Aunque la macroeconomía peruana se mantiene estable, dicha estabilidad no siempre se ha traducido en bienestar general ni en instituciones fuertes y sólidas. En su último libro “Perú: el desarrollo esquivo”, Elmer Cuba, socio de Macroconsult, analiza esa desconexión, así como la interacción entre la política y la economía en más de 200 años de historia republicana. En el contexto vigente, sus hallazgos cobran especial relevancia.
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Cuando el Perú se vuelve una nación independiente, podíamos ser, por primera vez en la historia, autónomos y no depender de nadie, en un mundo donde Europa y Estados Unidos atravesaban la primera ola del capitalismo. El reto era mayúsculo y era difícil que el Perú lo hiciera bien. Nacimos como una república de ciudadanos, pero en esa época el 80% era indígena y no hablaba español. ¿Cómo naces como república de iguales en ese contexto? Ese es un problema que nunca hemos podido resolver del todo. Estamos avanzando, pero imagínate: recién votamos todos hace 50 años, de un total de 200 años de independencia. Tres cuartas partes de la República vivieron sin que todos votaran.
Como reflexionan Acemoglu y Robinson, no había instituciones políticas inclusivas. No podías participar en política: tu derecho estaba vetado; y no para una minoría, sino para la mayoría de peruanos. Hemos vivido 150 años de democracia y dictadura, pero las democracias eran imperfectas porque votaba una minoría absoluta. Recién hace 50 años podemos decir que ha habido inclusión política. Por otro lado, la inclusión económica la vemos recién ahora. Con el nuevo modelo económico, cualquiera puede hacer un negocio y, si le va bien, puede hacerse rico. Antes no se podía hacer eso, porque la economía era muy oligárquica. Hoy no es así: hay nuevas fortunas y nuevos ricos peruanos. Si tuviéramos que escoger en qué momento de la República nacer, escogeríamos nacer ahora. Esa es la parte positiva.
Todavía no hemos logrado la cohesión social. Nunca la hemos alcanzado completamente, estamos en proceso, y ese es el gran desafío del Perú. Lo vemos en estas elecciones: a más altura sobre el nivel del mar y a menores ingresos, se vota por un candidato; mientras que a más ingresos y menor altura, se vota por otro. Ese es [un reflejo de] un país que todavía no logra cohesión social. Uno debería votar por su ideología, al margen de su bolsillo o de la altura a la que queda su hogar. Hoy, esos factores aún pesan. Estamos avanzando [en la cohesión], pero lentamente. Si eso no cuaja nunca, no nos vamos a desarrollar. Por eso el título del libro es “El desarrollo esquivo”. Nunca lo hemos logrado.
“Una economía que crezca y que genere empleos es la mejor política social que podemos tener”.
Elmer Cuba, socio de Macroconsult
Evidentemente el Perú de hoy es más desarrollado que hace 50 o 100 años. Hoy la gente no se muere por una infección cualquiera; hay antibióticos, electricidad, y la sociedad ha avanzado. Pero, si nos comparamos con otros países, estamos donde comenzamos. Hay datos “horrorosos” que comparan el PBI per cápita del Perú frente al PBI per cápita de Estados Unidos y revelan, de hecho, que estamos igual que hace 200 años, con períodos de mejora y de empeoramiento, pero terminando donde iniciamos. Otra comparación es con España, y también vemos lo mismo: nunca hemos podido recortar la brecha relativa de PBI per cápita nuestro con el de ellos. Y por último, si nos comparamos con Chile ocurre igual: estamos donde comenzamos. A pesar de que, en términos absolutos, el Perú sí se ha desarrollado y el PBI per cápita de hoy es mayor, en relación con otros países estamos donde iniciamos como república.
