Magdyel Ugaz llevaba años instalada en el vértigo de la televisión diaria cuando entendió que el éxito también puede ser una rutina que no te deja mirar a los lados. En el 2025 eligió otra cadencia: menos horas de set, más escenario; menos urgencia, más presencia.
“Llevo casi un año fuera y todavía me cuesta aterrizar que puedo tener más tiempo para mí”, admite.
Dejar “Al fondo hay sitio” —la serie que la acompañó durante casi dos décadas— fue una pausa voluntaria y meditada.
“Primero fue raro, se sintió un vacío grande. Después empezó a ser bonito y ahora es gratificante. Siento que fue un tiempo maravilloso, pero me gusta poder ahora tener estos espacios en donde puedo evaluar y elegir”, dice.
LEE MÁS: Magdyel Ugaz puso fin a su vínculo con ‘Al fondo hay sitio’: “Me voy agradecida”
En ese tránsito hubo dudas. Pero también la seguridad de que si se iba era para recuperar sus tiempos.
“Claro que se te cruza el miedo: aparece el síndrome del impostor. Piensas: ‘¿y si no soy tan buena?, ¿y si no soy capaz?, ¿y si no me vuelven a llamar?, ¿y si se olvidan de mí?’. Empiezas a hacerte preguntas boicoteadoras”, reconoce. “El año pasado tuve una invitación para hacer otra ficción, pero no acepté. Si me estaba yendo de ‘Al fondo hay sitio’ para tener más tiempo para mí, no tenía sentido volver al mismo ritmo”.
Hoy la reposición de “Una semana nada más” la encuentra más reflexiva. “Estoy tratando de tenerme paciencia. A veces me exijo demasiado”, reconoce. La obra, que habla de conversaciones pendientes y verdades postergadas, dialoga con su propia etapa. “Nos cuesta decir lo que incomoda. Pero está bueno hablar, aunque duela. El humor ayuda a que esas verdades lleguen más suaves”.
Esta vez el teatro no le pesa: “Acá es ligero, disfruto cada función. Hicimos una química bonita con Cristian (Rivero) y Armando (Machuca)”, dice sobre el elenco. Y en esa ligereza reconoce algo que había quedado relegado por años de rutina intensa. “Mis tiempos. Mi independencia”, El año pasado, por ejemplo, viajó a Colombia para filmar “Las niñas de azul”, su primera película en el extranjero. “Moría por vivir eso, por ver cómo cuentan historias en otros lugares”.
También cambió su relación con Teresita, el personaje que el público sigue nombrando con cariño. “Crecí con ella. Empecé a los 23 y me fui a los 40. Antes me angustiaba que me llamaran por el personaje. Ahora siento agradecimiento”, admite. Por eso no se cierra a un regreso: “No está en mis planes hoy, pero sería hermoso volver en un capítulo final. Sería simbólico”.
En lo profesional, estará en una ficción para televisión en el primer semestre del 2026, que marcará su regreso a la pantalla chica, y en dos proyectos de cine previstos para la segunda mitad del año.
En lo personal, la serenidad también es una elección. “Estoy sola en ese sentido, pero tranquila. Con amor, agradecimiento y aprendizaje”.
Magdyel Ugaz no corre. Camina. Y en esa pausa —lejos del vértigo diario— ha encontrado algo más difícil de conseguir que el éxito: equilibrio.
Además…
La reposición de “Una semana nada más” inicia el 16 de abril en el Teatro Claretiano. Las entradas están a la venta en Joinnus.













