Los peruanos vivimos cada proceso electoral como si se tratara de refundar la república y con una mezcla rara de apatía y ansiedad sobre cuál votación, si la del norte, sur, centro u oriente definirá dramática y finalmente los perfiles de los nuevos poderes presidencial y parlamentario.
Hay candidatos presidenciales que hacen de Lima el centro de gravedad de su fortaleza, como Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori; otros, como César Acuña, enfilan transversalmente su carrera hacia el oriente y los cinturones populares de Lima, al tiempo de asegurar el norte y el centro; o aquellos, como Alfonso López Chau, que apuestan enteramente por un sur contestatario pero impredecible, y como Carlos Álvarez, que arriesgan sus frágiles adhesiones en la capital por creer que las tienen más fuertes en provincias.
Entre el tira y afloja electoral y territorial altamente competitivo por la presidencia, el tumulto de candidatos por el Congreso parece confiar más en la incierta capacidad de arrastre de sus cabezas de listas que en la capacidad propia, igual de incierta, de manejar incluso su voto preferencial.
Así las cosas, nadie aparentemente ve el potencial electoral de más de 1’200.000 peruanos en 121 ciudades del mundo, con un derecho a sufragio que no pasó por una batalla política y legal fácil e improvisada. Ahora, mediante la auspiciosa plataforma Tu Voto Cruza Fronteras, el sistema electoral y las autoridades consulares buscan revertir el ausentismo promedio de 700.000 de las elecciones del 2021, que frente al estrecho margen de victoria de 40.000 votos que entonces alcanzó Pedro Castillo, encierra la alerta de una votación ajustada que podría ser definitoria, además de entrañar todo un suspenso a través del conteo impredecible de la ONPE.
En la medalla electoral exterior, esta es la cara del derecho de la comunidad peruana no solo al ejercicio pleno de su voto en cada elección, sino también a tener voz y presencia propias en el Congreso. Está de por medio una conquista de 20 años, bajo las infatigables gestiones del empresario Julio A. Salazar; del magistrado Manuel Sánchez Palacios, expresidente del Jurado Nacional de Elecciones; y del exparlamentario Omar Chehade. La cruz aún la constituyen el marcado desinterés de compatriotas que no hacen uso efectivo y oportuno de ese derecho y la escasa capacidad de desempeño parlamentario de quienes fueron elegidos el 2021 para representarlos.
Con todas las nuevas facilidades tecnológicas y logísticas para votar, excepto la de una cédula de espanto, los ciudadanos peruanos en el mundo podrían hacer menos vergonzoso su ausentismo y elegir mejor a quienes en el Congreso hablen y decidan por ellos con menos vergonzosa inutilidad que los que los han precedido.
Salazar, Sánchez Palacios y Chehade forjaron el poder del voto ciudadano en el exterior. Cumplida y reconocida su misión, todos quisiéramos que en estos tiempos duros e inciertos para los inmigrantes en el mundo, ese voto ciudadano, al otro lado del Pacífico y del Atlántico, no siga siendo un poder ausente y, lo que es peor, perdido.














