Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Un mandato del pop moderno es estar siempre presente. En el siglo pasado, el aura del músico nacía en parte del misterio: no saber quién era, qué hacía o pensaba. Hoy ese misterio es un error de márketing. Un artista pop debe estar haciendo noticia siempre —si no es con su música, con una campaña, una colaboración, o con pedazos dosificados de su vida en redes—. Una artista como Sabrina Carpenter es campeona en eso. Desde su ingreso con fuerza al ‘mainstream’, la joven diva encadena lanzamientos anuales. Los catálogos son de alta rotación y el algoritmo de Spotify no perdona el silencio. En ese paisaje, tomarse cuatro años para presentar un nuevo álbum es una jugada de alto riesgo. Y es exactamente lo que hizo Harry Styles.
Un mandato del pop moderno es estar siempre presente. En el siglo pasado, el aura del músico nacía en parte del misterio: no saber quién era, qué hacía o pensaba. Hoy ese misterio es un error de márketing. Un artista pop debe estar haciendo noticia siempre —si no es con su música, con una campaña, una colaboración, o con pedazos dosificados de su vida en redes—. Una artista como Sabrina Carpenter es campeona en eso. Desde su ingreso con fuerza al ‘mainstream’, la joven diva encadena lanzamientos anuales. Los catálogos son de alta rotación y el algoritmo de Spotify no perdona el silencio. En ese paisaje, tomarse cuatro años para presentar un nuevo álbum es una jugada de alto riesgo. Y es exactamente lo que hizo Harry Styles.
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Cuando terminó la gira de “Harry’s House” —el disco que le valió el Grammy a álbum del año, el que lo trajo por el Perú— el músico británico hizo algo que muy pocos en su posición se permiten. Optó por descansar y no hacer nada. Nada estratégico, se entiende. No hubo ningún single de mantenimiento, ningún remix calculado para no perder temperatura. Solo el silencio. Para alguien que trabajaba frenéticamente desde los 16 años, cuando integró la hiperpopular ‘boy band’ One Direction sin haber terminado el colegio, ese silencio fue casi terapéutico, ha dicho.
Cuando cumplió 30 en 2024, Harry empezó a viajar por puro gusto. “Fue la primera vez en mi vida que hacía algo así”, declaró esta semana a “Runner’s World”, ya en campaña de promoción de su disco de retorno “Kiss All the Time. Disco, Occasionally”.

Portada de “Kiss All the Time. Disco, Occasionally”, el esperado retorno de Harry Styles a la escena del pop luego de cuatro años.
/ NOINFORMATION
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Durante ese período su nombre circulaba como un rumor. Lo veían por aquí y por allá, paseando o corriendo. Uno de esos avistamientos fue memorable, en el Vaticano, el día en que el humo blanco anunció al papa León XIV. Styles contó después que estaba cortándose el cabello en una peluquería en Roma cuando escuchó el alboroto en la calle y siguió la corriente hasta la Plaza de San Pedro. La foto que se viralizó no la tomó ningún publicista, sino alguien que simplemente no podía creer que el gran solista pop de esta época estuviera ahí, solo, mezclado entre la multitud.
Fue en las noches de Berlín, sin embargo, donde ese vagabundeo encontró un propósito. En la oscuridad de las discotecas nadie lo reconocía y podía estar tranquilo. En la entrevista con “Runner’s World”, Styles señala que la legendaria escena de música electrónica de Alemania —a la que Rosalía también tributó de alguna forma en su reciente “LUX”— operó de formas nuevas en su visión de la creación musical. En el pasado, lo saben las “directioners”, el menor de los intereses del grupo era bailar o construir una identidad coreográfica. Ahora Harry quería bailar. Lo otro que descubrió fue el sentido de comunidad en una pista. Esa tensión entre lo colectivo y lo íntimo coexistiendo en el mismo espacio parece haberlo marcado, de una forma que ninguna gira podría, su nuevo derrotero musical.
