Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Jhon Puse entierra el barreno dentro de la tierra húmeda en medio de las raíces del bosque de manglar. Lo introduce poco a poco hasta por lo menos un metro de profundidad. Luego, lo saca con sumo cuidado para mantener intacta la tierra atrapada en este instrumento. No es un lugar elegido al azar del que se saca la muestra de tierra, por el contrario, minutos antes de que se extraiga la tierra, Joe Arroyo marcó la zona en dónde se tomaría la muestra.
Jhon Puse entierra el barreno dentro de la tierra húmeda en medio de las raíces del bosque de manglar. Lo introduce poco a poco hasta por lo menos un metro de profundidad. Luego, lo saca con sumo cuidado para mantener intacta la tierra atrapada en este instrumento. No es un lugar elegido al azar del que se saca la muestra de tierra, por el contrario, minutos antes de que se extraiga la tierra, Joe Arroyo marcó la zona en dónde se tomaría la muestra.
Mientras Puse levanta el barreno, Dely Ramos, especialista en estudios de carbono azul, va segmentando la muestra para luego llevarlas, debidamente selladas dentro de un sobre de plástico, al laboratorio donde determinarán la cantidad de carbono almacenado bajo los bosques de manglar. La muestra se tomó en el sector Gallegos, dentro del Santuario Nacional Manglares de Tumbes, un área cubierta por un bosque de manglar de raíces aéreas, que parecen enredaderas formadas por troncos de árboles.
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El barreno con la muestra de tierra para ser llevada al laboratorio y ser analizada. Foto: Yvette Sierra Praeli
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En medio de ese paisaje surreal y bajo un calor que supera los 30 °C, Ramos habla del proyecto de carbono azul que está impulsando el Consorcio Manglares, una organización civil formada en 2016 por seis asociaciones de extractores artesanales y tradicionales de recursos hidrobiológicos, que, junto con el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernanp), administra el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes. Se trata del primer proyecto de carbono azul que se está impulsando en los bosques de manglar en Perú.
Ramos explica también que, en el caso de los manglares degradados se debe apostar por la restauración, puesto que los ecosistemas que son restaurados capturan mayor cantidad de carbono. “Los bosques conservados siguen capturando carbono pero en menor cantidad porque alcanzan un punto máximo; en cambio, un bosque en crecimiento puede absorber mayor cantidad de carbono”.
Se denomina carbono azul al carbono orgánico que es absorbido por el océano en ecosistemas costeros con vegetación, como los manglares, las marismas o las praderas marinas. Según la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés) estos ecosistemas “están presentes en todos los continentes salvo en la Antártida y cubren aproximadamente 50 millones de hectáreas, casi el doble del tamaño del Reino Unido”.
“Los manglares son ecosistemas que a diferencia de los bosques terrestres capturan mayor cantidad de carbono debajo del suelo”, dice Ramos. “Los estudios demuestran que cada ecosistema de manglar puede tener entre cinco a diez veces más almacenamiento y captura de carbono que los bosques terrestres”, aclara.
Manglares de raíces aéreas donde se realizó la toma de muestras del proyecto de carbono azul. Foto: Yvette Sierra Praeli para Mongabay Latam
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Esto es relevante porque los sumideros de carbono ayudan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y combatir el cambio climático. En la práctica, los mangles “toman” el dióxido de carbono (CO₂), el principal gas de efecto invernadero, lo descomponen y guardan el carbono en sus raíces, sedimentos y tejidos durante cientos o miles de años. El resultado es que hay menos CO₂ en la atmósfera.
Al mismo tiempo, el carbono que se absorbe y se acumula en los bosques puede ser comercializado como bonos de carbono, mediante un sistema de mercados voluntarios de carbono y eso es lo que el consorcio está buscando hacer para financiar la conservación de los manglares de Tumbes.
“No es sostenible manejar un área protegida a partir de la cooperación internacional y de los fondos del Estado, que son limitados, sino que es necesario poner en valor los servicios ecosistémicos que brinda el área que se protege”, dice Osvaldo Saavedra, coordinador del equipo técnico del contrato de administración del Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes. En ese sentido, explica, el proyecto de carbono azul en los manglares de Tumbes forma parte de la propuesta de sostenibilidad financiera del área protegida.
Saavedra cuenta que se hizo un análisis de cuáles son los servicios ecosistémicos que brinda el ecosistema manglar y encontraron que, “además de los servicios conocidos de provisión de recursos como conchas y cangrejos, utilizados diariamente por las poblaciones locales, había un servicio que no había sido debidamente estudiado y no se había desarrollado lineamientos para su puesta en valor: el carbono azul”.