Hoy estamos mejor preparados para enfrentar choques que en los ochenta, por ejemplo. Hoy, macroeconómicamente, nuestras cuentas están mejor, tenemos un Banco Central sólido y hay espacio fiscal, como nunca hemos tenido en la historia. En educación hemos avanzado también, pero todavía no se ha logrado garantizar la calidad educativa. Ahí empiezan algunos problemas. Tenemos un sistema educativo que, además de malo, segrega. Es una vieja herencia colonial. Dentro de América Latina, el Perú es de los países que más segregan. Ese es un reto no resuelto, y no hay sociedad desarrollada en el mundo que no tenga un mayor nivel de cohesión social. Los 33 países desarrollados a nivel global tienen sociedades más cohesionadas que la peruana. Ya tenemos instituciones políticas inclusivas por diseño: el hecho de que haya ganado una elección alguien como [Pedro] Castillo te dice que hay inclusión política. Hay mayor cohesión económica también. Pero deben pasar más décadas para que esto “cuaje”.

«No le puedes decir a alguien que gana S/1.000 al mes, que trabaja todo el día, que tu gran bandera es “defender la propiedad privada”. ¿Qué es eso para él?», reflexiona el exdirector del BCR.
/ HUGO PEREZ
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Sí: los malos niveles de servicios públicos en educación y salud, que no permiten equidad de oportunidades. Retirar Beca 18 es un reflejo de eso. ¿Cómo es posible que hayamos hecho semejante atropello al capital humano de los peruanos? La riqueza de las naciones, al final, son sus connacionales; tenemos que invertir en los peruanos, en sus cerebros. En términos macroeconómicos, no invertir en la gente es tan grave como no sacar adelante grandes proyectos del sector minero. Todos nos escandalizamos porque no sale un proyecto minero, y no nos escandalizamos por tener millones de niños y jóvenes con malos niveles educativos. Eso habla de la falta de nación. No hemos logrado ser una nación a la que le importe eso.
Sí, del Estado. El Estado es un reflejo de la sociedad. Si la sociedad fuese más exigente, exigiría un Estado distinto; si la sociedad es menos exigente, tenemos este Estado. Es un equilibrio entre ambos.
No, no ha habido. En toda la República, solo gobiernos “fuertes” nos han hecho avanzar, lo cual habla mal de la sociedad peruana. En el siglo XIX está el de Ramón Castilla, por ejemplo. Tuvo logros importantes: el más importante, en lo político, es la liberación de los esclavos y la eliminación del tributo indígena. ¿Cómo es posible que, en esa época, la sociedad le cobrara impuestos al más pobre?
Y no había impuesto a la renta. Era un impuesto a la renta a la inversa: a los que ganaban menos. Hoy día es al revés: con muchas distorsiones, sí, pero quien gana más y es formal paga renta. Eso te refleja qué tipo de sociedad y Estado éramos. Los logros de Castilla fueron políticas sociales inclusivas: eliminar el tributo indígena y liberar a los esclavos, financiado con recursos naturales como el guano. Desde esa época, los recursos naturales están presentes. Hoy tenemos el cobre. Debemos aprovechar esos recursos para que el Estado y la sociedad avancen.
En el siglo XX un gobierno muy “fuerte” fue el de Leguía, que sentó las bases de la política monetaria y fiscal. Y, recientemente, en la segunda parte del siglo XX, están los gobiernos de Velasco y Fujimori. Sin esos dos gobiernos no entenderíamos el Perú vigente.
Velasco fue pésimo para la economía. Fue un retroceso mayúsculo e indefendible. Pero sí representó un avance en la democratización de la sociedad. La reforma agraria, con todos sus problemas económicos, atacó un sistema que no era reproducible. Incluso gente de derecha y liberales como Pedro Beltrán —uno de los economistas más liberales de la segunda mitad del siglo XX, exministro de Economía, expresidente del Banco Central y dueño de un diario liberal— se dio cuenta de que era imprescindible una reforma agraria. Ese es el gran mérito de Velasco: la sociedad peruana antes y después de él es mucho más democrática; paradójicamente, por obra de un dictador.
El otro gobierno “fuerte” fue el de Fujimori, que si bien debilitó instituciones —eso es obvio—, instaló un modelo inclusivo desde el punto de vista económico. El Perú no se entendería sin esos dos gobiernos, en lo político y en lo económico.
“Velasco fue pésimo para la economía. Fue un retroceso mayúsculo e indefendible. Pero sí representó un avance en la democratización de la sociedad”.