En una industria musical que exige exhibición y estridencias, el británico Harry Styles ha optado por varios años de absoluto silencio.
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A comienzos de 2025 entró a los estudios Hansa de Berlín con Kid Harpoon, su productor de confianza. El lugar tiene su propio peso histórico: David Bowie grabó allí parte de su célebre trilogía berlinesa —“Low” (1977), “Heroes” (1977), “Lodger” (1979)— con Brian Eno como interlocutor y el Muro todavía en pie a pocos kilómetros. Algo de esa energía —la idea de que Berlín puede reinventarte— parece haber operado también sobre Styles. Afuera de los estudios hay un tramo de carretera de ocho kilómetros que empezó a correr casi a diario, con sus propias maquetas en los oídos. Tomaba notas mentales en movimiento. Otra influencia decisiva fue LCD Soundsystem: Styles le contó a la BBC el mes pasado que los vio tocar en un ‘venue’ pequeño de Londres y no pudo quitárselos de la cabeza.
Es en una conversación con Haruki Murakami donde Styles habla con más detalle de su nueva obsesión. La música electrónica había entrado en su vida: Floating Points, Jamie XX, las mezclas de Fadi Mohem. Todo sonaba nuevo y vivo. “Todo eso me pareció muy hipnótico, como si me hubiera perdido en esa música. Fue útil para mi carrera llegar a ese punto en el que me sentía como si estuviera meditando con ella. Hace que el tiempo pase de una forma muy diferente”. Su mente de músico empezó a volar. Era la señal de que el descanso había terminado y era hora de volver al cuarto de composición y al estudio de grabación. Hay que añadir que durante su larga ausencia, la industria intentó fabricar al nuevo Harry Styles varias veces. Lo intentó con Benson Boone, pero no lo ha conseguido.
Benson Boone tuvo su momento hace un par de años. Algunos fans lo compararon con Harry Styles por su aura glam, con más entusiasmo que evidencia.
/ VALERIE MACON
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Así llegó el primer single, “Aperture”: tenue influencia electrónica, algo de gospel en las voces que se repiten como mantra. Una sencilla base rítmica programada y un bajo sinuoso como soporte para el estribillo de “We Belong Together”, más cercano a la meditación que al clímax explosivo. Debutó en el número uno global —era lo nuevo de Harry Styles después de años de silencio, después de todo—, pero cayó en picada en las semanas siguientes. No arrasó. Y Styles no pierde el sueño por eso. En sus últimas entrevistas parece que le importa más mostrar sus nuevos derroteros creativos que replicar la potencia planetaria de “As It Was”, el single de 2022 que estuvo 15 semanas en el número uno del Billboard Hot 100.
En la última edición de los Brit Awards, Harry ha hecho gala de sus dotes de bailarín. Lo hizo en una coreografía sencilla, casi minimalista, que generó memes y debates. Se dijo que a una mujer la habrían destruido por una performance similar. Quizás. Lo interesante es que Styles se mueve ahora con una tranquilidad diferente frente a la crítica. Nunca antes le podría importar menos la opinión de la gente.
La presentación de Harry Styles en los Brit Awards de este año generó numerosos comentarios por su inesperada incursión en el baile coreográfico.
/ ADRIAN DENNIS
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En “Kiss All the Time. Disco, Occasionally”, Styles no se propone descubrir la pólvora. Lo suyo es otro talento, más raro de lo que parece: el olfato para rescatar algo que pasó de moda y ponerlo en el centro justo cuando nadie lo espera. Lo hizo desde su primer disco, cuando los charts estaban dominados por el hip hop y los beats sintéticos y él apareció con guitarras setenteras al estilo del soft rock californiano. Lo hizo con “Fine Line”, donde abrazó el glam y la androginia con tal naturalidad que terminó en la portada de “Vogue” con vestido. Lo hace ahora con la electrónica y los beats de baile. Siempre el mismo movimiento de mirar hacia atrás para llegar antes que todos. //




