La votación para la elección de la Mesa Directiva nos dejó un panorama dividido para el Senado: 30 votos para el bloque de derecha (Fuerza Popular y Renovación Popular) y 30 votos para el bloque de izquierda (Juntos por el Perú, Ahora Nación, Partido Cívico Obras y el Partido del Buen Gobierno). Esto plantea la pregunta sobre cómo se definirán las mayorías en la Cámara Alta: por traición (tal como pasó en la elección de la presidencia) o por el voto dirimente (de la presidencia).
La votación para la elección de la Mesa Directiva nos dejó un panorama dividido para el Senado: 30 votos para el bloque de derecha (Fuerza Popular y Renovación Popular) y 30 votos para el bloque de izquierda (Juntos por el Perú, Ahora Nación, Partido Cívico Obras y el Partido del Buen Gobierno). Esto plantea la pregunta sobre cómo se definirán las mayorías en la Cámara Alta: por traición (tal como pasó en la elección de la presidencia) o por el voto dirimente (de la presidencia).
El escenario es más complicado si tomamos en cuenta que, para modificar un texto legislativo enviado por la Cámara de Diputados, se requiere un mínimo de 31 votos. Esto coloca al bloque de derecha en aprietos si es que quieren corregir los excesos que lleguen desde la Cámara Baja, en la que se prevé que el bloque de izquierda presida las comisiones más importantes desde donde se produzcan los textos normativos con mayores peligros.
Un posible uso constante del voto dirimente puede desgastar la figura de Miguel Torres como presidente del Senado. Esto obliga a Fuerza Popular a tener un acercamiento rápido con Obras y el Partido del Bueno Gobierno. La última bancada, del partido de Jorge Nieto, ha explicado que aplicará una “alianza por puntos” –es decir, tema por tema– y con eso ha justificado su unión con la izquierda para la Mesa Directiva.
Sin embargo, Fuerza Popular está teniendo un mal inicio en dichos acercamientos, empezando por el propio Miguel Torres. En su primera entrevista con El Comercio, el presidente del Senado puso sobre la mesa algo que solo era un rumor en el Hall de los Pasos Perdidos: la posibilidad de disolución de la Cámara de Diputados. En el nuevo sistema bicameral, el Congreso puede funcionar solo con el Senado.
“Se mantiene el sistema que, ante dos negaciones de cuestiones de confianza del Ejecutivo, se podría disolver la Cámara de Diputados”, explicó Torres en la entrevista cuando fue consultado por el mecanismo, aunque después intentó suavizar el tema alegando que “es un supuesto que no deberíamos mirar como una alternativa”.
A ojos de la izquierda, la declaración de la máxima autoridad parlamentaria los pone de sobre aviso y hará que sus miradas sigilosas se centren sobre los ministros en un escenario en el que la delegación de facultades está en juego. La experiencia política de los últimos años ha demostrado que los congresistas, bajo la amenaza de una cuestión de confianza, se ponen reactivos y eso siempre termina afectando la estabilidad ministerial. No está de más recordar que son los diputados los facultados a interpelar y censurar a los ministros; y que en esta cámara la izquierda puede llegar a 74 votos.
El Gabinete Ministerial cuenta con varios perfiles políticos, pero algunos sectores claves –pensemos en el MEF– necesitan un blindaje parlamentario necesario para que trabajen tranquilos las medidas urgentes del país. Y si otra cosa ha demostrado la experiencia política de los últimos años es que el oficialismo difícilmente suele ser un buen escudero de carteras técnicas como el MEF, sobre todo ante medidas populistas. Y en Diputados, toca ver cuán dispuesta está la bancada fujimorista en blindar a su ministro, más aún cuando están en desventaja numérica.














