Sobre el escenario, el vínculo se redefine. No es el lazo familiar el que manda, sino la música. Manolo Barrios, desde la segunda guitarra, y Octavio Barrios, desde la primera, comparten escenario en Los Trece Baladas y en Mar de Copas. Padre e hijo fuera de las luces, compañeros de oficio cuando suenan los acordes. Entre canciones que atraviesan generaciones, esa convivencia —hecha de respeto, oído y experiencia compartida— sostiene una historia que sigue creciendo canción a canción.
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
En Los trece baladas, proyecto que lleva 27 años haciendo versiones rockeadas de baladas clásicas, el ingreso de Octavio marca algo más que un cambio generacional. Marca continuidad. Las canciones —esas que parecían “de momento” cuando Manolo era joven— siguen sonando en la radio.
“Provocan lágrimas, coros etílicos y abrazos en los conciertos. La canción romántica no pasa de moda”, resume Manolo.
El grupo ha cambiado de guitarristas, pero no de esencia. Abel Salcedo, Coqui de Tramontana y ahora Octavio.
“Somos los mismos, solo que más viejos”, dice Manolo entre risas. Y, sin embargo, el presente los encuentra en un momento inesperadamente vital, grabando un nuevo disco —el volumen tres— más de dos décadas después, rompiendo incluso su propia regla sagrada de las 13 canciones para lanzarse a grabar 18.
LEE MÁS: “Nos abrazaban con la mirada”: Mar de Copas emociona Europa y prepara material inédito tras 12 años con Nueva York en el horizonte
El hijo aporta técnica, oído fresco, una sensibilidad formada entre baladas que sonaban en casa desde la infancia. El padre aporta experiencia, criterio, ese radar invisible que distingue una balada antigua cualquiera de una que todavía puede decir algo hoy.
“Durante más de 20 años nos abstuvimos de hacer los clásicos de Nino Bravo porque pensábamos: ‘¿qué puedo aportarle yo a una canción así?’. Pero ahora cometimos el sacrilegio: nos tiramos a la piscina y vamos a hacer un par, como ‘Un beso y una flor’ y alguna más. La idea es que suenen con fuerza, sin perder el sentimiento. También tenemos nuestro predilecto, a lo largo hemos cantado temas de José José. Era como nuestro príncipe”, asegura.
En los conciertos de Los trece baladas, la gente canta, llora y brinda. No es casual: hay una necesidad emotiva que no desaparece, aunque cambien las modas. Manolo lo tiene claro.
Ese salto al repertorio “intocable” coincide con un momento de reinicio para la banda. Manolo lo describe como “una nave espacial despegando”, y no exagera. Los 13 Baladas están en plena grabación de su tercer disco. El álbum se lanzará en abril, abriendo un nuevo capítulo para esas canciones del ayer que, por alguna razón —o por una necesidad emotiva que no caduca—, la gente sigue pidiendo como si fueran de hoy.
El dato
Los trece baladas volverán al escenario el 13 de febrero, en el festival Rock n’ Love, en el Centro de Convenciones de Barranco.














