El 12 de abril del 2026 serán las elecciones generales, no tenemos certeza sobre cuántos ni quiénes postularán, lo claro es que muchos se encuentran en campaña.
Los viajes por carretera ya muestran pintas de propaganda con aspirantes presidenciales y también al Parlamento, varios de los cuales, más que dirigirse prioritariamente al electorado –que en su mayoría aún no identifica postulantes que los entusiasmen–, enfocan sus mensajes a sus propias organizaciones políticas, dónde pretenden afirmar liderazgo y posicionarse.
Así, en la construcción de las estrategias electorales, antes de conocer a profundidad a los adversarios, votantes y a la dinámica particular que cada elección genera, toca conocerse como candidatos y partidos.
Recordemos que, a diferencia de lo ocurrido con el triunfo de García en el 2006 o de Humala en el 2011, donde ambos eran protagonistas en las encuestas con más de un año de anticipación, en el caso de Kuczynski en el 2016 y principalmente Castillo el 2021, se trató de largas carreras con atropellada al final. Las campañas son herramientas potentes que alteran el curso de prematuras preferencias medidas en encuestas, y para asegurar las candidaturas también se requieren campañas.
Como en la fábula de Esopo, la tortuga venció a la liebre porque, a falta de velocidad, contaba con estrategia y constancia. La gran ola proselitista se iniciará en noviembre, aunque la carrera ya se inició.














