sentaron las bases de la doctrina social de la iglesia”.




