Días atrás, la periodista María Paula Regalado, una de las pocas especialistas en tenis del país, se quejaba por la súbita aparición en las redes sociales de supuestos conocedores de ese deporte apenas se conoció la derrota de Ignacio Buse en Montreal. Criticas irrespetuosas y odio al por mayor fueron evacuadas por seudoespecialistas que, dos minutos más tarde, seguramente ya se habían reconvertido en expertos en el fenómeno de El Niño, la poesía homérica, el cine de Nolan y los líos entre Pamela López y Christian Cueva.
Días atrás, la periodista María Paula Regalado, una de las pocas especialistas en tenis del país, se quejaba por la súbita aparición en las redes sociales de supuestos conocedores de ese deporte apenas se conoció la derrota de Ignacio Buse en Montreal. Criticas irrespetuosas y odio al por mayor fueron evacuadas por seudoespecialistas que, dos minutos más tarde, seguramente ya se habían reconvertido en expertos en el fenómeno de El Niño, la poesía homérica, el cine de Nolan y los líos entre Pamela López y Christian Cueva.
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Umberto Eco llamaba a las redes sociales “la invasión de los idiotas”. Y sí, lo normal es leer barbaridades sin remedio. Pero a veces también se comenta lo bueno, como la reciente visita de Simone Biles, considerada por los verdaderos especialistas como la mejor exponente de la gimnasia artística de todos los tiempos. Su llegada estuvo en lo más alto de la lista de Google Trends.
Nacida hace 29 años en Ohio, Biles es un extraordinario ejemplo de superación. De apenas 140 centímetros de estatura, vivió desde muy niña en un hogar de acogida por las adicciones de sus padres hasta ser adoptada por sus abuelos. A los 6 años descubrió la gimnasia y a los 16 ya era campeona mundial.
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La nostalgia suele traicionar la racionalidad, sobre todo entre quienes ganamos arrugas a la misma velocidad que perdemos el cabello. La heroína de mi niñez se llamaba Nadia Comaneci, una rumana de 14 años y unos 40 kilos de peso, que en Montreal 76 se convirtió en el primer ser humano en obtener un 10 perfecto en gimnasia artística.
Biles la ha superado con creces. Entre Mundiales y Juegos Olímpicos, ha ganado 41 medallas. Y es tal la complejidad y perfección de sus movimientos, que cinco ejercicios de la gimnasia artística llevan su nombre.
Hace 8 años tuvo el coraje de denunciar haber sido una de las víctimas de abusos por parte de Larry Nassar, ex médico de su selección. Esto le sirvió también para criticar duramente a su federación, al comité olímpico estadounidense y al propio FBI por no haber tomado en serio las acusaciones que hicieron sus compañeras en su momento.
Durante los Juegos de Tokio puso pausa a su participación por problemas de salud mental, lo que no evitó que consiguiera una medalla de plata y otra de bronce. En París volvió a brillar y ganó 3 preseas doradas y una de plata.
En un país futbolizado como el nuestro, que una deportista de su dimensión haya estado entre nosotros es un suceso invalorable. Está a la par de las visitas de Ali, Bolt o Carl Lewis. Así como muchos niños y niñas seguramente decidieron ser futbolistas luego de ver a Messi, Rodri y Mbappé en la última Copa del Mundo, ojalá la presencia de Biles sea el acicate para que otros piensen en hacer de la gimnasia el deporte de sus vidas.