Elmer Cuba, socio de Macroconsult
Hay que verlo en procesos largos. La macroeconomía no se focaliza solo en el corto plazo. En ese largo plazo vemos que hubo un desacople entre la población y la economía. En los años cincuenta, sesenta y setenta, el Perú tuvo una sobrepoblación —un boom demográfico— con una economía estancada y crisis macro. Esa combinación fue explosiva. Cuando pasa eso, en los países suele haber revoluciones y nunca más vuelven de ahí. Cuando mucha gente busca empleo y la economía no los da, surge el subempleo y la informalidad. Considerando este contexto, a pesar de las reformas de 1993 en adelante, y del crecimiento económico, no hemos logrado absorber a toda esa población que cayó en el subempleo y la informalidad hasta hoy. A pesar de que hay menos pobres, más de un tercio de peruanos son independientes; son cuentapropistas que se la juegan.
El término “emprendedor” se ha convertido en un eufemismo. De cada diez independientes, quizá uno es emprendedor. El resto son personas que no quisieran ser “emprendedores”, quisieran tener un empleo con sueldo.
Si tú miras los datos de la Enaho, los independientes ganan, en promedio, S/1.000. Eso no es un emprendedor. Esos S/1.000 en promedio te dejan en estado de vulnerabilidad o pobreza. Si observas la PEA, la primera mayoría son los independientes que, en promedio, ganan menos que los informales; la segunda mayoría son los informales laborales, que tienen un jefe; y la tercera mayoría son los empleados formales. A pesar del crecimiento notable, no hemos logrado absorber a toda esa población. Por eso reclaman y votan por la izquierda, también. Lamentablemente, votan por opciones que los hacen empeorar.
Sí les ha dado [el beneficio], pero no lo suficiente. Y la gente quiere buscar atajos. El Perú ha crecido, pasando de 60% de pobreza a 20% antes del COVID-19. Ahora estamos en una pobreza de 25%. Pero el “no pobre”, ¿qué es realmente? ¿Clase media? No necesariamente. Hoy, es una persona vulnerable. Hoy tienes aproximadamente un 30% de pobres y un 30% de personas vulnerables. Eso es el Perú. El 40% restante recién se acerca a la clase media. Sin el crecimiento desde 1993 estaríamos peor, sin duda. Pero no es suficiente porque venimos de muy abajo; del piso de América Latina. Hoy, a pesar de ser la “estrella macro” en inflación y déficit fiscal, nuestro PBI per cápita es, aún, el 80% del promedio regional. Entonces, no podemos cantar victoria. Falta crecer varias décadas más para que nuestro PBI per cápita aumente, se acerque al de Chile, y aun así siempre habrá opciones de retroceso.
Es un camino largo. No estamos ni de lejos a mitad de camino, pero estamos avanzando. No obstante, ese bienestar compartido aún es lejano.

«Velasco fue pésimo para la economía. Fue un retroceso mayúsculo e indefendible. Pero sí representó un avance en la democratización de la sociedad», comenta Cuba.
/ HUGO PEREZ
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La mejor política social que tiene un país es el empleo. No hay forma de que el Estado pueda sustituir un empleo. Hay tantas necesidades de gasto personal que solo tu trabajo puede cubrirlas; el Estado no puede pagarlas. Entonces, una economía que crezca y que genere empleos es la mejor política social que podemos tener. Pero eso toma tiempo. El capital humano en el Perú todavía es bajo. […] Aún así, el próximo gobierno tiene una gran ventaja: hereda 10 años pésimos de crisis política y, si logra ponerle fin a esa dinámica de vacancias y durar, solo ese hecho ya es positivo. Si se sostiene, en buenas condiciones, habrá más inversión privada y mejores políticas. Eso puede cambiar la pendiente de crecimiento del Perú. Tenemos una suerte tremenda: los vientos de cola son impresionantes.
Con estos precios internacionales, hasta en la dictadura de Odría crecíamos el doble (6%), y la inversión privada crecía 15%. Hoy eso no está ocurriendo, y es justamente por la crisis del Estado. El Estado peruano se ha degradado, y la productividad de los factores también. Un ejemplo aterrador: en 10 años, el promedio de duración de un ministro del Interior ha sido tres meses. Cambia con la estación. ¿Qué política pública puedes sostener así? ¿Cómo puedes pedir que se luche así contra la delincuencia?
