Pero las últimas semanas perdimos hasta esa precaria normalidad. Estamos en el Perú accidental del octogenario José María Balcázar que nos llevó a una insólita pelea entre niños de colegio contra testarudos adultos mayores; haciendo peligrar la investidura de su gabinete. No exagero. La bronca fue literal y hasta contó con la Resolución Viceministerial 033-2026-Minedu, que deja constancia de que el gobierno le dobló el brazo a la infancia que estudia en colegios privados por unos días.
En la norma del Minedu se ordenó a los colegios privados que hicieran clases remotas del lunes 9 al viernes 13. Se excluyó a los nidos y jardines, porque meterse con niños menores de 5 años hubiera sido el colmo. Regresionamos a la pandemia, cuando Martín Vizcarra encontró en el desastre la ocasión para ejercitar su vena autoritaria y represiva confinando al país en una de las cuarentenas más severas del mundo. La comparación no es casual, porque algo de eso se pudo intuir en el gobierno Balcázar: un tufo a ‘si no soy el presidente del quinquenio, de la estabilidad, de la propuesta y de la obra inaugurada; al menos seré el presidente de la emergencia’. Y Denisse, en lugar de bajarlo de la nube, se trepó con él por unos días.
¿Qué había pasado? El viernes 6 de marzo, la primera ministra Miralles presidió una conferencia de prensa en la que anunció que el gobierno tomaba drásticas medidas de racionamiento de energía ante la crisis originada por el incendio en un ducto que trae el gas de Camisea desde la selva a la costa. Planteó medidas de racionamiento de energía como el teletrabajo y las clases remotas. Pero no dictó normas al respecto. Un decreto del Ministerio de Energía y Minas mencionaba restricciones pero no había normas sectoriales específicas que las obligaran.
No tardaron, tras el anuncio de Miralles, los comunicados y protestas de gremios productivos que acusaban al gobierno de paralizar al país por las puras. Solo los expertos del sector aseguraban que las restricciones eran sensatas, aunque valoraban nuestra diversidad energética. Miralles anunció que el sábado 7 visitaría el distrito de Megantoni, epicentro del desastre, acompañada de Balcázar y de un grupo de ministros. El viaje se produjo sin el presidente. Se nos dijo, a modo de excusa, que el helicóptero no tenía mucho espacio. Surgió la sospecha: ¿no había sitio en el helicóptero para un presidente, o no había un presidente sano y ágil capaz de embutirse en un helicóptero?
La sensación de presidente ausente y de primera ministra débil pero terca, cundió el fin de semana. Los gremios empresariales no se dejaron doblar el brazo y ganaron la puja. La viceministra de Trabajo, Yolanda Erazo, en una entrevista, me dijo con absoluta claridad que el teletrabajo para el sector privado, era solo una exhortación. No había norma de cumplimiento obligatorio. Quedó entonces la duda sobre las clases remotas. Los colegios privados habían empezado sus clases una semana atrás y les irritaba que les corten la viada por una semana. Hicieron consultas a las autoridades, que les respondieron que debían parar. Pero no había ninguna norma que los obligase. Su temperamento era seguir con las clases presenciales hasta que, ¡zas!, el domingo en la noche se publicó en El Peruano la resolución prohibitiva.
¿Por qué torcerle el pescuezo a los colegios privados tras perdonarle la vida a las industrias? ¿Tan poco vale la infancia para el gobierno? La restricción se dictó hasta que durara la emergencia, o sea, hasta el viernes 13. Con el sector público no había problema porque las clases igual iban a empezar el lunes 16. Cinco fugaces días que podían perdonarse en aras de la concordia y del voto de confianza. Según mis fuentes del Ministerio de Educación (Minedu), la resolución no nació de ellos, sino que les fue ordenada desde la PCM. Erfurt Castillo, el nuevo Minedu, había sido sorprendido por el anuncio de Miralles el viernes. La ministra promovida por el sector privado se enfrentó a un sensible sector de este en una ronda por los dominicales nocturnos. Eso no cuadraba con su perfil de PCM avalada por el empresariado.