El equipo del Consorcio Manglares entre las raíces del bosque de manglar en plena tarea de toma de muestra. Foto: Yvette Sierra Praeli para Mongabay Latam
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El Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes es la única área natural protegida en el Perú que protege el ecosistema manglar. Ubicada en la frontera con Ecuador, el santuario es el hábitat de aves residentes como la garza tigre, el gavilán manglero, el huaco manglero, entre otras, además de un sitio de descanso de decenas de especies de aves migratorias. De los manglares de Tumbes también se extraen conchas negras y cangrejos del manglar, una actividad que forma parte del conocimiento ancestral y la economía local
“El secuestro y almacenamiento de carbono es común en los estudios en Amazonía. Hay mucho trabajo en Perú sobre secuestro y almacenamiento de carbono en áreas forestales, principalmente en la Amazonía; pero muy poco en relación a otros ecosistemas, especialmente en los manglares”, agrega Saavedra.
Entre 2021 y 2022, se realizó el primer estudio para evaluar la cantidad de carbono acumulado en los manglares. La tesis de maestría de Fiorella Ramírez, especialista en gestión de recursos naturales del Consorcio Manglares, fue el punto de inicio. Para realizar su estudio, Ramírez definió 30 transectos en 8000 hectáreas del bosque de manglar que hay en Tumbes.
El segundo estudio, Estimación de Biomasa y Carbono Azul en los Manglares de Tumbes, se realizó en 2023, liderado por Dely Ramos. Esta investigación determinó la cantidad de carbono almacenado en el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes y en todo el bosque de manglar de Tumbes. Para ello, utilizó estudios de cobertura vegetal mediante el uso de imágenes satelitales entre 2019 y 2021 de Jeison Dioses y data de la tesis de Ramírez, información que sirvió para determinar la cantidad de carbono en la biomasa y en el suelo de los bosques de manglar.
Maritza Madrid, del equipo del Consorcio Manglares, en plena labor de toma de muestras. Foto: cortesía Fiorella Ramírez para Mongabay Latam
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El resultado indica que en promedio los manglares de Tumbes albergan 366.61 MgC-ha (megagramos de carbono por hectárea). Esa es la unidad de medida que se utiliza para cuantificar la cantidad de carbono almacenado en los árboles, raíces y tierra. Esta medida es equivalente a una tonelada de carbono en una hectárea de extensión.
Sin embargo, los resultados también arrojaron que dentro del área natural protegida Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes, la cifra es mayor y se eleva a 458.72 MgC-ha. El estudio precisa que, en total, en los manglares de Tumbes hay un aproximado de 1 786 486.35 Mg C almacenado, lo que equivale a 6.55 millones de toneladas de dióxido de carbono (Mt CO2 eq) que no está siendo liberado a la atmósfera.
En 2025, empezaron la tarea de corroborar la información obtenida anteriormente, y es por eso que “iniciamos un plan de investigación para recolectar muestras de suelo y poder analizarlas en un laboratorio”, cuenta Ramos. Actualmente continúan con esta labor.
“Nuestra tarea ahora es recolectar muestras para determinar el stock almacenado y calcular la tasa de captura de carbono de estos ecosistemas, de tal forma que podamos estimar la cantidad de carbono que puede absorber este bosque en 10, 20 y 30 años”, explica la experta sobre la nueva investigación que están realizando.
Joe Arroyo, del Consorcio Manglares, sube sobre las raíces del mangle para delimitar el espacio donde se realiza la toma de muestras. Foto: Yvette Sierra Praeli para Mongabay Latam
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El objetivo de estos cálculos y estudios es también poder “ofrecer créditos de carbono a aquellas empresas interesadas en compensar o mitigar su huella de carbono”, explica Ramos, y, de esa manera, asegurar el financiamiento para la conservación de los manglares de Tumbes.
Los bonos de carbono son un mecanismo creado para que empresas o personas puedan compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero con el fin de mitigar las causas que generan el cambio climático. Cada bono representa una tonelada de CO2 u otros gases de efecto invernadero que han sido absorbidos o se encuentran almacenados en los bosques y se comercializan a través de un mercado global de bonos de carbono.
Actualmente, cuentan con una alianza técnica con el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) de México, con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) a través del proyecto Mangres, explica Ramos.
El proyecto de carbono azul forma parte de la unión entre el Consorcio Manglares y el Sernanp “como una estrategia de sostenibilidad financiera” y para poner en valor los servicios ecosistémicos de los manglares, comenta Henry Preciado, gerente técnico del Consorcio Manglares.
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Con los estudios realizados se elaboró la Nota de Idea de Proyecto (PIN) y el Documento de Diseño del Proyecto (PDD, por sus siglas en inglés) que ya fueron presentados y aprobados por Plan Vivo, un sistema de verificación de créditos de carbono con énfasis en ofrecer beneficios para las comunidades locales.
El Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes alberga decenas de especies de aves residentes y migratorias. Foto: Yvette Sierra Praeli para Mongabay Latam
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Oswaldo Saavedra, coordinador del equipo técnico del contrato de administración del Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes, menciona que aún hay varias dificultades que superar.
Lo primero es el estándar elegido, Plan Vivo: “No es un estándar que en la actualidad se encuentre reconocido y registrado por el Ministerio del Ambiente en el Registro Nacional de Medidas de Mitigación [Rename], que revisa y avala las metodologías que se pueden utilizar para los proyectos de bonos de carbono”, comenta Saavedra y agrega que han “iniciado un trabajo de coordinación entre Plan Vivo y el Ministerio del Ambiente para que se acredite sus metodologías dentro del Rename Nos encontramos en ese proceso”.