Sí se puede. En el libro muestro la productividad total de factores. Esta se vuelve negativa alrededor del 2015, hace unos 10 años, coincidiendo con la crisis política. Ahora estamos creciendo, en promedio, 3%, digamos, con la inversión privada que tenemos, pero con productividad pública negativa. Si la productividad fuese positiva, como hace 15 años, creceríamos 5%; solo con estabilidad política y buenas políticas públicas. Con eso ya estaríamos gozando de un bienestar mucho mayor, aprovechando los precios internacionales. Si a eso le agregas un mejor capital humano, el Perú podría volar y crecer 6%-7% por 20 años. Tenemos todo listo; el menú está escrito. Lo que falla es el Estado: no tenemos gobiernos fuertes en democracia.
“Si la productividad fuese positiva, como hace 15 años, creceríamos 5%; solo con estabilidad política y buenas políticas públicas“.
Elmer Cuba, socio de Macroconsult
Esa es una de nuestras más grandes taras. El Perú contemporáneo tiene dos “padres políticos”: Velasco y Fujimori. Los dos fueron gobiernos autoritarios en su momento, y no es deseable que avancemos en distintos ámbitos solo con [esos gobiernos]; tenemos que avanzar en democracia. De hecho, el gran fracaso de la democracia peruana se da en los ochenta, porque después de la dictadura militar los dos partidos más sólidos asumen el poder: primero Acción Popular y luego el APRA. En ese período presenciamos la peor crisis económica, fabricada internamente, comparable a las crisis por la Guerra del Pacífico, la independencia y la gran Depresión. La crisis de los ochenta la fabricamos nosotros, en democracia. Por eso la gente hoy tiene desapego a la democracia: cuando hemos tenido democracia, no hemos avanzado; cuando hemos tenido dictadores, sí. Es una paradoja, parte del “desarrollo esquivo”.
Ahora sí estamos mejor equipados para crecer, pero hay que reconstruir la política. El libro termina en eso: el futuro del Perú pasa por arreglar la arquitectura política, para que la democracia funcione y entregue servicios a la gente. Eso implica educación —porque sin educación no aprovechas la inteligencia artificial, por ejemplo—, y una reforma del Estado que haga más funcional la tecnología para la gente.
Por un lado, la gente está desesperada por los malos servicios que reciben de educación, salud e infraestructura, y está molesta porque trabaja todo el día en condiciones precarias. En ese sentido, vota por las propuestas que suenan bien al oído: los que prometen que si una empresa de gasolina fuese pública, el combustible sería más barato; o que aseguran que una empresa pública del arroz o del pollo puede implicar precios más baratos. Son cantos de sirena que no han funcionado en ninguna parte. No hay un solo país que se haya desarrollado con esas políticas. Pero la gente busca atajos para alcanzar el bienestar. Por otro lado, los partidos que sí creen en el mercado no tienen un discurso que enganche con los pobres.
Empatía y conexión con lo que la gente pobre demanda. Falta esucuchar a los más pobres. No le puedes decir a alguien que gana S/1.000 al mes, que trabaja todo el día, que tu gran bandera es “defender la propiedad privada”. ¿Qué es eso para él? Tienes que invitarlo a ser parte del futuro, con un país que crece y lo incluye. La tara peruana es esa: que los partidos que tienen políticas malas enganchan con los pobres, y los que defienden el mercado no conectan con ellos. Esa es la gran paradoja en la que estamos desde hace 10 años.

Cuba es economista, socio de Macroconsult y exdirector del Banco Central de Reserva.
/ HUGO PEREZ
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La teoría del desarrollo económico se mide a través del IDH (Índice de Desarrollo Humano), que mide el Banco Mundial. Si miras sus componentes, el más importante es el ingreso, que viene del crecimiento. Los otros componentes —esperanza de vida, educación, salud— solo son financiables con crecimiento, a través de impuestos y de gasto público.
No se puede subestimar el crecimiento.
