La mañana del 17 de mayo de 1851 fue muy excitante para los limeños de entonces. El aire se sentía cargado de una expectativa eléctrica, una simbiosis de asombro, triunfo y esperanza que solo los grandes saltos tecnológicos pueden provocar. Ese día, el primer ferrocarril del Perú, y de toda la Sudamérica hispana, realizaba su viaje inaugural entre la capital, Lima, y el primer puerto del país, el Callao.
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Grave accidente que provocó víctimas entre los obreros que empezaban a limpiar la zona donde construirían la estación limeña del ferrocarril Lima-Callao. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
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A las 7 y 15 de la mañana, después de distribuida la gente para comenzar las obras en el antiguo convento de San Juan de Dios, un muro extenso colapsó sobre unos 25 hombres que estaban ubicados en esa zona, lo que ocasionó la muerte del obrero Felipe Cortés, y dejando contusos a sus compañeros Lucas Torero, Luis Torres, Miguel Guzmán, Francisco Revelo, José Paredes y Felipe Seminario.
Aquel mayo de 1850, mientras se lamentaba la pérdida de los trabajadores, los constructores peruanos Manuel Vicente Oyague y Pedro González de Candamo debieron seguir con su desafío ferroviario.
Así, un mes y días después del triste suceso, todo se allanó para empezar la obra ferroviaria, propiamente dicha. La primera piedra de esta monumental obra fue colocada por el presidente de la República, Ramón Castilla, con total solemnidad. El Comercio informó el 2 de julio de 1850 de tal magno momento. Sin embargo, pronto el entusiasmo inicial se topó con la cruda realidad de la ingeniería de la época.
Los meses siguientes de trabajo se vivieron con una lentitud desesperante. Las noticias de aquel 1850 hablaban de demoras constantes y de materiales que no llegaban a tiempo. Por eso, nuestro diario destacaba el creciente escepticismo de la población, que veía cómo los rieles avanzaban a paso de tortuga, mientras el puerto del Callao se congestionaba con el desembarco de maquinaria pesada.

Imagen de noviembre de 1958 en la estación del ferrocarril Cusco-Santa Ana. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
/ EL COMERCIO
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El 1 de julio de 1850, el presidente Castilla colocó la primera piedra de la estación limeña del ferrocarril Lima-Callao. La información se publicó el 2 de julio en El Comercio. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
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A pesar de los contratiempos, la voluntad de los empresarios nacionales no desmayó. Durante los últimos meses de 1850, se intensificó el arribo de rieles y calderos. En noviembre, el Consejo de Estado seguía de cerca los informes, mientras en el puerto se daban órdenes estrictas para despejar los muelles de los materiales ferroviarios acumulados.
FERROCARRIL PIONERO DEL PERÚ: EL VAPOR CONTRA LA INERCIA DEL TIEMPO
Al llegar mayo de 1851, la obra estaba finalmente lista para que el nuevo gobierno del presidente José Rufino Echenique, quien había asumido el mando del país el 20 de abril de ese año, anunciara su inauguración.
El 16 de mayo, en la víspera del primer recorrido, el movimiento en el puerto chalaco era febril: bergantines y fragatas inglesas y francesas saludaban con sus mástiles la llegada de una nueva era para el transporte de pasajeros y de carga. De esta forma, el sábado 17 de mayo de 1851, hace 175 años exactamente, la locomotora se posó soberbia frente a la estación de San Juan de Dios.
El presidente Rufino Echenique, rodeado de su gabinete, presidió la ceremonia que reducía para siempre las distancias entre la ciudad y el puerto. El trayecto de aproximadamente 13.5 a 15 kilómetros se realizó en un tiempo asombroso para la época: apenas 28 minutos. El rugido del motor y el humo blanco que se perdía en el cielo simbolizaban a un Perú que miraba de frente al siglo XIX.

Toma fotográfica del 13 de febrero de 1962 del Ferrocarril Central. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio)
/ EL COMERCIO
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