El turismo gastronómico en Estados Unidos vive un giro inesperado. El país, históricamente asociado a la pizza como ícono cultural y culinario, cuenta hoy con más restaurantes mexicanos que pizzerías, una señal de cómo están cambiando los hábitos de consumo de locales y visitantes.
Datos recientes citados por The New York Times y The Wall Street Journal confirman el fenómeno: en 2024, las pizzerías cayeron al sexto lugar entre los tipos de restaurantes más populares en EE.UU., lejos del segundo puesto que ocupaban en los años noventa. Desde el pico de 2019, el número de pizzerías ha disminuido, mientras crecen a buen ritmo las cafeterías y, sobre todo, los locales de comida mexicana.
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Para el turismo, el cambio no es menor. Las ciudades estadounidenses amplían su oferta culinaria y los viajeros encuentran una escena más diversa, donde tacos, burritos y antojitos compiten con ventaja frente a la pizza tradicional. Las cadenas del sector reconocen el ajuste: “El negocio está en plena transformación”, admitió Ravi Thanawala, directivo de Papa John’s International, en declaraciones al diario económico.
El precio es uno de los factores clave. Una pizza grande ronda hoy los 17 dólares, por encima de otras opciones de ‘fast-food’. La presión de costos —ingredientes más caros y promociones constantes— ha obligado a las cadenas a reajustar estrategias. Domino’s, por ejemplo, logró repuntar ventas con una oferta temporal de 9,99 dólares, confirmando la alta sensibilidad del consumidor.
La competencia también se amplió fuera del local. Plataformas de reparto como Uber Eats facilitan el acceso a cocinas de todo el mundo, desde comida asiática hasta española, un abanico que impacta directamente en la elección del turista y del residente. A ello se suman las pizzas congeladas de supermercado, cada vez más sofisticadas.
Finalmente, el auge de la gastronomía mexicana se explica también por cambios demográficos y culturales: la población de origen mexicano creció de forma sostenida desde los años setenta, impulsando una oferta que hoy marca tendencia. En paralelo, una clientela más preocupada por el bienestar presiona por opciones menos calóricas, otro reto para la pizza. Para el turismo, el mensaje es claro: Estados Unidos sigue siendo un destino culinario, pero ya no gira en torno a un solo plato.