Al final, todo pasa por ahí. No existe ningún país desarrollado que no haya crecido. Conjunto al vacío. Y al revés: no existe ningún país que haya crecido de manera sostenida y no se haya desarrollado. Ahora: puedes tener dos países con el mismo PBI per cápita, pero si uno tiene más inclusión social, a la larga, va a crecer más rápido, porque dejará que la libertad económica y los incentivos operen mejor. Esa es la base del premio Nobel de Acemoglu y Robinson: que las economías desarrolladas comparten rasgos comunes —economías de mercado, instituciones políticas y económicas inclusivas y una sociedad cohesionada—. No existen estados malos con sociedades fuertes. Eso no se logra sin educación. La sociedad tiene que exigir y el Estado tiene que responder. Por eso este libro insiste en la economía política.
Hay algunas propuestas que menciono en el lilbro. Una de ellas tiene que ver con cerrar la estabilidad laboral absoluta. El mercado laboral debe ser flexible. Desde el siglo XX hasta ahora no podemos resolver estos problemas: el Perú es un país rígido, y eso hay que cambiarlo. Un empleador no es tu familia; puede costar pensar eso, pero hay que darle flexibilidad a ese mercado.
Otro punto tiene que ver con los impuestos: el Estado sí puede obligar a todos a declarar su renta. La Constitución está muy cargada hacia derechos sociales, pero ser ciudadano en una democracia implica asumir obligaciones también. Una obligación debe ser declarar los ingresos (no todos pagarán por el umbral). Si eso ocurriese, sería más fácil agarrar a todos los ilegales. La mejor herramienta para bajar casi a cero la evasión tributaria es obligar a todos a declarar.
Eso es clave. Por diseño, los congresistas están prohibidos de manejar la Hacienda pública. Eso se ha roto en la última década, y mucho más en los últimos cinco años.
En la primera parte del siglo XX éramos un país primario exportador de minerales, algodón, azúcar, caucho y lana, y la gran mayoría de gente en el campo dependía del autoconsumo. La mitad del Perú vivía en el campo. Pero debido al boom demográfico, hubo presión: ¿cómo íbamos a dar empleo a tantos peruanos si la economía primaria exportadora no era tan empleable? Eso generó presión social y política, que llevó a perseguir la industrialización. Se pensó que el Perú se iba a industrializar en los años sesenta y setenta, pero no estábamos equipados para hacerlo por varias razones. Una de ellas fue el cepo exportador y una política de aranceles muy altos. No te puedes industrializar con aranceles altos; eso no funciona. Esa política estaba “envenenada” desde que comenzó. Por eso fracasó en los ochenta: nos quedamos sin dólares, porque éramos solo ensambladores. No éramos capaces de producir insumos. Eso fracasó, además, porque se sumaron crisis macro y fiscales.
Hoy nos hemos quedado con la industria que sí podemos defender. El Perú ya tiene una buena industria, que hace lo que puede y compite con el mundo, pero no somos mejores que otros en todas las cosas. Por eso importamos. El Perú no es mejor que otros países haciendo iPhones; tenemos que importarlos. No somos mejores produciendo cierto tipo de bienes de capital.
No. Tenemos que seguir explotando las ventajas que ya existen y que no estamos aprovechando. Por ejemplo, la minería. Somos una potencia mundial en minería y tenemos políticas antimineras. Es como si un país árabe petrolero tuviera políticas antipetróleo: lo mejor que tienes lo tratas como un enemigo. Hoy no hemos explotado todo ese potencial. ¿Cómo es posible que tengamos tanta riqueza en el suelo, con precios altos, sin ningún proyecto de clase mundial en carpeta? Nosotros mismos hemos creado regulaciones y plazos que empeoran el valor de la ley del mineral, porque una inversión se demora 10 años o más en materializarse. Con tanta demora, el valor presente de un proyecto baja y las empresas no invierten. Lo mismo ocurre en turismo y en agricultura. ¿Por qué no sacamos adelante Majes Siguas II, para replicar el éxito de Chavimochic en Arequipa? Hacerlo al sur permitiría darle empleo a gran parte de la población andina pobre, pero no lo estamos impulsando.
Por otro lado, tenemos que educar. La verdadera riqueza de las naciones proviene de su gente educada, más aún en la economía del conocimiento. Hoy el Perú está desperdiciando recursos humanos. Eso es tan grave como desperdiciar los recursos naturales en el subsuelo.














