Bajo un sol intenso, la multitud avanzaba despacio en medio de rezos y cánticos. Cientos de fieles siguieron, paso a paso, el tradicional Vía Crucis del llamado popularmente “Cristo Cholo” por Semana Santa, en un recorrido que partió desde los alrededores de la Plaza de Armas y se extendió, entre pausas y estaciones, hasta el cerro San Cristóbal, en el Rímac.
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Ellas son “Las Marianas”, un grupo de hermanas devotas del Señor de los Milagros. Fueron 14 las convocadas, lideradas por Alexandra Hurtado, quien, en conversación con El Comercio, no ocultó la emoción del momento. “Para todas nosotras ha sido una bendición poder llevar la cruz en este recorrido. Nos sentimos muy contentas y halagadas por este honor”, dijo.
La idea tomó forma tiempo atrás. Según contó Alexandra, todo empezó cuando coincidieron con el “Cristo Cholo” —cuyo nombre real es Mario Valencia— en la parroquia San Norberto, en Santa Catalina. “Conversamos y acordamos ser parte de esta festividad espiritual en gracia de nuestro Señor”, relató.
Hurtado también dejó un mensaje de fe y esperanza en un contexto país marcado por la incertidumbre. “Nuestra fe puede lograr muchas cosas. Confiemos en nuestro Señor, su voluntad es perfecta”, reflexionó.

Fue la primera vez que la cruz fue cargada por mujeres. Foto: GEC.
/ JULIO REAÑO
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Más adelante, mientras el recorrido continuaba, Mario Valencia se tomó unos minutos para hablar con El Comercio. Aún con la voz entrecortada por el esfuerzo, explicó que decidió invitar a las mujeres porque varias de ellas atraviesan momentos personales difíciles. “Quise que carguen la cruz para que el Señor las bendiga en sus caminos. La idea es que, más adelante, comunidades de distintas iglesias y credos también puedan hacerlo”, señaló.
Detrás de la escenificación hay meses de preparación. Son seis meses de ensayos junto a su comunidad teatral Emmanuel, además de una exigente preparación física que le permite, año tras año, completar el ascenso hasta la cima del cerro San Cristóbal.
“Hasta que el Señor me lo permita, seguiré cargando su cruz. Es un privilegio poder entregarme a la comunidad cristiana y a todo el pueblo peruano. Buscamos representar lo que Él vivió hace más de dos mil años, para que se entienda que sufrió por nosotros, que soportó cada azote y la crucifixión”, expresó.

Al finalizar su tramo, junto al “Cristo Cholo”, hicieron una oración. Foto: GEC.
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Recorrido
Todo empezó al mediodía. Afuera del Teatro Municipal de Lima, unas veinte personas aguardaban con expectativa. Algunos se acercaban por curiosidad, sin tener muy claro qué iba a ocurrir. La emoción creció cuando apareció el “Cristo Cholo”, acompañado de su elenco.
Inició con un Padre Nuestro y un Ave María e invitó al público a sumarse en oración. Mientras tanto, personal de serenazgo y policías resguardaban la escena y procuraban que la gente mantuviera una distancia prudente. Pero la emoción pudo más. Varios se acercaron para tocarle la mano, abrazarlo e incluso pedirle una foto. Él respondió con la misma calidez que recibía.
El recorrido avanzó hacia la Plaza de Armas de Lima, a la altura del jirón de la Unión. Ahí comenzó la escenificación. Repartió panes y hostias entre los asistentes y les recordó que lo que iban a recibir representaba el cuerpo de Cristo. De pronto, una mujer irrumpió entre el público y empezó a gritar. Estaba caracterizada, lo que tranquilizó al público, pues formaba parte del acto. Le pidió perdón por haber cometido adulterio y él respondió que “quien esté libre de pecado arroje la primera piedra”.

Escenificación en la Plaza de Armas de Lima. Foto: GEC.
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Luego apareció un hombre que representaba a un ciego. Tras recibir la bendición, gritó que podía ver. Así, la historia bíblica fue tomando forma, escena tras escena, hasta llegar a la traición de Judas. Siguieron los latigazos, la corona de espinas y la condena. Jesús, junto a dos ladrones, fue obligado a cargar la cruz.
A punta de azotes avanzó por el jirón Junín. Para entonces, la multitud ya había crecido. Decenas de personas se sumaban al recorrido, conmovidas, y entre súplicas pedían que no le pegaran. La representación dejó de ser solo un espectáculo y pasó a vivirse como una experiencia compartida.
Al llegar al cruce con la avenida Abancay, “Las Marianas” tomaron protagonismo. Entre aplausos, cargaron la cruz durante todo el tramo. El actor, con micrófono en mano, destacó que se trataba de un momento inédito, pues por primera vez una hermandad femenina asumía ese rol en el Vía Crucis. Las mujeres llevaron la cruz hasta el puente Ricardo Palma, donde fue entregada nuevamente a Jesús, quien continuó el recorrido hasta la Municipalidad del Rímac.
Cerca de las tres de la tarde ya no había marcha atrás. Todos avanzaban hacia el cerro San Cristóbal. En ese punto, la cruz era cargada por los vecinos y la multitud se multiplicaba, como el gesto simbólico de los panes repartidos al inicio. En cada estación se recreaban nuevos pasajes de la Biblia y el público seguía atento.

El “Cristo Cholo” subiendo el cerro San Cristóbal. Foto: GEC.
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A mitad del camino hubo una pausa breve. La intervención del personal médico despertó preocupación entre los asistentes. Por unos instantes, la multitud contuvo el aliento. Pero minutos después llegó la confirmación. El actor podía continuar.
El ascenso siguió hasta la cima. Allí, el “Cristo Cholo” fue crucificado junto a los dos actores que representaban a los ladrones. El público aplaudía la interpretación, pero también se mostraba conmovido. El realismo de la escena, con la muerte de Jesús y el llanto de la Virgen María y María Magdalena, impactó a los asistentes.
Al finalizar, Mario Valencia agradeció al público. Luego, los asistentes emprendieron el descenso con cuidado. Entre peruanos y turistas extranjeros, el ambiente era de silencio y reflexión. Quedaba una sensación compartida entre quienes presenciaron la escena, una mezcla de satisfacción por el gran trabajo de la puesta en escena y tristeza por el sufrimiento que representa la historia.
Cabe resaltar que este no fue el único Vía Crucis en el país. En regiones como Ayacucho y Arequipa, y la provincia de Lamas, en San Martín, miles de fieles también presenciaron escenificaciones. Una tradición que, año tras año, sigue reuniendo a comunidades enteras.














