Urpi Torrado, CEO de Datum Internacional: «La complejidad del sistema y dificultades pueden terminar en votos nulos»
El alto nivel de indecisión que caracteriza a este proceso electoral no responde a una sola causa. Uno de los factores más relevantes es la complejidad del propio sistema electoral. La reintroducción del Senado y la coexistencia de múltiples niveles de elección han elevado la exigencia informativa para los ciudadanos. En ese sentido, uno de los avances de las últimas semanas es el aumento en el conocimiento sobre la diferencia entre senadores y diputados. Sin embargo, este progreso es aún insuficiente, seis de cada diez peruanos todavía no logran distinguir la diferencia entre ambos.
El problema, además, va más allá del conocimiento puntual. Existe una desafección política profunda que limita el interés por informarse. Solo el 21% de los peruanos afirma que le gusta hablar de política con familiares o amigos. La política se ha convertido en un tema evitado, más asociado al conflicto que al intercambio de ideas. En este contexto, no solo hay menos conversación, sino también menos exposición a información relevante. Esto explica por qué las campañas informativas, aunque necesarias, no logran el impacto esperado.
A tres semanas de las elecciones, las brechas son evidentes. Apenas la mitad de los ciudadanos declara conocer la cédula de votación y la mayoría no sabe con claridad cómo emitir su voto. Son pocos los que han tenido la oportunidad de practicar o familiarizarse con el proceso. A ello se suma una percepción extendida de que la cédula es confusa, lo que incrementa la probabilidad de errores al momento de votar.
A pesar de este escenario, la expectativa de ejercer este derecho ciudadano se mantiene. Más de la mitad de los electores manifiesta su intención de utilizar el voto preferencial, un nivel similar al observado en elecciones anteriores. Sin embargo, esta disposición podría no traducirse plenamente en la práctica. La complejidad del sistema y las dificultades para comprender la cédula pueden terminar en votos nulos.
En un proceso electoral como el actual, el desafío no es que la gente vote, ya es obligatorio, sino cómo vota. La calidad del voto dependerá, en gran medida, de cuánto logremos reducir las brechas de información y facilitar la comprensión del sistema antes de llegar a las urnas.














