No hay motivos para envidiar a Friedrich Merz. El canciller alemán es uno de los políticos más poderosos de Europa, pero los últimos acontecimientos lo han puesto en una posición crítica y peligrosamente vulnerable. Desde el intento de atentado con drones atribuido a Rusia, que ha tensado aún más las relaciones con Moscú, hasta el sorprendente triunfo de los extremistas de Afd en uno de los estados del país, que se suma al descontento de una población cada vez más cansada de cargar con las responsabilidades de la Unión Europea.
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Rusia respondió señalando que cerrará centros culturales alemanes del Instituto Goethe en varias ciudades del país y rechazó cualquier implicancia en los incidentes.
La Unión Europea no ha dejado de advertir del intento del Kremlin de debilitar el bloque, que es el principal financista de Ucrania, a través de una guerra híbrida que incluye ciberataques, incursiones de drones e incluso el traspaso de su espacio aéreo, además de estrategias de desinformación en redes sociales. Pero, sobre todo, el financiamiento y apoyo ruso a grupos de extrema derecha euroescépticos y que siguen cuestionando la viabilidad de la UE.
El historiador peruano y analista internacional, Rodrigo Murillo, recuerda un incidente que ejemplifica las preocupaciones europeas: “Hace un par de años hubo una crisis de migrantes en la frontera entre Bielorrusia y Polonia. Las investigaciones descubrieron que muchas de esas familias habían sido llevadas desde Iraq y Siria con capitales rusos. Entonces, si Moscú financia la migración y también a los partidos de extrema derecha, está financiando las contradicciones sociales que hoy día desangran a Europa por dentro”.
Por eso, cuando el presidente Vladimir Putin respondió a las acusaciones de Alemania señalando que el gobierno de Merz había “plantado pruebas” para culparlos, y que eran una “cortina de humo” ante el apoyo que podía recibir el partido Alternativa para Alemania (AfD) más de uno levantó la ceja. Justamente, el domingo pasado, este partido extremista de derecha -cuyos preceptos rozan con la ilegalidad- ganó con un contundente resultado las elecciones regionales del estado de Sajonia-Anhalt, produciendo un terremoto político en el país.
Además de su extremismo en materia de inmigración y de revisionismo histórico, AfD es un partido euroescéptico, prorruso y que está en contra del financiamiento de la guerra en Ucrania.
La amenaza de AfD
“Lo que ha hecho este triunfo de AfD es romper una barrera psicológica que había en Alemania, y en muchas partes de Europa occidental, de que la extrema derecha no era capaz de llegar al poder. Esto pese a que muchos análisis electorales mostraban hace rato que era muy probable que AfD ganara en Sajonia-Anhalt por la conformación del electorado en ese estado”, comenta a este Diario Javier Sajuria, profesor de Política Comparada y decano de Educación en la Universidad Queen Mary de Londres.

Alternativa para Alemania (AfD) ha crecido bajo el liderazgo de Ulrich Siegmund, de 35 años, quien prometió endurecer la política migratoria y eliminar la obligación de ir a la escuela. (Foto: AP)
/ Matthias Schrader
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“Esta victoria ha mostrado que el potencial electoral de la extrema derecha es mucho más alto de lo que se creía”, agrega.
Desde su aparición, AfD ha normalizado discursos nacionalistas y xenófobos considerados tabú en una Alemania que aprendió a lidiar con la culpa tras la Segunda Guerra Mundial. Pero la crisis financiera y las olas migratorias de la última década fueron el caldo de cultivo para que su propaganda sea escuchada con más atención y menos rechazo, sobre todo en el este del país, en la ex Alemania socialista, que aún reniega de las consecuencias que trajo la reunificación a inicios de los años 90. Uno de sus estados es justamente Sajonia-Anhalt.
“En Alemania es muy difícil que un partido saque un 50% de apoyo, pero AfD obtuvo casi 45% en este pequeño estado oriental, lo que significa un crecimiento brutal. Se trata de un resultado excepcional en un país que es el corazón económico de la Unión Europea. Pero también preocupa que esta generación de políticos acogidos por la AfD tiene interpretaciones polémicas sobre la responsabilidad alemana en la Segunda Guerra Mundial, y eso sí da miedo”, expresa Murillo.
La preocupación se acrecienta ante el efecto contagio que pueda producirse, pues en las próximas semanas habrá elecciones en otros estados alemanes y la victoria en Sajonia ha empoderado a la AfD. “Por ahora, es difícil pensar que este efecto vaya a expandirse más allá del eje oriental de Alemania. Yo creo que lo más interesante es ver cómo responden las otras fuerzas políticas, en particular la derecha tradicional y la centroderecha. Y, en ese sentido, la reacción del canciller Merz es tardía porque hace mucho tiempo que se viene insistiendo que normalizar el discurso de la extrema derecha y de intentar ganarles en su propia cancha era una mala idea”, agrega Sajuria.


