martes, abril 14

El petróleo continúa como foco del mercado desde el inicio de la guerra en Medio Oriente. A ocho semanas del inicio del conflicto, el mercado sigue reaccionando con alta volatilidad, reflejando mayor preocupación por los riesgos sobre el suministro y su impacto en las presiones inflacionarias, así lo reveló el Reporte Semanal de Scotiabank.

Si bien hay señales de posibles negociaciones, el mercado parece asumir que cualquier alto al fuego sería frágil mientras el Estrecho de Ormuz siga cerrado”, explicó Scotiabank en su reporte.

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En ese sentido el petróleo de Texas inició la semana con un alza de 6%, superando nuevamente los US$ 100 por barril, después de que el presidente Trump anunciara sus planes de imponer un bloqueo a los buques relacionados a puertos iraníes que transiten por el estrecho de Ormuz, ante la negativa de alcanzar un acuerdo el fin de semana.

El repunte se dio luego de que el precio del crudo cayera más de 10% el miércoles de la semana anterior ante el anuncio de un alto al fuego de dos semanas. Esto demuestra la fragilidad de la tregua o que cualquier alto al fuego podría ser efímero.

Durante el primer trimestre del 2026 el precio del crudo promedió US$72/barril, mientras que en lo que va de abril, registra un promedio cercano a los US$104 por barril. En lo que va del año el precio promedio se ubica en torno a US$76 por barril, reflejando un fuerte quiebre entre el desempeño del primer trimestre y el inicio del segundo.

Como referencia, durante el primer año de la guerra entre Rusia y Ucrania el petróleo se mantuvo alrededor de los US$100/barril durante cinco meses consecutivos, bajando luego gradualmente. Así, con dos trimestres de precios elevados, el promedio anual del WTI fue US$92/barril en el 2022. Por otro lado, si el mercado enfrentara solo un trimestre con precios en torno a los US$100, el promedio anual del 2026 estaría más cerca a los US$75 por barril.

El contexto actual presenta diferencias relevantes. En el 2022 el aumento del precio respondió principalmente al peso de Rusia como productor clave, a las sanciones que le impusieron EE.UU. y Europa y a riesgos logísticos, factores que el mercado logró internalizar gradualmente. No obstante, en el escenario actual, la tensión proviene de la interrupción de la vía de Ormuz por donde transita cerca de un 20% del comercio mundial de petróleo, lo que introduce un shock físico de mayor magnitud y reduce la capacidad de autorregulación del mercado.

Respecto al mercado físico, Scotiabank registró un balance superavitario a inicios de año con un ligero déficit para el 2026. El balance mensual comenzó a mostrar déficit desde marzo, tras el inicio de la guerra el 28 de febrero, como resultado de la interrupción de Ormuz.

Este cambio en el balance no solo refleja un shock puntual de oferta, sino también la limitada capacidad del mercado para absorberlo en el corto plazo. Según el Departamento de Energía de EE.UU. (EIA, por sus siglas en inglés), el déficit físico se registró principalmente en el segundo trimestre del 2026 y responde a una menor oferta asociada a los países de Medio Oriente. Si bien la producción fuera de la OPEP continuó creciendo, liderada por EE.UU., este aumento no fue suficiente para compensar las interrupciones en Medio Oriente.

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En el caso de Estados Unidos, la producción de petróleo es mayor en el reporte de abril, superando las perspectivas registradas a inicios de febrero y ubicándose, en promedio, alrededor de 1% por encima de lo que se anticipaba. Por otro lado, la OPEP es el bloque más afectado, con una caída significativa durante el segundo trimestre del 2026 cercana a 20% respecto a lo proyectado inicialmente, lo que se traduce en una caída de alrededor 8% en el promedio anual. Según el reporte de abril, la oferta de la OPEP comenzaría a recuperarse recién a partir del cuarto trimestre del 2026.

Scotiabank advirtió que el conflicto está llevando al mercado hacia una fase de mayor estrechez física, reforzando las presiones alcistas sobre el petróleo incluso en un contexto en el que la demanda enfrenta riesgos de desaceleración si la guerra termina afectando el crecimiento global.

Mientras no haya un acuerdo, los precios elevados del crudo dependerán de la duración del conflicto en Medio Oriente. Adicionalmente, un nuevo aumento de las tensiones, sobre todo si EEUU reanuda los ataques contra Irán, podría amplificar los riesgos sobre la infraestructura energética de la región y podría tener un impacto más allá de la duración de la guerra”, explicó el reporte.

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