sábado, febrero 7

— Quiero empezar por el tema del perfil del electorado y las corrientes políticas que han identificado. Si bien el centro es el que más porcentaje acumula, se ve también una mayor inclinación hacia una derecha moderada. ¿Qué nos dice este panorama?

Las tendencias políticas se van modificando elección tras elección presidencial por la influencia de quienes han sido elegidos en el último proceso, en este caso Pedro Castillo. Tras su gobierno hay un electorado que se ha decepcionado. Lo que nos muestra el estudio es que los que apostaron por una propuesta radical hoy piensan en un sistema político no tan extremo en sus posturas.

— ¿Pero hay oferta electoral en el espectro de la derecha moderada?

En realidad, no hay mucho. Los candidatos visibles en la derecha suelen presentarse como opciones un poco más hacia la derecha extrema. Existe un vacío importante que obliga a elegir por una opción menos mala. Esas inclinaciones tienden a acomodarse recién en una segunda vuelta electoral.

— ¿La aparición en las encuestas de Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga, Phillip Butters y Carlos Álvarez responde a un tema de reconocimiento antes que corrientes políticas?

Correcto. En cuanto a las corrientes políticas, en algunos de los casos que mencionas, son personajes que vienen a ser más una derecha populista, como Carlos Álvarez o Rafael López Aliaga. En el caso de Keiko Fujimori, es más un asunto de voto duro, que la ha acompañado históricamente. Y lo que pasa con Carlos Álvarez es que ha captado la decepción del sistema político, en un espectro político de derecha, pero siempre populista.

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— ¿Por qué no se logran los consensos para alianzas electorales?

Porque todos quieren ser profetas en su propio sistema político. Cada uno quiere ser presidente y esta era una crítica que antes se le hacía particularmente a la izquierda, pero en la actualidad la derecha actúa de la misma forma y todos sus candidatos buscan el protagonismo.

— ¿Ve que esa situación vaya a cambiar en el poco tiempo de plazo que queda para inscribir alianzas electorales?

No. Quizás algunos partidos políticos, en una medida desesperada, puedan tomar alguna decisión de última hora, pero este tipo de alianzas se van a complicar en el proceso de funcionamiento, porque no se dio con mayor reflexión. Se está cerrando la fecha límite de las alianzas electorales, y no existe ninguna propuesta de alianza seria ni programática. Si se da una alianza va a ser por desesperación, con la finalidad de poder aparecer en las encuestas.

— ¿Cuáles son los factores que están impidiendo la conformación para alianzas?

En principio, el tema de las cuotas de poder. Cada personaje político, cada partido político quiere imponer o piensa que tiene las personas más adecuadas, pero en el fondo es la cuota de poder que quieren tener por encima de otros partidos. Entonces, cuando no haces una negociación que brinde la opción de ganar a todos los miembros, entonces se trunca el consenso. En segundo lugar, también está la desconfianza en nuestro sistema político a través de las ternas presidenciales. Lo que se ha demostrado es que los últimos presidentes electos han tenido poca supervivencia política y al final los vicepresidentes han terminado gobernando. Todo termina siendo una pugna por cuotas de poder donde el partido político que está poniendo al candidato presidencial busca protegerse de su plancha presidencial y del mismo Parlamento.

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— Un problema por el cual termina saliendo Hernando de Soto del partido Progresemos.

Es el más claro ejemplo. En un error del sistema partidario.

— ¿No tiene la impresión de que esta es una campaña con muchas características de las contiendas subnacionales? En una campaña regional o municipal tenemos varias candidaturas por los movimientos regionales con muchas pugnas por cuotas de poder.

Esta elección presidencial parece más una campaña regional, donde incluso tenemos una representación de candidatos regionalistas o que nacen desde el regionalismo. La ausencia de liderazgos nacionales provoca candidaturas pequeñas, fraccionadas. Antes no existía tanto fraccionamiento en las campañas porque teníamos liderazgos nacionales.

— ¿La falta de liderazgos nacionales va a perjudicar el factor de arrastre o volverlo menos efectivo?

En estas circunstancias, el factor de arrastre pierde fuerza porque se requiere un liderazgo mucho más importante del que llegan a alcanzar los candidatos presidenciales de esta contienda. Esta atomización termina favoreciendo incluso a otros escenarios, donde la fotografía del momento va a ir cambiando a medida que nos vamos acercando al momento de las elecciones.

— ¿A qué terminaría beneficiando la atomización?

A aquellos personajes políticos que puedan ser considerados nuevos en la escena nacional y que representen una alternativa diferente a lo que ya son conocidos en el sistema. Quienes actualmente están liderando la fotografía del momento les resultará difícil sostenerse en el tiempo, si es que no van más allá de su populismo. Con algunas respuestas, eh, que sean mucho más pragmáticas y entendibles por la población. ¿Y esto da espacio a a estas, a estos nuevos personajes, eh, que proponiendo soluciones de maneras innovadoras, innovadoras, pueden alcanzar eh justo escenarios o visualización por parte de la población y que les pueda permitir también incluso eh, terminar escalando en el futuro, no?

— ¿Ve un escenario para rostros nuevos en la campaña?

