El reciente aumento del precio del petróleo se explica por la intensificación del conflicto en Medio Oriente y por mayores riesgos sobre el suministro energético global, indicó Scotiabank en su Reporte Semanal.
La amenaza de interrupciones en rutas clave, en particular en el Estrecho de Ormuz, elevó la prima de riesgo y llevó al petróleo WTI a alcanzar niveles máximos desde 2022, llegando a cotizar por encima de los US$100 por barril, con correcciones temporales tras declaraciones del presidente Donald Trump, quien señaló que el conflicto estaría prácticamente terminado.
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En este contexto, los inversionistas han migrado a activos más seguros, principalmente a los bonos soberanos de Estados Unidos, lo cual ha fortalecido al dólar, que se mantiene alrededor de los 100 puntos, y, en consecuencia, se observan presiones a la baja de las monedas emergentes y una mayor volatilidad en los mercados financieros de América Latina.
Efectos en la inflación
Según el informe, el aumento del precio del petróleo impacta directamente en los combustibles y por ende en el transporte, lo cual posteriormente se traslada a los costos de producción del resto de bienes y servicios. En la región, el efecto resulta relevante dado su peso en los índices de precios. Por ejemplo, los combustibles para vehículos y vivienda representan el 7,4% y el 2,2% en Brasil y Perú, respectivamente.
Más allá del efecto directo, el encarecimiento de la energía también afecta a insumos clave para la producción agrícola. En este contexto, los futuros de fertilizantes nitrogenados, como la urea, han aumentado alrededor de 35% desde el inicio del conflicto, elevando significativamente los costos de producción agrícola.
En Brasil, que importa cerca del 80% de los fertilizantes utilizados en su agricultura, se ha registrado incrementos de aproximadamente 15% en estos productos. Esta situación aumenta los precios tanto de commodities agrícolas como la soya, el maíz y el café, en los que Brasil y Colombia son grandes exportadores, como también a los alimentos que conforman la canasta básica de cada país.
En economías importadoras de energía, como Perú y Chile, estos efectos tienden a ser más visibles, trasladándose con mayor rapidez a los precios de la gasolina y el diésel, generando presiones sobre las tarifas del sector transporte.
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Finalmente, las presiones inflacionarias derivadas de este conflicto han llevado a los bancos centrales a replantear sus decisiones sobre las tasas de interés para el mes de marzo. En Chile y México, el mercado espera que las tasas se mantengan sin cambios, cuando en febrero se anticipaba un recorte de 25 puntos básicos.
Colombia, por su parte, viene enfrentando problemas inflacionarios desde hace varios meses; este nuevo shock agrava el panorama y se espera un incremento de hasta 100 puntos básicos. En Brasil, si bien aún se proyecta un recorte, el mercado se encuentra dividido entre una reducción de 25 o 50 puntos básicos. En el caso de Perú, el banco central mantuvo su tasa de interés en su última reunión el 12 de marzo.
Efectos en la balanza comercial
El impacto externo del aumento del petróleo depende principalmente de la posición energética de cada economía. Los países exportadores de crudo como Colombia y Brasil tienden a beneficiarse de precios más altos del petróleo a través de mayores ingresos por exportaciones y una mejora en sus términos de intercambio.
En contraste, economías dependientes de importaciones de combustibles, como Perú y Chile, enfrentan un aumento en su factura energética que puede deteriorar su balanza comercial. Por ejemplo, el Perú importa cerca de 128.000 barriles de petróleo crudo al día. En el caso de México, el efecto es más mixto debido a que el país exporta crudo, pero importa una parte importante de combustibles refinados.