Una segunda dificultad tiene que ver con la extensión del ecosistema en el que se realizaría el proyecto de carbono azul. Saavedra explica que si se trabaja exclusivamente en el Santuario Los Manglares de Tumbes, sería un proyecto muy limitado porque la extensión del área natural protegida es “apenas de 3000 hectáreas”.
Además, si lo que se quiere es implementar un proyecto de captura de carbono que incluya conservación y restauración, hacerlo en un área pequeña no es viable económicamente. Por ese motivo, cuenta Saavedra, se ha propuesto al gobierno regional y a otros actores que no solo se considere al santuario sino que se amplíe la mirada a todo el ecosistema manglar.
Un cangrejo sobre las raíces del bosque de manglar. Foto: Yvette Sierra Praeli para Mongabay Latam
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Una investigación de Mongabay Latam, en alianza con otros medios, expuso las dificultades y problemas de proyectos de bonos de carbono. Los reportajes revelaron posible blanqueo de madera procedente de zonas deforestadas y la compra de bonos de carbono en territorios indígenas cuyas comunidades desconocían que este negocio se realizaba en sus tierras, entre otras irregularidades.
Consultado sobre estos riesgos, Osvaldo Saavedra señala que “conocen al detalle casos de comunidades nativas y locales que han sido excluidas de los procesos y beneficios”, situaciones que “han encendido las alarmas para una intervención directa de los socios del consorcio en todo el proceso y negociaciones”.
Saavedra también comenta que el proyecto de carbono azul ha sido desarrollado por el equipo técnico del Consorcio Manglares y que, de concretarse un acuerdo con alguna empresa interesada en los bonos de carbono “los fondos que se apalanquen entrarán directamente a las cuentas del Consorcio Manglares para financiar actividades comprometidas en el contrato de administración, proyectos económicos sostenibles de las asociaciones y programas de inclusión social en el ecosistema manglar”.
“Para mí lo principal es que un proyecto de carbono tiene que estar al servicio de la población local. Creemos que lo central del trabajo es el rol de las organizaciones locales en la gestión de estos servicios ecosistémicos. Los dueños de los recursos del ecosistema manglar tiene que ser la población organizada y los beneficios tiene que ir directamente a ellos”, agrega Saavedra.
Jhon Puse se desplaza sobre las raíces aéreas del bosque de manglar. Foto: Yvette Sierra Praeli para Mongabay Latam
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Jorge Herrera, profesor de Cinvestav 3C, uno de los principales centros de investigación en América Latina, con sede en México, considera que para que se concrete un proyecto de carbono azul es importante contar con una muy buena base técnica y una base de datos sólida que permita “sostener las proyecciones” sobre la venta de créditos de carbono y la recuperación de la inversión a lo largo del tiempo.
También es importante un soporte legal fuerte que asegure la protección del espacio donde se realizará el proyecto, así como financistas que paguen por el desarrollo del proyecto y por la certificación, cuyos precios son elevados.
“En realidad, los desarrolladores no tienen el dinero, lo que hacen es subir la idea de proyecto a estas plataformas para buscar financiamiento”, explica Herrera sobre la gran cantidad de proyectos ofertados en las empresas certificadoras. “Hacer un proyecto de carbono azul es muy complicado básicamente por la calidad de los datos”.
Herrera también explica que los inversionistas están más interesados en proyectos de restauración que en aquellos de conservación. Esto se debe a que un manglar conservado puede tener una muy alta cantidad de carbono almacenado, pero su capacidad para absorber más carbono es mínima, en cambio en una zona degradada en la que se hace restauración, mientras va creciendo el bosque va capturando carbono.
El equipo del Consorcio Manglares tomando muestras de tierra del barreno. Foto: Yvette Sierra Praeli para Mongabay Latam
El especialista comenta que otro tema clave en los proyectos de carbono azul es tener un diseño de muestreo bien elaborado para que la data sea sólida. “Mucha gente no sabe hacer diseños de muestreo para carbono azul y se puede hacer erróneamente. Los que no tienen datos históricos necesitan tener un diseño de muestreo muy robusto para que con un solo muestreo puedan obtener datos suficientes para hacer las proyecciones”.
Herrera también comenta que actualmente las empresas más interesadas en la compra de bonos de carbono son las que están dedicadas a la inteligencia artificial (IA) como Google, Amazon y Microsoft. “Todas están interesadas en proyectos de restauración de manglar y en aquello que incluyen beneficios adicionales al carbono. A esos se les llaman proyectos de alta gama”.
El experto explica que un proyecto de alta gama debe demostrar que, además del carbono, tienen alta biodiversidad, las comunidades van a recibir beneficios y van a realizar actividades en los lugares de restauración. También que las acciones de restauración son eficientes en el tiempo y que hay una recuperación rápida del carbono o de la vegetación con menos inversión.
El artículo original fue publicado por Yvette Sierra en Mongabay Latam. Puedes revisarlo aquí.
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