Sí. Para rostros que por primera vez van a postular a la presidencia. Gran parte de los personajes populistas, que están en la actualidad liderando las encuestas, pertenecen a un segmento de conservación del sistema o que ya son conocidos dentro del sistema. Entonces se abre el escenario para un perfil de un candidato que todavía no aparece con fuerza hablando de no mantener el sistema o lo que se conoce como ‘antisistema’.

— Imasolu ha realizado también mediciones sobre el nuevo Congreso que será bicameral. ¿Cuántas fuerzas políticas estiman que podrían terminar pasando la valla electoral?

Nuestro estudio está basado en los partidos políticos con un reconocimiento y un posicionamiento ganado hasta el momento. En ese contexto, tenemos mapeado a ocho partidos políticos que gozan del reconocimiento, ya sea porque están representados en el último Parlamento o han estado representados en los últimos periodos. Eso termina siendo la fotografía del momento, porque no significa que algunos partidos políticos intenten vender más la marca con el populismo o con el liderazgo de la candidatura presidencial. Aunque en la ausencia de los liderazgos va a ser una tarea mucho más difícil de alcanzar la notoriedad necesaria.

— ¿La proyección es de ocho partidos o podrían ser más partidos en el Congreso debido a la alta oferta electoral?

Consideramos que a lo largo del camino van a poder entrar más partidos políticos en la fotografía. Entre ocho y 11 partidos políticos podrían entrar al nuevo Congreso. Acá hemos identificado tres bloques: los populistas, los medianamente populares y los impopulares. Varios partidos son medianamente populares, y eso abre el abanico de posibilidades.

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— ¿Y para el Senado? ¿Qué fuerzas tendrían mayor peso?

La estimación es un poco más compleja. Primero porque, ante la falta de información, la población no está tomando decisiones pensadas en candidaturas, sino más en partidos políticos. Entonces la representación es proporcional respecto de los diputados y senadores. Muchos ni siquiera hacen la diferencia entre diputados y senadores. Entonces, la votación termina siendo más proporcional por la cantidad de escaños que le corresponden a cada partido político. En ese contexto, tenemos a Fuerza Popular que sería el más beneficiado de todos los grupos políticos, pero no de una manera significativa que le permita tener algún tipo de control en las cámaras.

— ¿Qué implica que la población no esté identificando la diferencia entre diputados y senadores?

Eso puede generar confusión a la hora de votar. La principal confusión que va a surgir es con el voto en línea o el voto cruzado entre las diferentes opciones.

— Las personas van a estar más preocupadas en su voto por la presidencia antes en su voto por el Congreso.

En las dos cámaras, van a terminar desarrollando un voto en línea sin poder diferenciarlos, solo por asociación. La votación va a terminar siendo pobre. Si bien es cierto el voto en línea va a ser lo más fácil, no necesariamente van a optar por hacer marcas en todos los cuadros de la cédula, podrían dejar varios de estos sin marca por la decepción que tienen en el Parlamento. Podrían no utilizar el voto preferencial, pensando un poco más en la elección presidencial, donde por lo menos van a tener una pequeña diferenciación entre los personajes en la cédula.

— Y a nivel de reconocimiento de los candidatos presidenciales. ¿Qué es lo que han observado en su estudio?

Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga, Phillip Butters, Carlos Álvarez integran un grupo de candidatos que vienen realizando actividades donde se han empezado a hacer notar. Un segundo bloque de candidatos que han postulado pero que no es suficiente en lo que se refiere a popularidad, la gente los conoce, pero no los valora de manera positiva para la presidencia. Y después tenemos nuevos personajes que están postulando a la presidencia, que son menos conocidos pero que tienen la oportunidad de cultivar una mayor popularidad de cara hacia hacia los siguientes tres meses.

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— ¿De qué tipo de perfiles estamos hablando en este caso?

Hablamos de personajes que se muestren eficientes en las actividades que hacen en la actualidad, si tienen alguna relevancia regional o relevancia dentro de su actividad, comercial o profesional, pueden capitalizar aquellos factores positivos al hacerse más conocidos. Es una lucha contra el tiempo, pero si les puede permitir capitalizar mucho más su popularidad, porque los otros candidatos presidenciales no están disparados en su popularidad. Tienen una mejor oportunidad de alcanzar algunos reconocimientos de cara a las elecciones.

— ¿En regiones han encontrado algún dato que les haya llamado la atención?

Encontramos algunos casos de personajes políticos con algún tipo reconocimiento, casi total por la región, como Zósimo Cárdenas y Rafael Belaunde.

— Lo de Cárdenas tiene relación con su cargo como gobernador de Junín. ¿Lo de Belaunde en qué región es?

En el caso Belaunde, encontré reconocimiento hacia el lado de Ayacucho.

— Cuando hicimos el análisis de alcaldes que habían cambiado de camiseta políticos, registramos varios que se habían afiliado a Libertad Popular que tiene el logo del cóndor.

Sí, esas alianzas locales también te permiten tener cierto reconocimiento. En otros partidos políticos como Alianza por el Progreso, el reconocimiento en norte los ayuda a salir en la fotografía.

¿Y en el sur?

Hay votos de los de los candidatos de izquierda, pero también arroja alguna intención de voto para Fuerza Popular, para Rafael López Aliaga y un poco para Carlos Álvarez por el discuro contestatario. Eso es el votante arequipeño. El sur suele ser el colchón de la izquierda, pero hay una derecha que también se presenta como antisistema, cuestionando el sistema tradicional entonces termina captando la atención en esta zona.

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