Muchos esperaban un plan inmediato y una puesta en práctica ágil desde el primer día. Existe la percepción de que no solo la conformación del Gabinete demoró más de lo debido, sino también la presentación de las facultades legislativas.
Muchos esperaban un plan inmediato y una puesta en práctica ágil desde el primer día. Existe la percepción de que no solo la conformación del Gabinete demoró más de lo debido, sino también la presentación de las facultades legislativas.
En medio de esta sensación de acciones tardías, el MEF ha enfrentado varios desafíos. Apenas asumió el cargo, el ministro Cuba ya corría contra el reloj: los plazos de ley para presentar el Marco Macroeconómico Multianual y el proyecto de Presupuesto Público estaban encima. Revisar –y quizá rehacer– lo que dejó la gestión anterior fue, seguramente, una tarea minuciosa. Con El Niño a cuestas hay mucho por ejecutar y cifras que ajustar.
El Presupuesto Público 2027 es cauto: su incremento de 3,5% frente al de 2025 tiene sentido a la luz de las reglas fiscales vigentes. Para El Niño se destinarán este año entre S/ 2.000 y S/ 2.500 millones, y para el 2027 se prevén cerca de S/ 2.400 millones adicionales. En total, el Gobierno ha comprometido para enfrentar este fenómeno climático alrededor de 0,5% del PBI. ¿Es suficiente?
Es una pregunta difícil de responder hoy: nadie tiene certeza sobre la magnitud real que alcanzará el Niño Costero. Sin embargo, es poco probable que, de ser necesario, el Ejecutivo no decida incrementar los recursos. Al final, el ministro Cuba es una persona solvente que genera confianza y el presupuesto podría ajustarse de manera responsable y oportuna. Pero para eso se necesitan dos cosas que casi no hemos tenido en el pasado: tiempo y buena gestión.
Como en cualquier equipo nuevo, aceitar las dinámicas, las respuestas y hasta los procesos toman tiempo y esfuerzo. Y como siempre ocurre en el Estado, ese proceso se da en medio de presiones. Esto no significa que no se hayan cometido errores, ni que algunas promesas resulten excesivamente optimistas. Significa que las dificultades aumentarán, el trabajo se intensificará y las exigencias y críticas se escucharán cada vez más fuerte.
Si el fenómeno de El Niño se gestiona bien –en la práctica y en la comunicación–, las percepciones de hoy quedarán en el pasado. Si no, el costo no será solo de imagen: será el de un gobierno que perdió, en sus primeros meses, la oportunidad de demostrar que sabe actuar cuando el reloj no perdona.



