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El inicio del año escolar 2026 no solo representa la vuelta a clases, horarios, exámenes y libros, sino también el retorno a la convivencia con toda una comunidad educativa que involucra escolares, padres de familia, profesores, directivos, y familias. Esta convivencia, en algunos casos, no está de libre de discrepancias.
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Sin embargo, según expertos, modificaciones como la clara distinción entre conflicto y violencia, el enfoque exclusivamente pedagógico en el caso de niños menores de 9 años y la mejora en los criterios para reportar un incidente al SíSeVe, la herramienta nacional para reportar y atender casos de violencia y acoso escolar, constituyen avances necesarios para reducir la estigmatización en el comportamiento de los estudiantes, garantizar un trato más formativo que punitivo y establecer un enfoque más humano y moderno.
El psicólogo educativo Roberto Flores considera que la actualización del Minedu es vital porque contribuye a comprender que el conflicto es inevitable en cualquier grupo humano y que la clave está en cómo se gestiona. “Es necesario separar la acción del ser humano para educar y orientar a los estudiantes porque están en formación”, explica.

El inicio del año escolar 2026 es una oportunidad para que escuelas y familias trabajen juntas en la estabilidad socioemocional de niños y adolescentes, más allá de las metas académicas.
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Agrega que: “calificar rápidamente como ‘agresor’ a un alumno puede reforzar una identidad negativa en lugar de abrir espacios de reflexión y reparación”.
Para la psicóloga clínica y educacional Rachel Watson, incorporar la edad de los escolares en los protocolos de atención es relevante porque contempla el nivel de desarrollo evolutivo de los niños. “Así no se calificará como violencia escolar determinadas conductas en educación inicial y los casos de bullying y ciberbullying responderán a edades a partir de los 9 años”, detalla la especialista. “Evitaremos sobredimensionar situaciones propias del crecimiento”, agrega
Otro punto central de las modificaciones es que otorga a los padres de familia corresponsabilidad en la aplicación de los protocolos y un rol activo en el proceso formativo. “Las familias son las primeras formadoras y la escuela complementa lo que se inculca en casa, por eso se trata de un trabajo en equipo y eso debe entenderse”, explica Watson.
Mientras que Roberto Flores sostiene que es necesario que la familia y la escuela hablen el mismo “idioma” para establecer una propuesta que brinde estabilidad a los menores. En esa misma línea, Víctor Vásquez, coordinador de Bienestar y Tutoría de Innova Schools, detalla que la familia debe conocer las estrategias que tiene la escuela para promover la sana convivencia y la resolución de conflictos.
Los expertos coinciden en que igual de importante es el refuerzo del rol formativo del docente en los nuevos protocolos. Según Watson, con pautas más claras se devuelve al docente la autoridad pedagógica y la aplicación de una disciplina positiva. “Poner límites con respeto, cuando es necesario, es educación para la vida”, manifiesta.
Mientas que Roberto Flores recuerda que el docente requiere también una red asistencial, recursos y herramientas que ayuden a tomar los mejores caminos ante las incidencias.
De cara al reinicio del año escolar 2026, los especialistas proponen priorizar la validación emocional como estrategia preventiva. “Validar las emociones de los escolares implica escuchar, expresar en palabras lo que sienten y generar espacios de diálogo tanto en casa como en la escuela”, precisa Roberto Flores. De este modo, los estudiantes aprenden a gestionar sus conflictos sin recurrir a la agresión”, finaliza.
El retorno a clases no debe limitarse a recuperar aprendizajes perdidos; debe ser también un compromiso con el bienestar socioemocional. Formar estudiantes competentes es muy importante, así como formar personas capaces de convivir en respeto y empatía es una tarea urgente.
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