La seguridad energética ha dejado de ser un tema lejano. Hoy, cualquier conflicto geopolítico o interrupción logística impacta directamente en los precios de la energía, la inflación y la competitividad industrial. El Estrecho de Ormuz moviliza cerca del 20% del petróleo consumido en el mundo y el 19% del comercio global de GNL. Una interrupción prolongada podría elevar el Brent por encima de los 100 US$ por barril. La vulnerabilidad, sin embargo, no es solo geográfica: tras la invasión a Ucrania en 2022, el gas europeo alcanzó 59 US$ por millón de BTU, ocho veces su promedio histórico.
La seguridad energética ha dejado de ser un tema lejano. Hoy, cualquier conflicto geopolítico o interrupción logística impacta directamente en los precios de la energía, la inflación y la competitividad industrial. El Estrecho de Ormuz moviliza cerca del 20% del petróleo consumido en el mundo y el 19% del comercio global de GNL. Una interrupción prolongada podría elevar el Brent por encima de los 100 US$ por barril. La vulnerabilidad, sin embargo, no es solo geográfica: tras la invasión a Ucrania en 2022, el gas europeo alcanzó 59 US$ por millón de BTU, ocho veces su promedio histórico.
El impacto económico es sistémico. El FMI estimó que el alza de combustibles elevó en 7% el costo de vida europeo durante 2022. Además, 41 economías destinaron US$405 mil millones en subsidios energéticos en 2023. El Banco Mundial advierte que una nueva escalada en Medio Oriente podría incrementar los precios de la energía en 24% y los fertilizantes en 31%.
La volatilidad energética erosiona competitividad. Industrias electrointensivas como acero, aluminio, cemento y químicos pierden margen frente a economías con energía más barata y estable. Incluso países con recursos energéticos relevantes enfrentaron cierres industriales por restricciones de suministro.
En este contexto, seguridad energética y descarbonización convergen. Tecnologías como renovables, almacenamiento, redes inteligentes e hidrógeno permiten reducir dependencia de combustibles importados y fortalecer resiliencia. Durante la crisis de 2022, el hidrógeno renovable fue competitivo por primera vez cuando el hidrógeno fósil alcanzó costos cercanos a 14 US$/kg.
El Perú tiene recursos, ubicación estratégica y oportunidad de desarrollo. Lo que no puede improvisarse es la infraestructura. La próxima crisis no esperará a que el país esté listo.




