La intención de voto está estancada. Los resultados de la nueva encuesta de Datum-El Comercio no muestran variaciones significativas respecto a la medición anterior. Con un margen de error de ±2,8 puntos, ninguno de los movimientos observados supera ese umbral, por lo que las diferencias registradas deben leerse con cautela. Más que cambios reales, algunas variaciones podrían responder a lo que, en términos estadísticos, se conoce como una ilusión óptica. Sin embargo, aun en un escenario de aparente estabilidad, es posible identificar algunas tendencias relevantes.
En los primeros lugares, Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori se mantienen estables. En el ámbito nacional no presentan variaciones, pero al desagregar la información por regiones se observa una alta volatilidad. Este comportamiento territorial refleja un electorado aún en movimiento, donde las preferencias no están consolidadas. Solo tres de cada diez votantes declara que tienen su voto decidido, lo que explica la migración constante entre candidaturas y la fragilidad de los posicionamientos actuales.
El tercer lugar, ocupado por Carlos Álvarez, también parece estable, aunque con una distancia reducida frente a quienes disputan el cuarto puesto. En este grupo intermedio, cualquier movimiento pequeño podría alterar el orden relativo. En contraste, Alfonso López Chau, que venía mostrando un crecimiento lento pero sostenido en mediciones anteriores, se estanca en esta última encuesta.
Más allá del desempeño de las candidaturas, el foco del análisis debe ponerse en los indecisos. Ellos serán quienes definan el desenlace electoral. A diferencia de procesos anteriores, el nivel de indefinición se mantiene persistentemente alto. En el 2016, quienes declaraban votar blanco, nulo o no sabían por quién votar representaban el 14% del electorado. En el 2021, esa cifra subió a 33%. Hoy alcanza el 42,5%, un nivel históricamente elevado.
La encuesta profundiza en las razones detrás de esta indefinición y los resultados son elocuentes. Casi la mitad de los indecisos justifica su falta de decisión por razones vinculadas a la oferta electoral. Predominan percepciones como que “todos son corruptos”, que “buscan su propio beneficio” o que “ninguno los representa”. Estas respuestas no expresan apatía, sino rechazo. Todo indica que una parte importante del voto blanco y nulo podría consolidarse como un voto de protesta frente a una oferta que no logra conectar con las expectativas ciudadanas.