Una crisis por otra
He indagado en fuentes de gobierno y dudan que Denisse fuese la principal protagonista de la testarudez sino, repito, el presidente; pero también creen que cierto irreprimible temperamento avasallador suyo la hizo encabezar el coro represivo los pocos días que duró. El lunes, la realidad y las presiones la hicieron ver la luz. Tenía que dar marcha atrás a como fuera. Si lleva fajín es porque tuvo el respaldo de los gremios empresariales. Eduardo Salhuana, ex presidente del Congreso y vocero de la bancada de APP, me contó que el viernes 20 de febrero, dos días luego de que Balcázar tomara el mando, César Acuña fue invitado por la llamada Unión de Gremios -instancia de gremios empresariales que se junta para ciertas iniciativas- para exponer su plan de gobierno, como lo han hecho otros candidatos. Al final de la reunión, directivos de los gremios presentes le sugirieron que pida públicamente la continuidad de Miralles. Ese mismo día apareció un comunicado de APP coincidiendo con comunicados de algunos gremios pidiendo ratificar a la ministra.
La misma presión la recibió Hernando de Soto en las horas en que estuvo enganchado como posible primer ministro de Balcázar. Según mis fuentes, De Soto estuvo dispuesto a mantener a Miralles en el MEF. Si su propuesta para encabezar la PCM se cayó fue porque incluía otros ministerios que Balcázar tenía comprometidos con sus aliados. Ante la presión y el apuro por jurar un gabinete, Balcázar promovió a Miralles a la PCM.
Todos estos antecedentes nos confirman que el enfrentamiento de Miralles con los colegios privados era un sinsentido. Tenía que acabar con un pulseo que no esa encarnado por el desvanecido Balcázar, sino por ella misma. Peor aún, Keiko Fujimori declaró dando a entender que condicionaba el voto de confianza de su bancada a que se resuelva la crisis de los colegios. El martes temprano, Denisse tuvo la solución: dar el brazo a torcer pero sin decirlo. Levantar la suspensión sin un barajo, sonaba muy derrotista para ella y para Balcázar. Pero hacer una conferencia de prensa, con Balcázar a su lado, anunciando que la crisis energética estaba prácticamente resuelta, bla, bla, bla, y por lo tanto ya no había razón para tener las clases suspendidas; sonaba más digerible para el orgullo del Ejecutivo.
Balcázar ya había tenido actividad pública palaciega el lunes 9 (consta en fotos oficiales recibiendo al fiscal de la nación, Tomás Gálvez); pero recién el martes se dio cuenta de que cuando uno tiene 83 años, un cargo importante y una condición de salud incierta (el año pasado estuvo grave); hay que salir a decir, ‘!hey, acá estoy, no me estoy muriendo, estoy bien! Lo hizo en su estilo: “Trato de evitar que digan ‘el doctor Balcázar está enfermo’. Más bien, cada día me vuelvo más inteligente…Hablo con Kant, hablo con Hegel, y eso prueba de que estoy bien de salud”, dijo.
La crisis de las clases escolares ya no será un factor crucial para el voto de confianza. La bancada de APP, según me dijo su portavoz Eduardo Salhuana, tiene el ánimo de aprobarla. Fuerza Popular, aunque se liberó el escollo de las clases, repite la muletilla de “esperamos oír la exposición de la primera ministra, para evaluar”. El partido Podemos, en voz de Guido Bellido, ha puesto de condición que el gobierno retroceda -con un documento explícito- en lo que él llama ‘privatización’ de Petroperú. Dada la complejidad de ese proceso, no será difícil que el gobierno lo relativice. Perú Libre, la bancada que propuso a Balcázar, está en una actitud menos visible de presión, pero en la que se estarían jugando influencias ministeriales. Según mis fuentes, el Ministerio de Inclusión Social, sería uno de sus cotos de caza. Renovación Popular quiere evitar que se repita el papel que tuvo en la elección de Balcázar, a tres semanas de jugarse su pase a la segunda vuelta.
El repentino cambio de ministro de Salud, reveló movidas más oscuras, ajenas a cálculos electorales, para la consecución del voto de confianza. Según mis fuentes del sector Salud, incluyendo a dos ex ministros, el saliente Luis Quiroz, es un profesional de prestigio ajeno al cuoteo político. Si ha renunciado, según estas fuentes, es por no encajar con las capturas de ciertas áreas del sector que pretenden operadores ligados a congresistas de Somos Perú, Perú Libre. De ello, se sobreentiende que el entrante Juan Carlos Velasco sí encajaría. La investidura del gabinete ha entrado en un proceso de subasta congresal.














